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La Ciudad 25 de agosto de 2026

Mar del Plata, entre los reclamos por la inseguridad, el turismo que sigue en baja y una política que ya mira al 2027

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

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La inseguridad es el gran tema en estas horas en Mar del Plata. Lo preocupante es que ya no se trata solamente de una sensación alimentada por estadísticas, redes sociales o discursos políticos. Hay vecinos en la calle, comerciantes preocupados, sociedades de fomento organizando protestas y una ciudad que parece haber llegado a un punto de hartazgo. Más de 40 asociaciones de fomento salieron a reclamar en distintos puntos de Mar del Plata y Batán. No fue una protesta aislada ni concentrada en un solo barrio. Fue una especie de mapa del malestar: norte, sur, oeste y centro, con una misma consigna: “No se puede vivir más así”. Y cuando una preocupación atraviesa de esa manera a sectores sociales y barrios tan distintos, la política debería tomar nota. Porque el vecino al que le roban no se detiene a analizar las competencias constitucionales. No distingue si la responsabilidad es municipal, provincial o nacional. Quiere que alguien haga algo.

 

En las últimas semanas hubo anuncios. La Provincia informó la llegada de patrulleros, motos y nuevos efectivos. El Municipio anunció la incorporación de móviles y gestiones para reforzar la presencia de fuerzas federales. Pero entre el anuncio y la realidad aparece una distancia que los vecinos parecen estar señalando con bastante claridad: no alcanza con que lleguen recursos si después no hay un plan que funcione y se sostenga en el tiempo. De hecho, en algunas de las protestas se escucharon reclamos concretos: falta de patrullaje, dificultades para que los móviles recorran las cuadrículas y la sensación de que los refuerzos son, muchas veces, temporarios. El pedido no es solamente “más policía”. Es algo más profundo: una estrategia que no dependa del hecho policial de la semana. Y ahí aparece otro problema: la política empezó a discutir seguridad con un lenguaje cada vez más caliente. La “mano dura”, las frases altisonantes y las reacciones inmediatas a los hechos policiales pueden generar aplausos en las redes, pero difícilmente construyan una respuesta de fondo. El riesgo es que, mientras los vecinos reclaman soluciones, la dirigencia quede atrapada entre la pelea política y la búsqueda de una frase que rinda en las redes sociales.

 


“La inseguridad puede convertirse, sin dudas, en uno de los grandes temas de la próxima campaña electoral”, reconocen en las distintas fuerzas políticas. Y ya hay dirigentes que lo admiten sin rodeos: quien logre convencer a los vecinos de que tiene un plan mejor para enfrentar el delito puede sacar una ventaja decisiva. Pero antes de pensar en la elección, hay una cuestión más urgente. Los vecinos están pidiendo una mesa común. Municipalidad, Provincia, Nación, Justicia y fuerzas de seguridad. Un plan integral y duradero, no una respuesta improvisada cada vez que ocurre un crimen que conmueve a la ciudad. En definitiva, la gente salió a la calle porque siente miedo. Y mientras la política discute quién tiene la responsabilidad, en los barrios hay una pregunta mucho más simple y mucho más difícil de responder: ¿quién se hace cargo? Soslayar el reclamo o señalar que hay alguien moviendo los hilos detrás de las protestas vecinales constituye otro grave error de diagnóstico.

 

Las vacaciones de invierno en Mar del Plata volvieron a evidenciar la crisis que atraviesa el turismo ya que la cantidad de visitantes cayó casi un 12% en comparación con el año previo y hasta un 19% si se lo mide con relación a 2023. Mientras tanto, el acumulado de los siete primeros meses del año volvió a mostrar una tendencia repetida: fue el peor indicador para ese período de los últimos 20 años, sin contar la pandemia. “Estuvimos a la altura, Mar del Plata siempre está a la altura de las circunstancias de una ciudad de 12 meses”, fue la evaluación que trazó de la actividad turística durante las vacaciones de invierno el presidente de Ente Municipal de Turismo y Cultura (Emturyc), Diego Juárez, cuando todavía no se conocían públicamente las estadísticas que elabora el propio ente. Pero con esas frases –a las que el sitio Qué Digital llegó solo a través de un pedido formal de acceso a la información pública– quedó demostrado que Mar del Plata volvió a vivir las peores vacaciones de invierno al menos desde la pospandemia, tal como ya había ocurrido el año anterior.

