¿La IA puede matarnos?: la visión de especialistas marplatenses sobre la tecnología que cambió al mundo
Frente al crecimiento de la inteligencia artificial, ingenieros, docentes y antropólogos reflexionaron sobre los alcances de una máquina que se expande sin control.
Durante las últimas semanas, las declaraciones de un exinvestigador de Anthropic y OpenAI, Jacob Coxon, causaron pánico tras asegurar que la inteligencia artificial “podría matarnos a todos para finales de la década”. A aquella afirmación le siguieron las respuestas de empresarios líderes del sector como Sam Altman, fundador de OpenAI; Dario Amodei (Anthropic) y Demis Hassabis, (Google DeepMind), que variaron desde el cuestionamiento hasta la rectificación de la advertencia.
“¿Podrán las computadoras solas pensar y responder?”, cuestionó la edición especial de LA CAPITAL por la llegada del 2000. Veintiséis años después, aquella realidad se ha insertado en cada espacio social, educativo y empresarial.
La irrupción de la inteligencia artificial generativa tal como la conocemos comenzó en 2018, cuando OpenAI creó el primer GPT-1. Desde 2022, su desarrollo ha sido muy abrupto. “Venimos experimentando en el último tiempo una aceleración que no tiene parangón en la historia anterior”, opinó Federico Álvarez Larrondo, coordinador del Comité de Expertos sobre IA de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP).

Jacob Coxon expresó sus temores sobre el avance de la IA.
El mundo tal como lo conocemos dejó de existir
Para Lisandro Escalada, docente e integrante del comité, todos los cambios tienen un componente disruptivo que no necesariamente genera oposición, pero sí un “encontronazo” con la realidad de las personas. “Al principio, siempre hay un grupo de gente muy entusiasta que quiere que aparezcan estas cosas porque sienten que es un avance tecnológico que va a servir a la humanidad, que va a ser algo positivo para todos”, explicó. Además, aseguró que su mirada es positivista: “Bien implementada, creo que la IA es algo útil y que va a ayudar a que la sociedad tenga alguna evolución”.
Con toda tecnología puesta en el escenario de revolución y cambio tecnológico, —como ocurrió con la máquina de vapor, la electricidad y la aparición de las primeras computadoras—, se produjeron reordenamientos en los ámbitos laborales, así como en lo social, educativo y cultural. Al respecto, el antropólogo Daniel Daza Prado estableció que el advenimiento de la inteligencia artificial “es comparable con esa primera, segunda y tercera Revolución Industrial, o revolución científico-técnica”.

Daniel Daza Prado.
Un fenómeno similar pudo observarse con la aparición de la televisión o las computadoras, cuando la sociedad cambió en torno a aquellos desarrollos. “Al principio nadie quería una computadora, porque decían: ‘este aparato inútil, para qué lo quiero’. Hasta que finalmente la sociedad entendió que era algo que nos servía para ordenarnos, para hacer cosas que antes no se podían, para acomodar la información. Al principio cuesta y después se hace más fácil acceder”, indicó Escalada.
En sus inicios, la IA redactaba texto a partir de la predicción de una palabra que seguía a las anteriores dentro de un contexto determinado: no era más que una anticipación, sin realmente entender “de qué estaba hablando”. Eso cambió cuando OpenAI decidió enseñarle a razonar de la manera en que lo hacemos los humanos. “Es lo que uno observa cuando, antes de contestar, la IA entiende lo que le dijimos, proyecta cuáles podrían ser las vías de desarrollo y recién entonces, cuando establece, entiende y planifica, comienza a elaborar la respuesta”, explicó.

Comité de Expertos en Inteligencia Artificial de la UNMdP.
Con un sistema que aprende a predecir una palabra detrás de la otra en base a los datos que uno provee, “no se percibe ninguna inteligencia y, sin embargo, la percepción es que la hay, porque asociamos el lenguaje a los únicos seres que podemos utilizarlo: los humanos. No hay una inteligencia, hay un algoritmo, pero la forma de producción del lenguaje se parece a como lo hacemos nosotros. Por eso el impacto es tan enorme”, especificó Gustavo Meschino, ingeniero electrónico y director del Laboratorio de Bioingeniería de la UNMdP.
En particular, los modelos de texto son los que han roto todo límite, porque el sistema comprende el texto y, peor aún, es capaz de generarlo. Esto rompe la brecha entre el lenguaje computacional y el lenguaje humano, porque ahora podemos hablar a la computadora en nuestro lenguaje, y esta nos responde. “Es por ello que interpela a todos de una manera tan profunda”, aseveró.
En ese sentido, Meschino hizo una diferenciación: “Fijate que en ningún momento dije ‘herramientas de inteligencia artificial’. No son herramientas, porque la herramienta es algo bobo, es algo que si no lo utilizo no hace nada, lo dejo y ya no provoca ninguna novedad, ningún conocimiento. Los chatbots y demás elementos nos interpelan, nos hacen pensar de manera diferente, nos dan información nueva, estructurada en el mismo lenguaje que hablamos nosotros. Son más que una herramienta”.

