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Opinión 5 de septiembre de 2026

Malvinas entreabre una puerta

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Por Jorge Raventos

El jueves 3 de septiembre por la noche, Javier Milei transmitió por la cadena nacional de difusión una enérgica reivindicación de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas, sus espacios marítimos y los recursos naturales que yacen bajo sus aguas. Se trató de una reacción, si se quiere, tardía,  frente al desarrollo de un proyecto petrolero en aguas de jurisdicción argentina convocado hace meses  por el régimen isleño tutelado por Londres, en el que participan una firma británica, Rockhopper Exploration y una israelí, Navitas Pwtroleum. Lo que indudablemente gatilló la movida presidencial fue el hecho de que Donald Trump, un día antes, deslizó en rueda de prensa que Washington podría repensar y revisar su tradicional “neutralidad”  frente al diferendo de soberanía por Malvinas (que , en los hechos, siempre amparó la conducta de Londres) para respaldar la posición argentina.

La guerra de Malvinas, que para el mundo era, en el mejor de los casos, tema de documentales  o de programas de historia, irrumpió en la atención global y recuperó  plena actualidad cuando los jugadores del seleccionado argentino que acababan de ganarle al de Inglaterra en el Mundial de Fútbol exhibieron en el campo de juego un cartel improvisado por hinchas  sobre un trozo de sábana de hotel donde se leía: “Las islas Malvinas son argentinas”. Ese gesto, que reprodujeron todos los medios del mundo, reflejaba en rigor un  sentimiento que también reemergía con vigor en la sociedad argentina, que algunos llaman nacionalismo, otros, patriotismo y  otros, búsqueda de una bandera que  consagre la fraternidad y la unión.

El peso de un sentimiento

El sentimiento y el gesto del Mundial  ocurrieron antes de que Trump hablara sobre el tema Malvinas. Hasta es probable que  la repercusión  lo haya inspirado a él para emplear el asunto como instrumento de presión en  sus discusiones con Londres por la renuencia del gobierno inglés a colaborar con Washington en la empantanada aventura  de la guerra contra Irán. Milei actuó impulsado por esa doble inspiración. Si había callado cuando empezó a conocerse el proyecto petrolero kelper-británico-israelí y si su gobierno había censurado anticipadamente la agitación de insignias malvineras  en Mundial, no demoró en cobijarse  con ellas cuando leyó mejor las encuestas de opinión y cuando  la frase de Trump le despejó el camino.

Los hechos prevalecen sobre las palabras. Podrá opinarse que  el giro nacionalista  de Javier Milei  en relación con las islas Malvinas no guarda coherencia con actitudes y definiciones previas de su gobierno y de él mismo o que, como comentó el semanario británico The Economist , refleja el debilitamiento de su posición política interna”  registrado en  los estudios de opinión pública.

Lo cierto es que esa jugada presidencial –que en el imaginario de muchos parece combinada con la Casa Blanca-  ha producido  efectos inmediatos  tanto en el plano de la política doméstica como en el escenario internacional. Trump no ha vuelto a mencionar el asunto.

Tras el discurso del Presidente, cayó la cotización de las empresas que participan en el proyecto Sea Lion, aunque el consorcio británico-israelí  aseguró  que “las recientes medidas anunciadas por el Gobierno argentino no modificarán de manera significativa el desarrollo del proyecto. La sociedad opera en virtud de licencias petroleras válidas, otorgadas legalmente por el gobierno de las islas, un territorio británico de ultramar autónomo, y con el pleno y continuo apoyo del gobierno del Reino Unido”; el gobierno inglés, por  su parte,  insistió con énfasis en que “ka posición del Reino Unido sobre las islas es inquebrantable. Son británicas y seguirán siéndolo porque esa es la posición abrumadora de los isleños. Su derecho a la autodeterminación es primordial, fundamentado en el derecho internacional, y lo defenderemos con firmeza”.

El exprimer ministro británico Boris Johnson, conservador y cofrade de Milei (lo visitó en la Casa Rosada y el Presidente lo invitó a saludar la Plaza de Mayo desde el balcón) teme menos al presidente argentino que a eventuales consecuencias de su movida. “Milei es anglófilo y admirador de Thatcher –escribió, tranquilizador, en el Daily Mail – No creo ni por un segundo que quiera una confrontación con el Reino Unido por este temaPero también enfrenta una difícil campaña de reelección y puede considerar necesario avivar el sentimiento público de la manera tradicional de los nacionalistas”. Por este motivo, Johnson conjetura  el  riesgo mayor de “algún tipo de provocación” que podría desembocar en “otro trágico error de cálculo argentino”.

