12 de septiembre de 2018
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La posesión vive y colea

por Vito Amalfitano

Vivimos tiempos de despropósitos. Estamos en la época de la desmesura del despropósito. También en el fútbol. Así, por ejemplo, se escucha y se lee muy seguido del absurdo más grande jamás escuchado sobre este deporte. Del fútbol “sin pelota”. Así como alguna vez auguraron el fin de la historia, y vaya si la historia los desmintió rápido, ahora llegaron los que, muy sueltos de cuerpo, anticiparon un supuesto fin del fútbol de posesión. Una supina estupidez. Empezando por una verdad de Perogrullo: sin pelota no hay fútbol.

Pero, además, se basaron en las características del Francia campeón del mundo. Como si en el equipo de Deschamps no fuera esencial, antes que nada, que Mbappé baje el balón y “lo mate” como nadie, que Kanté devuelva redondo todo lo que recupera, que Griezmann le pegue “como los dioses”, que Pogbá meta pases milimétricos a cualquier distancia. Prueben hacer eso sin la pelota.

El fútbol no se mide por porcentajes circunstanciales sino por circunstancias del juego, por ocupación y generación de espacios, por el talento colectivo de los equipos y el individual de sus jugadores. Y en todos esos ítems, en el Mundial, a Francia “los números” le cerraron mejor que a nadie.

Pero tan inconsistentes eran esas aseveraciones al voleo que no duraron ni un par de meses. Ahora en Europa se juega una Liga de las Naciones, por los puntos, y los equipos ponen a los mejores protagonistas en fecha FIFA. Y resulta que España, que pasó en el Mundial por circunstancias extraordinarias,-con irresponsabilidades propias que le restaron seriedad, con un cambio de entrenador a dos días del inicio de la competencia y así todo con una eliminación por penales ante el local-, dio dos conciertos de “fútbol de posesión”. El primero para ganarle a la Inglaterra que fue cuarta en el Mundial justamente con buen trato de pelota, en Londres. El segundo para una goleada impresionante, 6 a 0 en Elche, contra el subcampeón del mundo, Croacia, que presentó a todas sus figuras, entre ellas Modric y Rakitic. Esto ni le quitará los méritos al equipo balcánico por lo hecho en Rusia ni le devolverá a España lo perdido allí. Pero da por tierra con aquella afirmaciones antojadizas y apocalípticas. España hizo casi 700 pases para hacerle 6 goles a Croacia.

Marco Asensio festeja uno de los goles con los que España apabulló a Croacia.

Marco Asensio festeja uno de los goles con los que España apabulló a Croacia.

Por la noche, en esa línea, en New Jersey, Argentina y Colombia jugaron un gran partido “de posesión”. Por ahí a los que no les gusta el fútbol, o lo entienden de otra manera, o no lo entienden, o lo ven como un atraco, los aburrió. Pero esto es para los degustadores del juego. Y la Selección, con un intento de vuelta a las fuentes, brindó una media hora inicial de gran nivel, con mucho control y paciencia. Toque y toque. Y Colombia, la Colombia de siempre, con un estilo más allá de los nombres de los entrenadores, nunca maltrató el balón, mejoró en el segundo tiempo y se encontró con Armani. A los dos les faltó profundidad, claro. Sino los goles hubieran coronado la noche.

Por lo que respecta a Argentina quedaron, además, algunas muy buenas señales de esta “mini gira” fecha FIFA. Antes que nada, la frescura de un equipo joven para jugarle de igual a igual e incluso para superar en pasajes del trámite a una Colombia con prácticamente todo su potencial y que es una de las selecciones más consolidadas del mundo.

Otros signos positivos: La ductilidad de Leandro Paredes; el partido ante Guatemala y los primeros minutos frente a Colombia de Giovani Lo Celso como un posible armador; el golazo de Giovanni Simeone en la goleada en Los Angeles; los encuentros Pity Martínez- Exequiel Palacios en New Jersey; la tranquilidad que transmitió Armani frente a Colombia.

A veces los hechos desmienten rápidamente a las palabras. También en el fútbol. El DT interino Lionel Scaloni abusó de la palabra “vertical” en las declaraciones previas a la gira y al final de cuentas al equipo le sobró horizontalidad y juego asociado y le faltó profundidad, al menos en el choque más comprometido, ante Colombia. Pero también Scaloni, cuando le preguntaron por el “contragolpe” dijo que “eso no existe más en el fútbol, ya no se habla en esos términos”. El jóven entrenador, por otra parte, resolvió con “cintura”, aunque quizá con demasiada “sobreactuación” lo que parecía un conflicto en ciernes por la no inclusión de Dybala. Le quitó “dramatismo” a la supuesta polémica y llamó al jugador en plena transmisión televisiva para demostrar que no había ningún problema.

Scaloni podrá ayudar quizá al proyecto que se necesita para la Selección. Pero seguramente no será, ni mucho menos, el protagonista central. Habrá que ver si en serio, y de una vez por todas, hay proyecto. Esa será otra historia para desmenuzar . Pero antes que nada está claro que hay que volver a la pelota. Y no a ideas antojadizas e histéricas de entrenadores o comunicadores que deliran con un fútbol que se juegue solo con palabras y sin su útil esencial.

 

@vitomundial

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