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Cultura 30 de agosto de 2026

Laura Efrón: “El cuerpo es un territorio en el que se inscribe la vida”

La escritora y comunicadora presenta "Dame la mano", una novela construida a partir de la mirada de una niña, los objetos emblemáticos de los años ochenta y los primeros impactos del dolor en el tránsito hacia la adultez.

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Laura Efrón, autora de "Dame la mano". Fotos: Dominique Besanson.

Por Ximena Pascutti

Hay una edad en la que el mundo se descifra a través de fragmentos: un vaso de 7Up con muchos cubitos gira en remolino para que el gas no raspe la garganta, la cámara Kodak pocket intenta registrar un instante familiar y la puerta de un ascensor se abre para revelar la tristeza incomprensible de los adultos ante una pérdida.

Es en ese territorio fronterizo entre la inocencia y el impacto de lo inquietante donde se despliega “Dame la mano” (Editorial Caburé, 2026), la primera novela de la narradora y comunicadora Laura Efrón. Construida a través de relatos breves bautizados con nombres de objetos, personas o lugares de una época (como las muñecas Barbie, los casetes grabados, el yeso o un campamento), la obra sigue la perspectiva de una niña cuya sensibilidad madura a la par de los acontecimientos que la rodean.

Nacida en Buenos Aires en 1975, Efrón es graduada en Ciencias de la Comunicación por la UBA y periodista egresada de TEA. Tras un extenso recorrido profesional por editoriales, televisión y medios digitales, actualmente codirige Estudio REC –dedicado a la redacción y edición para empresas e instituciones– y proyecta Tinta y Raíces, un espacio enfocado en biografías personalizadas. Su relación con la escritura literaria, sin embargo, se remonta a la infancia y se consolidó en talleres coordinados por autoras como Adriana Riva y Ana Navajas, espacios donde gestó la trama y el universo sensorial de esta protagonista.

A lo largo de las páginas de “Dame la mano”, la voz infantil registra los guiños de una cartografía social y cultural precisa, al tiempo que se enfrenta a hitos de vulnerabilidad: duelos, accidentes, marcas en la piel y secretos del mundo adulto que el lector descifra con nitidez. Durante una charla muy interesante, Laura Efrón repasa la construcción de este tono tan logrado, el lugar del cuerpo como territorio de aprendizaje y la fascinación por la mirada infantil.


“Mi objetivo fue siempre estar en la mirada de la niña, casi enarbolando su bandera, defendiéndola de lo que todavía no sabe o recién está intuyendo que sucede o va a suceder”.


— “Dame la mano” está narrada desde la perspectiva de una niña pequeña cuya voz evoluciona sutilmente a lo largo de los relatos. ¿Cómo fue el trabajo para sostener esa mirada infantil de manera verosímil, evitando caer en la infantilización del lenguaje o en la condescendencia de la adulta que recuerda?

— “Dame la mano” parte de sensaciones, recuerdos y “fotos mentales” de mi infancia que usé como punto de partida para crear cada instantánea en la vida de la niña. Aunque no es un libro biográfico, al momento de escribir cada escena, trataba de retrotraerme a esos años. Después hubo mucho trabajo de relectura y edición para ajustar y pulir el tono. En eso ayudó también el haber escrito gran parte de los textos en el taller de Adriana Riva y Ana Navajas, en 2022, en el que tuve muchos lectores/compañeros que sumaron sus ojos y oídos.

— En relatos como “7Up” y “Playa”, la protagonista atraviesa temas muy duros (el duelo familiar, la interrupción voluntaria del embarazo, la violencia implícita o la tenencia de armas) casi “de costado” y sin terminar de procesarlos del todo. ¿Cómo trabajaste esa brecha entre lo que la nena percibe y lo que el lector o lectora adultos efectivamente descifran?

— Quise jugar con esa brecha. Escribiendo “Dame la mano” ya de adulta, sé las respuestas (o casi, ja), pero mi objetivo fue siempre estar en la mirada de la niña, casi enarbolando su bandera, defendiéndola de lo que todavía no sabe, o recién está intuyendo que sucede o va a suceder. Lo difícil fue no caer en la tentación de cuidarla en exceso y resguardarla por completo, sino dejarla en el borde, para que de a poco lo enfrente.