 

 

En concreto, la ciudad recibió entre el 17 de julio y el 1° de agosto de 2026, según los registros provisorios y oficiales, a 303.876 turistas, lo que representó una baja del 11,8% con respecto al receso de 2025. Ya entonces se había contabilizado un descenso interanual del 1,9% tras un 2024 que había mostrado otro valor negativo del 6%. De igual modo, al trazar una comparación con la cantidad de visitantes recibidos durante las vacaciones de invierno de 2023 –antes del inicio de la gestión de Javier Milei en el gobierno nacional– la baja registrada este año fue del 19%. La cifra total se mostró muy cerca de lo ocurrido en plena pospandemia en 2021 cuando se midieron 293.352 visitantes en una actividad que empezaba a revertir su obligada parálisis total a causa del coronavirus. Los datos marcan lo siguiente: 2026: 303.876 (-11,8%), 2025: 344.358 (-1,9%), 2024: 350.939 (-6%), 2023: 375.416 (+4,3%), 2022: 360.000 (+22,7%), 2021: 293.352 (-10,9% respecto a 2019), 2020: Pandemia, 2019: 330.025. Estas cifras de las vacaciones de invierno medidas a nivel municipal coinciden con la evaluación que había trazado hace algunas semanas el gobierno provincial, que alertó una baja turística del orden del 22% en comparación con 2023 y un 11,5% menos que lo registrado en 2025.

 

 

Si se tiene en cuenta el mes de julio completo, la estadística vuelve a evidenciar una caída del nivel de actividad turística que no para de descender: fueron en total 510.569 visitantes, en lo que constituye –sin contar el 2020 de pandemia y el 2021 de pospandemia– el peor séptimo mes del año de los últimos 17 años, teniendo en cuenta un antecedente de 2009 cuando la llegada de turistas fue de 499.502. Por su parte, si se toma el acumulado de enero a julio, lo ocurrido en lo que va de este 2026 retoma una tendencia repetida: con 4.882.711 visitantes, se trata de la cifra más baja en 20 años (desde 2007 están disponibles los registros oficiales para su consulta), sin contar tanto 2020 como 2021 atravesados por las restricciones de la pandemia. El indicador más cercano por lo bajo se remonta a 2008 cuando se midió el arribo en los primeros siete meses del año de 4.991.050 turistas. Asimismo, de comparar la cifra acumulada de este año (4.882.711) con la de 2023 (5.841.869) se desprende que Mar del Plata registró una pérdida de un millón de visitantes en apenas tres años. Cifras como para analizar por parte de todos los sectores involucrados.

Milei mira al 2027 y aparece una primera luz amarilla: los jóvenes ya no se enamoran como antes. De ello se hablaba en la noche del lunes en cena organizada por un exlegislador provincial, enfrascado en todo lo que tiene que ver con la inteligencia artificial. Hay una encuesta que empezó a circular en estas horas y que, más allá de los números, deja una pregunta política interesante mirando al 2027: ¿Javier Milei está empezando a perder a los jóvenes que fueron una pieza fundamental de su llegada al poder? La marplatense Mariel Fornoni, directora de Management & Fit, dice que entre los votantes de 18 a 20 años el Presidente ya no tiene la misma fortaleza que supo tener entre los jóvenes de 25 a 40, especialmente entre los hombres. Y hay una explicación bastante sencilla: los más chicos no tienen memoria política de Cristina Kirchner, no vivieron aquellos gobiernos y, por lo tanto, la idea de “volver atrás” no necesariamente les genera el mismo rechazo. Pero hay otro dato que puede ser bastante más incómodo para la Casa Rosada: la desilusión empieza a aparecer justamente entre quienes fueron parte del fenómeno Milei. Son jóvenes que acompañaron al Presidente porque encontraron en él una promesa de cambio, pero que hoy se enfrentan con problemas muy concretos: conseguir un trabajo formal, alquilar, pensar en una vivienda propia y llegar a fin de mes. Es decir, la macroeconomía puede mostrar recuperación, pero la pregunta es cuándo esa recuperación llega al bolsillo.