A la izquierda, Gustavo Meschino junto a integrantes del Laboratorio de Bioingeniería de la UNMdP.
Otro factor determinante en la aparición de las IA es el tiempo de adopción. Todas las tecnologías anteriores encontraron en la sociedad una adaptación progresiva. Aquello no ocurrió con la aparición de ChatGPT, en la que la aceptación fue muy grande y muy rápida. Los cambios son tan veloces que no podemos medir su evolución en años o meses, sino en semanas o días.
Más allá de los miedos, “la inteligencia artificial es algo que ya está acá, nos atraviesa a todos y es algo con lo que hay que convivir”, sostuvo Lisandro Escalada. Por eso, agregó, “el que no se sube a la ola y no aprovecha las ventajas que brinda, está quedando atrás tecnológicamente y en muchos aspectos de la vida”.

“A nivel social, educativo y en todas las dimensiones que uno quiera analizar, quien use la IA para ayudarse va a tener ventaja, mayor productividad y mayor capacidad de hacer, resolver y pensar que quien no la usa”, aseguró.
Bajo esa premisa, enfatizó que la IA es “algo positivo, que nos viene a dar una mano y proveer un montón de recursos”. Hace años, cuando el desarrollo era incipiente, se pensaba como una herramienta para facilitar nuestras vidas. “Y eso realmente está pasando. Lo que ocurre es que también, de la mano, se consideran todos los futuros distópicos que uno puede observar en ciencia ficción, y es lo que uno trata de evitar”.
Entre 2025 y 2026 se sumó una idea desarrollada por DeepMind dentro de Google y por DeepSeek en China: “Si la IA ya aprendió a razonar como humanos, ¿por qué tendríamos que obligarla a que razone como nosotros, y por qué que no la liberamos para que razone como ella quiera y evaluarla luego?”, alegó Álvarez Larrondo. Esto es lo que se conoce como aprendizaje por refuerzo.
A partir de ese momento, la inteligencia artificial se divorció de los marcos de control preexistentes. Sobre todo cuando, a finales del 2024, inició la proliferación del desarrollo de agentes de IA.
A partir de abril y mayo de 2026, Open AI y Anthropic empezaron a probar con modelos mucho más potentes, que comenzaron a tomar decisiones, agruparse y trabajar en conjunto entre varios agentes para cumplir con objetivos. Esto desembocó en el caso Hugging Face, en donde los agentes salieron de un entorno controlado y decidieron hackear la plataforma a escondidas de sus desarrolladores.
“Faltan certezas sobre qué es lo que hace la IA y por qué. Incluso para las empresas es difícil controlarlo, porque si pueden encontrar vulnerabilidades en cualquier entorno de trabajo y escaparse, entonces habría que entrenarlas o diseñarlas en un entorno totalmente desconectado”, argumentó Escalada.

Bilal Chughtai, exinvestigador de Google DeepMind, declaró: “Yo también estoy extremadamente preocupado por la trayectoria predeterminada de esta tecnología”.
¿Podría la IA exterminar a los humanos?
Federico Álvarez Larrondo afirmó que todas las empresas están luchando por alcanzar lo que se conoce como la superinteligencia o la inteligencia más potente. “Mi visión en este momento no es en absoluto optimista. A los primeros agentes de IA que buscan cumplir objetivos de manera colectiva y sin importar la forma en que lo logren, se le suma el hecho de que la IA ya no solo a hace código, sino que comenzó a escribir mejoras de sí misma”, alertó. Y agregó: “En el momento en que pueda reescribir su código y mejorarlo de manera permanente, las 24 horas del día, estaremos de camino a algo que no sabemos qué puede ser y en qué puede desembocar”.
Es por eso que, advierte, está dentro de las posibilidades que, ya sea por error, la IA tome alguna decisión que pueda poner en riesgo la existencia de la humanidad. Desde acceder a los botones de las bombas atómicas y explotarlos hasta generar armas biológicas, en algún momento podría ocurrir que los agentes entiendan que para poder desempeñar su rol de manera más eficiente, los humanos pasen a convertirse en un obstáculo.