Laura Efrón2


— El libro está repleto de objetos e íconos culturales de la década de los ochenta, grandes guiños para varias generaciones: las muñecas Barbie, los casetes grabados, las cámaras Kodak pocket, los juegos o el proyector de “La naranja mecánica”. ¿Surgieron estos elementos de manera natural durante la escritura como anclas de la memoria, o los pensaste desde el inicio como una cartografía de época deliberada?

— Fueron surgiendo naturalmente porque están en mi mirada habitual. Igualmente, hubo mucho trabajo de investigación para chequear bien los tiempos en que se usaban, sus características, para que no haya inconsistencias. Fue bastante divertido el proceso y así fui sumando algunos artefactos más de la memoria que no los tenía tan presentes, pero que fueron apareciendo. También tuve que regularme, porque al recordar e investigar, la tentación de sumarle más “memorabilias” era fuerte, pero al hacerlo iba a sobrepasar a la historia de la niña. La idea fue crear un clima de época, el de esa niña en particular, con su trasfondo familiar y socioeconómico.


“En la mirada infantil hay más posibilidad de todo, y las fantasías, rumores y cuentos crecen y explotan con más facilidad”.


— Hay una tensión constante entre la inocencia del juego y la irrupción de lo inquietante o traumático, como el accidente del dedo en la silla (“Yeso”) o el mito del chico desaparecido en el Tren Fantasma (“Campamento”). ¿Sentís que la infancia es, en sí misma, un territorio ligado al género de terror o a la vulnerabilidad extrema?

— Creo que en la infancia, el terror, el real y el ficticio, está ahí, esperando para salir a la cancha en cualquier momento. Sí, la infancia es una etapa de mayor vulnerabilidad, pero también una etapa en la que muchas cosas se potencian y todo (sensaciones, hechos) es mucho más o mucho menos de lo que realmente es. Creo que en la mirada infantil hay más posibilidad de todo (lo bueno y lo malo) y las fantasías, rumores y cuentos crecen y explotan con más facilidad.

— A lo largo de la narración, el cuerpo infantil está sometido a transformaciones, accidentes y marcas: desde los agujeritos infectados en el capítulo “Churba” hasta la observación de la corporalidad ajena en “Barbie”. ¿Qué tan central fue para vos explorar el descubrimiento de la propia anatomía y del dolor como rito de pasaje hacia el crecimiento?

— El cuerpo es un tema que me convoca. De hecho, tengo varios textos y un proyecto de libro con el cuerpo como eje. En el caso de Dame la mano, también es central para el relato. Por un lado, porque el cuerpo de la niña va transformándose, y en la situación narrada al final es bastante protagonista. Además, ella está atenta a su cuerpo y al de los otros. Sabe que mucho pasa por ahí, aunque no lo tenga del todo claro. Por otro lado, creo que el cuerpo es un territorio en el que se inscribe la vida, y por eso traté de poner la mirada en él, a veces más, a veces menos, en las diferentes instantáneas de “Dame la mano”.

— El libro se organiza a través de relatos breves bautizados con nombres de objetos, personas o lugares emblemáticos. ¿Concebiste este proyecto desde el comienzo como una novela o como un libro de cuentos orgánico con un hilo conductor? ¿Podríamos decir que es una suerte de “diario de infancia” en el que los textos dialogan entre sí?

— El libro tiene origen en un primer texto que escribí en 2022 siguiendo una consigna del taller literario. La protagonista era una niña y narraba la escena desde su mirada y en su modo de ver/contar. Luego, siguiendo otra consigna, escribí otro texto, también con voz infantil. Y otro más. En ese momento iban a ser varias niñas que hablaran/contaran. Pero con el tiempo y el intercambio en el taller literario, decidí que iba a construir la historia de una sola niña. Y ahí arrancó el trabajo de crear su mundo, su familia, amigas, sus situaciones. Gran parte de los textos los escribí en 2022. En 2024 retomé el trabajo, releyendo, reescribiendo y escribiendo nuevas instantáneas. Con el libro “ya listo”, busqué publicarlo y di con Caburé.