Cultura

Mairal debuta en la literatura infantil con “El cepillo del rey”

“El cepillo del rey”, la historia entre un cocodrilo y una princesa escrita por el autor argentino Pedro Mairal para su hija, cuando se encontraba realizando una residencia en Francia, inaugura el camino del autor de “Una noche con Sabrina Love” en la literatura infantil.

El padre de la princesa pretende que su hija se case y para ello le busca varios candidatos, pero a ella no le agrada ninguno. Cercada por los deseos de su padre, le pide al cocodrilo -al que conoce por casualidad en un lago- que la ayude. Poco a poco, con muchos artilugios y astucias, cada uno de los pretendientes de la niña princesa desaparecen de manera misteriosa.

“El cepillo del rey” es el elemento que une a la princesa y a ese cocodrilo maloliente a quien la princesa, a cambio de una limpieza dental para que consiga un amor, le pide que se coma a todos los candidatos menos al que ella tiene en cuenta como posible marido.

– ¿Cómo surgió la idea de escribir un libro para chicos?

– Hace un par de años estuve dos meses en una residencia de escritura en Francia y extrañaba mucho a mi hija, con quien mantenía una relación a través de Skype. Era complejo porque en la casa no había wi-fi, y me conectaba en el bar de la cafetería de la Escuela de Bellas Artes.

Mientras me comunicaba con adultos todo iba bien, pero cuando ella aparecía en la pantalla todo el bar me miraba porque ella me pedía que le contara historias y ahí aparecían distintos sonidos -ella ama a los animales-, así que ahí estaba yo haciendo ruidos de osos, elefantes y monos. Un día le compré un cocodrilo y una princesa, dos personajes que no tienen nada que ver entre sí, pero los uní para armar una historia por Skype y allí surgió el cuento. Me gustó cómo interactuaban los personajes, es una especie de asociación ilícita.

– ¿Qué leías de chico?

– Historias como estas habré escuchado muchas veces, pero no me puse a leer solo enseguida. Cuando comencé lo hice con “Bomba, el niño de la selva” (Roy Rockwood) y “Sandokán” (Emilio Salgari), entre otros, pero la lectura consciente llegó más adelante.

– ¿Qué le leés a tu hija?

– Le leo de todo, sobre todo los libros que tengan como personajes animales porque le gustan mucho. Le acerco textos de Roald Dahl y libros más actuales cuyos autores no conozco. Siempre que vamos a las librerías se instala en el sector para chicos y tengo que comprarle uno. Me gusta ver la relación que tienen los chicos con libros, de hecho soy muy celoso con mi biblioteca, pero ella tiene un rincón para sus libros donde puede hacer desparramo y se hace la que lee cuando aún no lo hace.

– ¿Considerás que la literatura para chicos es un género menor, como muchos aseveran?

– No hay géneros menores. No hay que subestimar a los chicos ni a los lectores de diarios por más que después envuelvan una docena de huevos con el periódico; el día que un lector compró el diario tiene derecho a leer un texto bien escrito donde el autor le haya puesto toda su energía y amor; lo mismo con los textos para chicos.

– Cómo escritor, ¿cuál considerás que es la importancia de acercarle libros a los chicos?

– No es fácil ser padre, a veces es un plomo estar releyendo el mismo librito 500 veces o tener que ir al cine un domingo cuando estás cansando y ver películas estridentes donde hay unos personajes que hablan en mexicano. Toda esta parte de la paternidad no es fácil, pero cuando está más alivianado, ya sea por un libro bien escrito o una película con un guión atractivo… no hay que subestimar esos trabajos.

– ¿Qué le aconsejás a los escritores jóvenes que quieren comenzar a escribir?

– Hay que tratar de explorar distintos tonos, voces, leer cosas distintas y con los chicos animarse a ser truculentos, ellos son mucho más oscuros o por lo menos se permiten una mirada sin los temores de los adultos. Los grandes estamos llenos de temores, los chicos no tanto, ellos se entregan con otra predisposición. Les diría que escriban lo que tengan ganas, y exploren distintos caminos.

– ¿Cuando estabas entregando este trabajo, pensaste en qué pensarían tus colegas?

– Nunca me importó porque siempre tuve una vida “polirrubro”. Quizás los narradores más secos, más cercanos al periodismo veían mis vetas líricas con cierta sorna, los poetas más cerrados decían que para ser buen poeta no podés escribir narrativa… siempre hay puristas, que se la banquen y vayan a terapia. No es un problema mío. Siempre me moví en distintos géneros, pero los que critican, por lo general, no lo dicen de frente, así que no me entero mucho.

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