La segunda oportunidad de Tinto: el gato torturado en Acantilados encontró un hogar definitivo
Su historia se viralizó cuando un grupo de adolescentes de entre 14 y 16 años lo obligó a consumir vino tinto y snacks picantes. Ahora tiene una nueva vida junto a Valentina. El conmovedor recorrido que realizó antes de encontrar un nuevo hogar y el rol clave de Abril, una mujer que organiza clases de yoga con gatos y los tiene en tránisto hasta que encuentren un adoptante.
Abril, rescatista, con Tinto y Valentina, su adoptante.
Por Malena Alpern
Abril transitó al menos 350 gatos y 150 perros en seis años. A través de su página, busca familias para animales rescatados y organiza encuentros de yoga con ellos para recaudar fondos y vincularlos con adoptantes. Uno de sus casos más conocidos es el de Tinto, que encontró un hogar definitivo con Valentina.
Yoga con gatos, rescates y nuevas oportunidades. Así es el trabajo de Abril, creadora de Viviendo en Manada, que en seis años transitó al menos 350 gatos, 150 perros, una veintena de aves, conejos y hasta un chanchito.
Entre sus historias está la de Tinto, el gato que fue obligado a consumir vino y snacks picantes en Acantilados y que, después de generar indignación en las redes y los medios, pasó por su casa hasta encontrar una familia definitiva.

La página nació en 2023, pero el vínculo de Abril con el rescate animal comenzó antes. Su perra, a la que llama “La Gorda”, fue rescatada de una situación de mucho maltrato.
“Tiene muchísimas marcas y lastimaduras, fue víctima de un ritual del estilo umbanda, y no quise que ningún animal vuelva a pasar por eso”, explicó.
En mayo de 2020 transitó a su primera perra, Lola. Dos años después recibió a sus primeros gatos y, desde entonces, no paró.
La creación de Viviendo en Manada llegó a partir del caso de Floppy, una perra que rescató aparentemente preñada pero que finalmente tenía piometra y necesitó una operación.
Para costear los gastos y vincularlos con posibles adoptantes, Abril organiza encuentros mensuales de yoga con gatos. En las clases participan docentes que brindan su trabajo de manera solidaria y estudios que prestan sus espacios.

El rescate de Tinto
Tinto había tenido una familia, pero quedó en la calle cuando sus dueños se mudaron del barrio. Algunos vecinos lo alimentaban y solía refugiarse en un local de la zona, aunque seguía expuesto a los autos, los perros y las personas que podían hacerle daño.
En junio de este año la crueldad alcanzó un límite absurdo: un grupo de adolescentes de entre 14 y 16 años lo obligó a consumir vino tinto y snacks picantes. El episodio fue filmado y difundido en redes sociales, donde se viralizó y generó indignación.
“A mí el video me llegó por una amiga que es del barrio. Lo habían publicado de manera anónima en grupos de Facebook, donde la gente ayuda y pide ayuda también”, contó Abril.
Su amiga, conocida como la Tana, fue a buscarlo hasta Acantilados junto con su pareja. Después de tres días de recorridas, intervino Zoonosis y logró encontrarlo durmiendo en el local donde lo alimentaban.
Primero lo recibió Vicky, rescatista de hogar llamado Dealer de Gatitos, y esa misma noche pasó al cuidado de Abril, que ya tenía un espacio preparado para él. Luego fue sometido a controles veterinarios y, afortunadamente, estaba bien.
“Por su historia, que ya venía de muchos abandonos y mucho maltrato, se merecía una historia con un final feliz”, sostuvo Abril.
Una adopción que empezó en Instagram
Valentina seguía a Viviendo en Manada desde hacía años, aunque nunca había hablado personalmente con Abril. La viralización del caso de Tinto hizo que se acercara a la rescatista.
Quería adoptar un gato adulto para darle una segunda oportunidad, pero todavía no se había mudado y sabía que no podía recibirlo en esas condiciones.
Esa actitud fue importante para Abril, que había recibido cientos de consultas por Tinto. “Me dijo que le gustaría adoptarlo si seguía disponible y, si no, cualquier otro gatito adulto que lo necesitara”, recordó.
Aunque Valentina sabía que Tinto tenía una historia difícil y podía reaccionar de distintas maneras al conocerla, el encanto fue instantáneo. Él se acercó inmediatamente a buscar mimos y se dejó levantar.
La adaptación fue buena y el seguimiento de Abril durante el proceso le dio tranquilidad. “A mí me da mucha seguridad. A otra gente le molestará, pero a mí me encanta”, contó Valentina sobre el acompañamiento de la rescatista.
Hoy, Tinto camina por la casa como si el episodio de Acantilados perteneciera a otra vida. Juega, busca caricias y duerme plácidamente. Pero el impacto del rescate fue bidireccional. “Yo buscaba darle un hogar a un animal que lo necesitara y, al final, él terminó salvándome a mí”, reflexiona la joven que lo adoptó.

La importancia de adoptar gatos adultos
El caso de Tinto pone la lupa sobre una problemática recurrente en la protección animal: la preferencia casi exclusiva por los cachorros.
“Siempre buscan bebés, sobre todo hembras. Nos han llegado a pedir gatitos de un solo día de vida desde México, ofreciendo pagar aviones. Pero por un gato adulto nadie paga un boleto de tren”, cuestiona Abril.
Los adultos suelen quedar relegados, por más cariñosos sean y acostumbrados al contacto humano estén.
Cuestiona, además, la idea de que adoptar un gato pequeño permite educarlo más fácilmente o definir su personalidad. “¿Qué te hace pensar que realmente le podés inculcar la personalidad que vos querés?”, planteó.
Como ejemplo recordó el caso de Mango, un gato que pasó un año y medio en tránsito. Después de sufrir un accidente mientras jugaba necesitó distintos tratamientos y, cuando se recuperó, las consultas por él disminuyeron notablemente porque ya no tenía 45 días. Finalmente, encontró una familia que lo adoptó junto con otro gato adulto, Matcha.
Para la adoptante de Tinto, estas experiencias muestran que la edad no debería ser un impedimento para adoptar. “Ellos son más grandes, pero todavía tienen toda una vida por recorrer. También es darles el lugar para que sanen heridas y tengan otro estilo de vida”, sostuvo.
El trabajo de rescate también implica acompañar a animales que no logran recuperarse. Abril recordó especialmente a Inti, una gata con un carcinoma avanzado que vivió dos meses con ella y falleció el 2 de agosto.
Su historia la marcó profundamente, pero también reforzó su decisión de continuar ayudando a otros animales. A pesar de las dificultades y las pérdidas, Abril encuentra en los animales una razón para seguir.
Y para Valentina, la historia de Tinto confirmó que la adopción no consiste solamente en salvar una vida. “Uno piensa que los rescata, que les salva la vida, y terminan siendo ellos los que se acuestan con vos, ronronean y te hacen sentir que está todo bien”, reflexionó.
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