La hermana del hombre ejecutado en Camet ratificó sus dichos y acusó a la familia juzgada
Lo hizo ante el jurado popular encargado de examinar cómo se produjo el crimen de Walter Daniel Bravo, ocurrido hace dos años, y el rol de los cuatro imputados: padre, madre e hijos, pertenecientes al Clan Rivera. Este miércoles serán los alegatos.
La hermana del hombre ejecutado hace dos años en las inmediaciones del Parque Camet ratificó la declaración que había hecho durante la instrucción penal y acusó directamente a la familia Rivera por el crimen.
La mujer dio su versión del hecho este lunes, durante la primera de las audiencias del debate oral, que continuó este martes con la presentación de diez testigos más, y que finalizará este miércoles con los alegatos de las partes. En este marco, conmocionada y en medio de un ataque de llanto, explicó que a Walter Daniel Bravo (39) lo mataron los integrantes de la familia Rivera de un tiro en la cabeza.
Vale recordar que por lo sucedido el 26 de abril de 2024 en Los Manzanos, entre Bormida y Loma Verde, están acusados un hombre, una mujer, y los dos hijos de ambos. Se trata de Pedro Ismael Rivera, Mónica Graciela Bazán, Héctor Ismael Rivera -conocido como “El Paisa”- y Pedro Damián Rivera, quienes están acusados de cometer el delito de homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas, el uso de arma de fuego y alevosía, cuya pena en expectativa es prisión perpetua.
Según pudo saber LA CAPITAL, este martes fue el turno de declarar de dos policías, una perito y siete testigos, cuyos testimonios serán claves para la finalización de la etapa de producción y exhibición de pruebas ante el jurado, el fiscal Carlos Russo y el juez Gustavo Fissore. A partir de ello, las partes podrán presentar este miércoles sus alegatos de cierre, antes de conocer el veredicto.
El caso ventilado se registró el 26 de abril de 2024, alrededor de las 16, en inmediaciones de Los Manzanos, entre Bormida y Loma Verde. Allí, en una esquina de casas bajas y conflictos por venta de droga al menudeo, fue interceptado Bravo.
El relato más crudo de lo sucedido surgió durante la pesquisa de la voz de la hermana de la víctima, quien entonces contó que su hermano había ido a buscarla para que no caminara sola por el barrio con su bebé. Que el clima ya venía enrarecido por viejas disputas. Y que, de pronto, apareció “El Paisa” Rivera detrás de ellos, los increpó y sacó un cuchillo de una riñonera.
“No quiero pelear con ustedes”, alcanzó a decir Bravo, según ese testimonio. Fue en vano. La mujer describió cómo, en cuestión de segundos, una camioneta roja llegó al lugar y de ella bajaron otros integrantes del clan Rivera. Dijo que intentó interponerse, que incluso empujó a su hermano para evitar una puñalada. Pero no alcanzó.
Según su declaración, Mónica Bazán lo hirió con un objeto punzante “finito y alargado, como un alambre”. Después vinieron los disparos. Primero, las detonaciones que obligaron a Bravo a intentar huir. Luego, la caída. Y finalmente, el círculo que se cerró sobre él. Lo rodearon, lo redujeron boca abajo, lo inmovilizaron. “Tenían las rodillas en la espalda”, recordó. Y entonces le efectuaron el disparo final.
Siempre de acuerdo a esa reconstrucción, fue Pedro Damián Rivera quien le apuntó a la cabeza y gatilló a corta distancia. La secuencia se completó con una imagen que quedó flotando en el expediente: una mujer pidiendo “perdón, perdón” mientras los agresores se subían a la camioneta y se alejaban.
Cuando la policía llegó, minutos después de un llamado al 911, encontró el cuerpo de Bravo en el suelo, con una herida fatal en la cabeza. La autopsia confirmaría luego una muerte violenta compatible con disparo de arma de fuego.
La investigación avanzó con testimonios, pericias, registros fílmicos y allanamientos en los que se secuestraron municiones. También con relatos que, para la fiscalía, no lograron sostenerse: los de los propios imputados.
Todos coincidieron en una versión: dijeron que fue un accidente. Que la víctima estaba armada. Que el disparo se produjo en medio de una situación confusa. Sin embargo, esas explicaciones chocaron -según el fiscal- con contradicciones internas y con la evidencia reunida.
Detenidos
Después del crimen, la familia Rivera no fue encontrada de inmediato. Durante algunos días permanecieron prófugos, mientras la policía avanzaba con allanamientos en distintos domicilios vinculados a ellos (uno, inclusive, había sido marcado como posible “point”), en busca de pruebas y de los sospechosos.
Finalmente, cuatro días más tarde, todos se presentaron juntos en la sede de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) local, acompañados por su abogada. Allí quedaron a disposición de la fiscalía, que les tomó declaración en Tribunales.
En esa instancia, los imputados apuntaron al padre como autor del disparo y sostuvieron que se trató de un hecho accidental ocurrido en medio de un forcejeo.
Tras esas diligencias, se dispuso que permanecieran detenidos mientras avanzaba la investigación, que ya desde sus primeras horas había incluido múltiples allanamientos en viviendas vinculadas a la familia.
