La increíble historia de la jubilada cleptómana: impulsos, carteras y una escena que se repite
Tiene 75 años, vive en Balcarce y acumula más de sesenta causas. Dicen que no roba por necesidad. En las últimas horas, un hecho más quedó registrado en un video.
E. M. acaba de descartarse de la cartera y la deja en el piso.
La escena parece repetida demasiadas veces. Una mesa. Una cartera apoyada. Una mujer que espera. Mira. Se queda unos minutos. Hace tiempo. Y después, casi como quien cumple un reflejo aprendido más que una decisión, estira la mano.
Las imágenes de una cámara de teléfono celular volvieron a mostrar una secuencia conocida para investigadores y tribunales: una mujer que habría tomado una cartera ajena, revisado su contenido y, segundos después, dejado el bolso cerca de donde estaba su dueña antes de intentar retirarse del lugar.
Pero detrás de esa escena -una más entre decenas- aparece una historia que desde hace años desconcierta a la Justicia.
Tiene 75 años, vive en Balcarce, tiene familia, se viste con prolijidad y mantiene un trato cordial. Quienes la conocen por fuera de los expedientes difícilmente imaginen que desde hace más de dos décadas protagoniza una historia tan particular como desconcertante.
E.M. -sus verdaderas iniciales- acumula decenas de causas judiciales y un rasgo que, según peritajes incorporados a distintos procesos, atraviesa buena parte de su vida adulta: no puede dejar de robar.
La última escena volvió a quedar registrada por cámaras, en este caso de un teléfono celular. En las imágenes se observa a una mujer que permanece algunos minutos junto a una mesa donde otra persona se encuentra sentada y había dejado su cartera en la silla, como se hace habitualmente. La señora mayor espera, observa y, en un momento, toma el bolso. Luego, en otra mesa cercana revisa su contenido y, segundos más tarde, deja nuevamente la cartera cerca de donde estaba su dueña antes de intentar retirarse.
La increíble historia de la jubilada cleptómana: impulsos, carteras y una escena que se repite 🔴
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— Diario La Capital Mar del Plata (@lacapitalmdq) June 19, 2026
No es una modalidad nueva. Tampoco una excepción. Se trata de E.M. cuya historia delictiva comenzó mucho antes de que existieran las cámaras digitales o los videos virales. Según reconstruyen expedientes judiciales, fue a mediados de los años noventa cuando aparecieron los primeros episodios. No había un contexto de necesidad económica ni un beneficio evidente detrás de los hechos. Simplemente aparecía el impulso.
Antes del año 2001 ya había recibido algunas condenas por hurto o tentativa de hurto. Desde entonces, los registros judiciales crecieron hasta superar las sesenta causas o intervenciones donde figura como imputada. Salvo excepciones aisladas por otros delitos menores, la enorme mayoría de esos expedientes tiene un mismo elemento en común: carteras ajenas.
Su abogado, Lucas Tornini, la representa desde hace más de veinte años y sostiene una explicación que -afirmó años atrás en diálogo con La CAPITAL- fue respaldada por distintos peritajes realizados en departamentos judiciales diferentes. Según esos informes, E.M. padece un trastorno de control de impulsos en modalidad cleptomanía.
La descripción clínica intenta explicar una conducta que para víctimas e investigadores muchas veces resulta incomprensible: una tensión previa que se vuelve creciente, una necesidad difícil de contener y un alivio inmediato una vez consumado el hecho.
De acuerdo con esa interpretación, E.M. comprende que lo que hace está mal, reconoce la criminalidad de sus actos, pero pierde capacidad para dirigir su conducta cuando aparece el impulso. En uno de los fallos que marcaron su recorrido judicial, incluso fue declarada inimputable y sobreseída durante el tratamiento de una prisión preventiva.
Costurera durante gran parte de su vida y dedicada durante años a confeccionar vestidos de novia, hoy ya jubilada y con ingresos propios, nunca encajó en el perfil tradicional del ladrón.
Por eso, dentro de algunos ámbitos judiciales sus episodios fueron descriptos como hechos extraños, sin planificación ni mecanismos para evitar ser descubierta, conductas que muchas veces terminan exponiéndola más a ella que a quienes resultan víctimas, como se observa en la imágenes captadas recientemente.
Con el paso del tiempo, los expedientes se acumularon. También las preguntas. Porque si la Justicia encontró una explicación, todavía parece no haber encontrado una solución.
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