Lucrecia Martel: “Si se degrada la cultura, la sociedad termina siendo un zoológico de bichos embravecidos”
La reconocida cineasta presentó en Mar del Plata el documental "Nuestra Tierra" y participó de una charla abierta en el Auditorium. En una entrevista con "Agenda Real", reflexionó sobre el racismo, las comunidades indígenas, la educación, las redes sociales y el presente argentino.
Lucrecia Martel está convencida que "la historia sigue sucediendo en la calle, no en las redes".
Lucrecia Martel dejó una intensa agenda de actividades en Mar del Plata. La prestigiosa cineasta presentó este viernes en Espacio Chauvin su documental Nuestra Tierra, una obra que le demandó quince años de trabajo, y ayer encabezó una charla abierta en la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium, en el marco de la Feria Invierno, donde compartió reflexiones sobre cine, política, cultura y sociedad.
En medio de su paso por la ciudad, Martel concedió una entrevista a Agenda Real, el programa de streaming de LA CAPITAL y Canal 8, en la que abordó algunos de los temas centrales de su última película y dejó definiciones contundentes sobre la Argentina actual.
La directora rechazó de entrada una interpretación reducida de su documental. Según explicó, Nuestra Tierra no busca contar solamente la historia de una comunidad indígena o de un conflicto territorial específico.
“Cuando alguien escucha que una película trata sobre comunidades indígenas suele pensar que habla de otros, de personas lejanas. Pero lo que les pasa a esas comunidades tiene que ver con la calidad de vida que ofrece un país entero”, sostuvo.
Para Martel, la situación de los sectores más vulnerables funciona como un indicador del estado general de una sociedad. “Cada vez que se degrada la vida de las comunidades indígenas, de los jubilados o de las personas con mayores dificultades, también se degrada la vida de todos los argentinos”, afirmó.
La realizadora salteña considera que la Argentina todavía arrastra una deuda histórica con los pueblos originarios y cuestionó la persistencia de mecanismos de exclusión que, según su visión, se remontan a los tiempos de la colonia.
“El racismo –expresó– fue una herramienta para legitimar despojos. Sirvió para apropiarse de tierras, de recursos y de trabajo. Fue útil para la colonia y también para la construcción de la Nación Argentina”.
“Nunca había vivido una experiencia de un gobierno con tanto temor al cine, a la música, a la literatura y al teatro”, expresó Lucrecia Martel.
Martel sostuvo que el país mantiene una contradicción profunda entre los valores que proclama y las prácticas que todavía conserva. Y al respecto sentenció que “nos contamos una historia sobre libertad, igualdad e independencia que después no se verifica en la realidad”.
En ese sentido, advirtió que el avance de actividades extractivas como la minería vuelve todavía más urgente una discusión que considera postergada.
“Las decisiones se toman entre gobiernos y empresas mientras las comunidades quedan al margen. Seguimos teniendo ciudadanos de segunda categoría dentro de una república que se pretende moderna”, expresó.

El póster de Nuestra Tierra, un documental que no busca contar solamente la historia de una comunidad indígena o de un conflicto territorial específico, de acuerdo a Martel.
“La historia sigue sucediendo en la calle”
La conversación derivó luego hacia uno de los debates más frecuentes del presente: el impacto de las redes sociales sobre la vida pública. Allí Martel se mostró escéptica respecto de la influencia real de esos espacios. “Nos creemos más la parte de sociales que la parte de redes”, ironizó.
Más adelante, explicó que las plataformas digitales suelen amplificar estados de ánimo y emociones extremas, pero no necesariamente generan acciones transformadoras.
“La historia sigue sucediendo en la calle, entre vecinos, en la música, en los encuentros reales. Las redes tienen capacidad para perturbar, pero no estoy segura de que tengan la misma capacidad para movilizar”, analizó y como ejemplo mencionó las grandes movilizaciones populares vinculadas a expresiones culturales y musicales, fenómenos que observó como una demostración de la potencia cultural de los sectores populares.
Se detuvo entonces en lo que fue el último adiós que una multitud le tributó al Indio Solari el último fin de semana pasado. “Me emocionó muchísimo. Escuchaba los testimonios y veía una enorme calidad poética. Se habla mucho de comprensión de textos, pero ahí había miles de personas comprendiendo e incorporando una poesía compleja”, sostuvo.
Para la directora, esos episodios dejan además una enseñanza sobre la convivencia colectiva. Frente a quienes anticipan desorden o violencia, observó manifestaciones atravesadas por el afecto, la solidaridad y el respeto.
Las críticas más contundentes aparecieron cuando se refirió a la relación del gobierno nacional con la cultura.
“Nunca había vivido una experiencia de un gobierno con tanto temor al cine, a la música, a la literatura y al teatro”, afirmó.
“Las redes tienen capacidad para perturbar, pero no estoy segura de que tengan la misma capacidad para movilizar”.
Sin embargo, amplió la mirada y señaló que el problema excede a una administración específica. A su juicio, el deterioro del debate público obliga a preguntarse qué ocurrió con la educación argentina durante las últimas décadas. “Cuando uno escucha muchas discusiones políticas actuales, tanto del oficialismo como de gran parte de la oposición –explicó– la pregunta inevitable es qué pasó con nuestra educación para llegar a este nivel”.
Martel considera que los recortes en cultura, ciencia y educación tienen consecuencias mucho más profundas que las meramente presupuestarias.
“La cultura sirve para reflejarnos, para criticarnos, para observarnos y para querernos. Si se degrada la cultura y la educación, se degrada también la capacidad de reconocerse en el otro”, explicó.
Fue entonces cuando dejó una de las definiciones más contundentes de toda la entrevista. “Si eso desaparece, la sociedad termina siendo un zoológico de bichos embravecidos donde cada uno tira para su lado”, enfatizó.
Aun así, en medio de un diagnóstico severo sobre buena parte de la dirigencia política y de los sectores más acomodados, encontró un motivo para el optimismo.
“Tengo una mirada bastante pesimista sobre cómo se están formando muchas veces las clases medias y altas, pero sigo viendo una enorme inteligencia social en los sectores populares”, sostuvo.
Según explicó, experiencias colectivas como Ni Una Menos y otras manifestaciones populares revelan la existencia de una reserva de solidaridad y sensibilidad que todavía permanece viva.
Antes de despedirse, Martel contó que trabaja en un viejo sueño personal: una película de ciencia ficción y fantasía. También dijo observar con entusiasmo el surgimiento de nuevas formas narrativas impulsadas por jóvenes creadores en plataformas audiovisuales.
“Hay algo que está naciendo ahí. Nuevas maneras de contar historias. Tengo la sensación de que en cualquier momento eso va a producir una transformación muy importante”, concluyó.
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