Un tesoro narrativo de un autor de bajo perfil que eligió a esta ciudad como territorio de ficciones teñidas de un color fantástico, donde todo puede suceder. Una especie de Macondo, con mar al fondo.
Por Oscar Muñoz
En principio, conviene consignar que La familia Fortuna, que ganó el Premio Casa de América de Narrativa Innovadora 2001, no es una novela, sino siete. O en todo caso, siete narraciones que conforman un cuerpo novelístico heterogéneo, hilvanado por un común leit motiv. Todo el conjunto remite a una bomba que estalla en una boda y dispersa destinos e historias.
Presentado en un formato de otros tantos volúmenes, cada uno con título propio, contenidos en una caja de cartulina ad hoc, “La familia Fortuna” es un caso singular, un tesoro narrativo que pasó desapercibido incluso al calor de su premiación en España y se ha mantenido como un secreto para pocos iniciados, todavía hasta el día de hoy.
Su autor es Tulio Stella, un escritor y dramaturgo nacido en Buenos Aires, donde transcurrió la mayor parte de su vida, excepto durante los veranos de infancia, cuando el grupo familiar se trasladaba a Mar del Plata, para regentear un hotel en la zona de La Perla.
De ahí, que Stella eligió esta ciudad que hospedó sus primeros descubrimientos del mundo adulto, como territorio de ficciones con diferentes registros, teñido de un color fantástico, donde todo puede suceder. Una especie de Macondo, con mar al fondo.
El azar del orden aleatorio elegido por el lector de turno confluye en un universo circular. No importa qué volumen se lea primero o cual se reserve para el final, La familia Fortuna es un gran fresco literario, con referencias particulares a la década del 70.
Aunque algunas narraciones visitan otras geografías (Berlín, Sicilia), la presencia omnipresente de esa Mar del Plata donde todo confluye, se deforma incluso en un escenario de pesadilla de ciencia ficción, en “El país del fugu”, la más extensa de la saga, junto con “El mono de Borneo”. Ambas exceden las 170 páginas, cuando el resto ronda las 80 de promedio.
En otras historias, un marinero ruso y un escritor gay acosado por el Sida desarrollan una forma posible de amistad; la viuda de la única víctima mortal del atentado huye a refugiarse de la locura circundante, al pueblo de su marido; un joven busca a su hermano gemelo por internet (¡en 2001!), que se escapó con la mujer amada por ambos, hijos de desaparecidos; la imposible defensa que elabora un paciente postrado ante la amenaza de un asesino.
Cada narración se desarrolla de manera independiente y autoconclusiva.
El jurado compuesto por Enrique Vila-Mata, Juan Villoro, Ana López Alfonso, Héctor Abad Faciolince y Eduardo Becerra, ponderó en su momento “la eficaz respuesta al mundo de la globalización, la migración y el exilio. Un atentado terrorista sirve de punto de confluencia a los relatos y les otorga un significativo trasfondo político: unos son desaparecidos, otros, víctimas, la mayoría, sobrevivientes. Con aliento épico, Stella recupera la lectura como una forma de la multiplicidad y del azar”.
Sotto voce, Villoro le confesaba a Stella que esperaba que aquella colección de carpetas enviados a concurso, resultase un bodrio, para sacárselo rápidamente de encima… Pero la propuesta lúdica del intercambio de textos entre los jurados, obró la fascinación, que resultó decisiva para la elección del texto, contra la voluntad de la editorial, que prefería una obra innovadora pero no tanto (y seguramente menos onerosa a la hora de su publicación).
La novela, que pasó completamente desapercibida en el momento de su aparición, tuvo una segunda oportunidad exactamente una década después, cuando la editorial española, Lengua de Trapo, desembarcó en la Feria del Libro 2011, coincidentemente con otro premio para Stella, quien ganó el Concurso de Carnaval de Metrovías (la entonces compañía de subterráneos de Buenos Aires) por su cuento “Medio Zorro”, pero tampoco pasó demasiado.
La Mar del Plata lectora le debe una, a este autor de bajo perfil, que celebró a la ciudad con una novela río, o deberíamos decir mejor, oceánica.
El autor
Tulio Stella (Buenos Aires, 1944) realizó estudios en Letras en la Universidad de Buenos Aires y se graduó como director integral de televisión en la Universidad del Salvador. Colaboró en el diario La Opinión como crítico literario. Fue cofundador y director artístico del Teatro del Sur. Ha presentado obras como Europa y el toro, El marinero, la traducción y adaptación de Hamlet titulada Un Hamlet de suburbio (en colaboración con Alberto Félix Alberto) y Lulú: una tragedia monstruo de Frank Wedekind. En octubre de 1993 obtuvo el Premio La Nación por su ensayo Seremos como gatos. Su obra cumbre es La familia Fortuna.