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Cultura 29 de mayo de 2018

“La pregunta que atraviesa la novela es: ¿En manos de quién estamos?”

Claudia Piñeiro repasa las tramas que marcan su última novela: ambición, poder, política y muertos. Hasta se da el lujo de colocar a una bruja entre los personajes.

Claudia Piñeiro.

Claudia Piñeiro teje en la suerte de “road novel” que es su más reciente novela, “Las maldiciones“, un thriller político actual que lleva al lector por los laberintos del poder y a la pregunta ineludible: “¿En manos de quién estamos?”.

“Las maldiciones” cuenta con varios elementos identificables de la literatura de Piñeiro, una de las escritoras contemporáneas argentinas de mayor renombre, cuya obra está cruzada por historias de suspenso y thrillers de una sólida arquitectura.

La novela cuenta la historia de Román Sabaté, un joven que entra de casualidad a la política y se convierte en secretario privado del exitoso empresario aspirante a gobernador Fernando Rovira, cuya esposa ha sido asesinada.

“La política tapa a los muertos (…), excepto que el muerto sirva para los beneficios del político”, como hace Rovira aconsejado por sus asesores, dice Piñeiro, quien presentó su novela en Miami como parte de las actividades que la feria del libro de esta ciudad lleva a cabo a lo largo del año.

En su carrera, Rovira quiere además derrotar aquella superstición según la cual “ningún gobernador de la provincia de Buenos Aires llega a ser presidente”, lo que permite a la autora abordar la relación entre poder y brujería.

“La pregunta que atraviesa la novela es: ¿En manos de quién estamos?”, dice la escritora de 58 años, que incluye en su novela “una bruja que termina manejando los hilos del país” y que llega a tal nivel debido, quizás, a que “el poder es un lugar de mucha soledad”, según dice en la entrevista.

“Las maldiciones” se desarrolla en el actual escenario político y permite al lector reflexionar sobre esa “nueva estirpe” de actores surgidos del ámbito empresarial y cuyas construcciones no corresponden a “una ideología de base” sino a su éxito en el mundo de los negocios, como lo es Rovira, un empresario inmobiliario que pretende extrapolar ese suceso a la política.

“El bien común es bien difícil de medir en términos de costo-beneficio”, resalta la escritora, que recuerda que el Estado está para velar por sectores como la educación o la cultura, y “para controlar el entorno empresarial” a fin de no dejar desprotegido al ciudadano de a pie.

Esa estirpe, que tiene al mandatario estadounidense, Donald Trump, como una de sus figuras más representativas, es parte de un “ciclo histórico” al que, augura Piñeira, le quedan “unos años más todavía”.

Novelista, dramaturga y guionista, durante su trayectoria la autora ha firmado una importante obra narrativa, con novelas llevadas al cine.

Piñeiro aplaude los movimientos de reivindicación femenina surgido en varios países, como el llamado #MeToo, que ha sacado a la luz pública historias de abuso sexual. Aunque reconoce que quizás no todos los casos son iguales o ha habido “excesos de virulencia”, pide “paciencia”, porque “hubo mucho acoso, discriminación, abuso, y lo sigue habiendo”.

“Yo viajaba todos los días en el tren de mi casa a Buenos Aires y no hay ninguna mujer que no haya viajado en ese tren y no le hayan tocado el culo, así te lo digo”, rememora sobre una situación vivida en carne propia.

La escritora, que también se ha posicionado a favor de despenalizar el aborto en Argentina, espera que se llegue a una igualdad y que “honores” como el abrir la feria del libro de Buenos Aires sean menos inusuales entre las mujeres.

El pasado 26 de abril Piñeiro se convirtió en la cuarta mujer que inauguró la cita literaria más importante del país a lo largo de sus 44 ediciones.

Con una obra novelística de fructífera relación con el cine, una muestra de lo cual se vio en 2017 con la adaptación a la gran pantalla de “Las grietas de Jara”, por Nicolás Gil Lavedra, la autora dice que ya hay negociaciones para convertir “Las maldiciones” en una película o una serie, aunque ninguna “lo suficientemente avanzada”. “Es extrapolable a países de Latinoamérica”, señala sobre el argumento de su última ficción.