Federico Álvarez Larrondo.
En la misma línea, los especialistas sostienen que aquello no es ciencia ficción, sino que es coherente con el nivel de desarrollo actual. “Se generan situaciones que rozan lo que visualizábamos hace años en películas y libros”, sintetizó Escalada. Bajo este contexto, se vuelve absolutamente necesario suspender por un tiempo determinado el desarrollo de la IA, hasta poder analizar cuáles son sus impactos y riesgos.
Esto fue planteado en varias oportunidades por los más destacados representantes de la industria y de la ciencia, pero hasta ahora, expresó Álvarez Larrondo, tal idea resulta imposible. “Esto es porque las empresas están corriendo y ninguna puede detenerse siquiera un día; si lo hicieran, el de al lado le sacaría una luz de ventaja”.
“También hay una suerte de cinismo por parte de Elon Musk, Sam Altman y Darío Amodei desde el comienzo, ya que desarrollan herramientas cada vez más potentes, se jactan de lo que generan y luego nos dicen que pueden traer un riesgo existencial”, sumó. Y observó: “Hay algo que no se menciona y es que ni los propios entrenadores pueden explicar cómo funciona internamente la IA. Armaron la estructura, pero las decisiones y la forma en que reflexiona está hoy a un nivel en muchos casos inaccesible para el conocimiento humano”.

Elon Musk, fundador de xAI, la empresa creadora de Grok.
De este modo, resulta esencial detener la evolución hasta tanto se puedan establecer protocolos de seguridad que sean respetados por todas las empresas, tanto occidentales como orientales. Al respecto, Álvarez Larrondo estableció que “no tiene ningún sentido un avance si no hay un acuerdo global, si cada uno de los estados no limita dentro de sus fronteras el desarrollo de este tipo de herramientas en base a protocolos comunes”.
Daza Prado tampoco fue optimista en ese sentido: “Ya se dijo antes y no se hizo. Más que ralentizarlo, lo que hay que generar son estrategias de distintos niveles a nivel gubernamental y empresario, como para ver de qué manera se regula, se forma y se capacita a las personas para el uso responsable y crítico de la inteligencia artificial”.
“La sociedad se va adaptando, pero no de manera ordenada. Va incorporando estas tecnologías y lo hace de manera no prudente. Por ejemplo, estamos acostumbrados a utilizar los chatbots para subir información, resumirla, hacerle preguntas y no consideramos que está siendo expuesta públicamente a estas empresas y desconocemos cómo va a ser utilizada”, previno Meschino.
Se vuelve fundamental, entonces, que los estados tengan un rol esencial y que las empresas asuman que a este paso no se puede seguir. “Estamos ante algo que no sabemos qué efectos puede tener y qué puede desencadenar”, alertó Álvarez Larrondo.
En el caso de la provincia de Buenos Aires, el abogado y docente de la cátedra “Inteligencia Artificial, Tecnología y Derecho” adelantó que la Suprema Corte “ha elaborado un proyecto que próximamente saldría a la luz, donde establece cuáles son los usos aceptados y prohibidos”. Aquella se conforma como “una de las pocas normas que tenemos, más allá de otras que se habían dictado durante la pandemia y que luego se derogaron durante este gobierno, como el derecho a ser atendido por un ser humano y no por una IA o un chatbot”.

Sam Altman, cofundador de OpenAI.
Frenar el avance de la IA
“Es muy difícil parar una tecnología que está haciendo que determinadas empresas se llenen de ganancias. Puede haber científicos que digan: ‘Vamos a ir más lento’, pero acá hay un interés fundamentalmente comercial, económico, de lucro, además del avance científico”, remarcó Meschino.
Sin embargo, aseguró, lo que sí se puede hacer es establecer más criterios éticos y morales a los que se forman para crear los nuevos sistemas de inteligencia artificial y moderar el uso indiscriminado de lo que se descubre.
Si bien Daza Prado consideró a la generalización sobre el fin de nuestra especie “un poco exagerada”, sí concibió que estas tecnologías ya están siendo utilizadas para el desarrollo de armas de guerra. En esa línea, alegó una injerencia y un uso algorítmico previo a la IA, que avanza desde los años 40 de la mano del desarrollo de las computadoras y de la conectividad. “Hay un financiamiento que obliga a las empresas a prestar soluciones a la ingeniería de guerra, creo que sí será utilizada para matar a mucha gente en escenarios bélicos”.
Toda tecnología tiene un componente de peligrosidad. “Así como la tecnología nuclear tuvo al accidente de Chernobyl, aún no sabemos cuál va a ser el Chernóbil de la inteligencia artificial”, opinó el antropólogo.