¿Piensa Johnson que Milei puede ser desbordado por las fuerzas que desata con su giro político?

El peso de algunas palabras

Pese al deliberado equilibrio que quiso trasmitir el discurso de Milei del jueves último, algunas frases introducen  una alarma dramática. El Presidente pide colaboración (interna y “de nuestros amigos”) para “disuadir a los actores estatales y no estatales que violenten nuestra soberanía”, porque “hoy nuestra causa nacional enfrenta un peligro claro y urgente y demanda una respuesta proporcional. No lo vamos a permitir “ y “cualquier avance adicional sobre las Islas Malvinas, será considerado como una violación a nuestra seguridad nacional”.  Ese lenguaje  implica un compromiso y la consiguiente accountability (rendición de cuentas).

Una primera medida de defensa es encarecer los costos de las empresas que usurpan recursos argentinos y hacerles difícil  (o imposible) su acción ilegítima. La cancillería ya comenzó a advertir a unas 180 empresas asentadas en Argentina de las consecuencias legales y económicas que podrían enfrentar si mantienen relaciones comerciales con proyectos no autorizados por el país. Una de ellas, SLB que hasta hace pocos años funcionaba como  Schlumberger, probablemente la mayor firma de servicios hidrocarbujríferos del mundo, ya   comunicó que “no está participando ni tiene previsto participar en procesos de licitación que tengan por objeto la prestación de servicios para proyectos hidrocarburíferos en las Malvinas, así como en los espacios marítimos circundantes”. SLB participa fuertemente en Vaca Muerta.

Es seguramente cierto que, como varios observadores sospechan, el giro nacionalista de Milei tenga relación con la situación política interna y con el desafío de la reelección que su gobierno se ha impuesto como objetivo prioritario.

La jugada presidencial  ha puesto nuevamente el mazo en sus manos: es el Presidente y pide “una pausa” en las discusiones: “hagamos nuestras armas a un lado y mostremos un frente unido ante el mundo, como nación, y como sociedad. Porque hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Malvinas es una de ellas”.

¿Cómo haría la oposición  para hacer oídos sordos a esa solicitud? Especialmente  el peronismo, cuando Milei está aplicando normas que fueron consagradas bajo gobiernos de ese signo, se propone continuar iniciativas  (la base aeronaval en Ushuaia)  lanzadas  en esa misma etapa y, más allá de ello, cuando el peronismo ha sido tradicionalmente la fuerza más comprometida con la causa de Malvinas? El Presidente no pide  que  se acuerde con él en otros  asuntos (“podemos discutir sobre cualquier otra cosa”,admite); reclama unidad para enfrentar la amenaza al interés nacional que crece en el Atlántico Sur.

De hecho, la necesidad de este giro empuja a Milei  hacia la idea de encontrar denominadores comunes en el campo político. “Por eso quiero invitar a toda la dirigencia política, económica y social de la Argentina –ha dicho-  a sumarse con una misma voz a este reclamo”.

Si se quiere, podría entreverse una oportunidad para gestar una mesa que encuentre esa voz común para el reclamo y que, en paralelo, analice  aspectos que contribuyen al fortalecimiento nacional  porque, como destaca el propio Presidente, “ un país empobrecido no tiene capacidad de imponer costos a quienes intentan vulnerar su soberanía” y necesitamos  “convertirnos en una gran  nación capaz de defender de verdad nuestra soberanía”.

Si el Presidente ha buscado con su giro y sus propuestas evadirse del declive en que se encontraba en la opinión pública,  quizás contribuya también a que las fuerzas opositoras encuentren otro plano de acción, más propositivo que crítico, y convergente con el objetivo de unión nacional.

El tema Malvinas y su proyección sobre el futuro de Argentina demandan participación, debate y unidad en la pluralidad. Por una vez los argentinos podemos encontrar un tema que conecta lo propio . Y tenemos la chance de identificar un rival ajeno.