Imagen: Army University Press.
¿Qué tan libre tenemos que dejar ese aprendizaje? Lo que viene a reemplazar la inteligencia artificial, planteó Lisandro Escalada, es justamente nuestra capacidad de pensar, de ser inteligentes. “Y si gran parte del trabajo va a ser hecho por IA, ¿qué va a pasar con todas las personas, sobre todo con aquellas que no se sumaron?”.
“Aún no sabemos cuál va a ser el Chernóbil de la inteligencia artificial”.
“Si esto va a reemplazarnos en todas nuestras labores, en la virtud que tenemos como pensadores al resolver problemas, en la virtud que tenemos al imaginar cosas, uno comienza a pensar: ¿Qué es lo que nos hace humanos y qué es lo que hace que las máquinas no lo sean?”, cuestionó.
La IA en la Educación
Dentro de las aulas, Gustavo Meschino afirmó que no se ha logrado una mejor comprensión y mucho menos un mejor control: “Formar a la gente en las últimas tecnologías exige una constante actualización que a veces nos desborda. Es muy difícil controlar lo que cada uno utiliza a su propio ritmo, con su propio conocimiento y experiencia”. Así, el principal desafío está en lograr que los docentes ganen la carrera de entender y aprender estas tecnologías antes que los estudiantes, “cosa que es muy difícil y que efectivamente no está ocurriendo”, sostuvo.
El rol del docente va más allá de transmitir conocimiento. Hay algo en el vínculo humano que alguien busca cuando llega a una clase, cuando escucha a un profesor, cuando hace una actividad con sus compañeros, que no se puede reemplazar con el hecho de chatear con un sistema de IA.
“Uno puede tener automatizada la adquisición de información, pero hay una gran parte de lo que uno aprende cuando va a la universidad que lo hace al ejercitar la cabeza para incorporar conocimiento, y eso es algo que no puede ser reemplazado por la inteligencia artificial hoy en día”, mencionó Escalada.

Sin embargo, remarcó que a este uso popularizado de IA no hay que verlo como algo necesariamente negativo, sino como una oportunidad en la cual nosotros como especie, como ciudadanos, como estudiantes y docentes, podamos potenciarnos.
“El desafío persiste, no estamos todavía ante una solución, pero sí ante guías que indiquen hacia dónde tenemos que apuntar los formadores y estudiantes, y los riesgos de sobreutilizar este tipo de tecnologías”.
El objetivo de los formadores está en hacer comprender que el uso indiscriminado de estas tecnologías, es decir, la delegación cognitiva, actúa en perjuicio para quien busca aprender, y posteriormente conlleva una degradación cognitiva. “Nueva York, por ejemplo, acaba de sacar una regulación en la que prohíbe el uso de inteligencia artificial hasta el primer año de las escuelas. Lo que no quieren es que los chicos empiecen a tener contacto con la IA con menos de 13 años, buscando preservar ese proceso de desarrollo”, estableció Álvarez Larrondo.
De cara al futuro
Claro está que la inmersión de la IA repercute en distintas dimensiones, pero cómo nos va a afectar depende de nosotros, “y está en cada uno ver cómo se va a aggiornar o adaptar a esta nueva realidad que nos toca vivir”, intervino Escalada.
Gran parte de la sociedad no está al tanto de la magnitud de los avances, pero dentro del sector tecnológico o empresarial el cambio está ocurriendo a una velocidad atroz. “La mayoría de la gente no está preparada para que ocurra —afirmó—. Quizás la mayoría ni se entere hasta que esto explote. Es por eso que de alguna forma hay que aprender a usarla; lamentablemente no dio tiempo a reaccionar de manera más orgánica. Muchos de los cambios que hay que ejecutarlos ya, para que cuando venga todo el furor todavía mayor, estemos listos”.
Lo que estamos viviendo hace 50 años era utópico y se pensaba que no iba a ocurrir nunca. “Sin embargo, pasó. Estamos acá y es lo que tenemos”, decretó Escalada.
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