 

 

“Y acá aparece algo clave que es la movilización”, refería uno de los comensales, cuando comenzaban a disfrutar el asado. Una cosa es decir “banco a Milei” y otra muy distinta es ir a votar por Milei. “El Gobierno necesita que aquellos jóvenes que en 2023 se sintieron protagonistas de una revolución política vuelvan a sentir que tienen algo por lo cual movilizarse en 2027”, se señaló. Fornoni, por su parte, aportó además otro dato: la imagen de Milei cayó unos diez puntos durante el conflicto que terminó con la salida de Adorni y hoy se ubica, según Management & Fit, en torno al 37%. La caída se frenó, pero todavía no hubo recuperación. Y lo más interesante es que la consultora entiende que el problema de fondo no es Adorni. Adorni fue apenas el acelerador. El verdadero problema es económico y, fundamentalmente, la sensación de que mientras el Gobierno habla de una Argentina que despega, una parte importante de la sociedad todavía no siente que esté despegando con ella.

 

 

Irrumpe otra incógnita de cara al 2027: ¿qué pasa si Milei empieza a perder apoyo pero todavía no aparece una alternativa capaz de capitalizar ese descontento? Porque hoy, según Fornoni, ese es precisamente uno de los grandes activos del Gobierno. La gente puede estar molesta, puede estar desilusionada, puede estar haciendo esfuerzos, pero todavía no encuentra necesariamente quién pueda reemplazar a Milei. Mientras tanto, el PRO mira de reojo. La relación con La Libertad Avanza es una especie de enamoramiento y desenamoramiento permanente. El PRO sabe que solo tiene poco margen –Fornoni habla de una intención de voto de apenas 5 o 6 puntos– y por eso la alianza con los libertarios aparece como una posibilidad cada vez más concreta. En definitiva, el 2027 ya empezó y Milei tiene tiempo. Mucho tiempo, incluso, para dar vuelta una elección. Pero también tiene un desafío enorme: que los que alguna vez se enamoraron de su discurso no terminen convirtiéndose simplemente en votantes resignados. Porque una cosa es aguantar a un gobierno y otra muy diferente es volver a votarlo.

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A la hora del postre –es religión allí el vigilante, queso fresco y dulce de batata–, el dueño de casa lanzó la pregunta que justamente se había hecho el periodista Beto Valdez un día antes, generando un rico debate en redes sociales: ¿qué hará Javier Milei con las PASO? Porque la gran incógnita de la próxima elección presidencial no pasa solamente por saber quiénes serán los candidatos. También puede ser decisivo en qué orden se votará y quién tendrá la lapicera para armar el calendario. Hay un análisis interesante de Beto Valdez, que pone el foco precisamente en esta cuestión y plantea una paradoja que puede incomodar al Gobierno nacional: si Milei elimina o suspende las PASO, como tantas veces prometió, podría terminar dándole a Axel Kicillof una herramienta formidable para organizar su propio camino hacia la Presidencia. La cuestión tiene una explicación concreta. La legislación bonaerense establece que, cuando hay PASO nacionales, las primarias de la Provincia quedan atadas a esa misma fecha. Es decir: mientras existan las primarias nacionales, Kicillof tiene menos margen para separar su calendario y diseñar una estrategia electoral propia. Pero si las PASO nacionales desaparecen, el escenario cambia.

 

 

La Provincia podría recuperar mayor autonomía para organizar sus elecciones y Kicillof tendría la posibilidad de desdoblar. Primero una instancia interna o primaria bonaerense; después la elección para gobernador, legisladores e intendentes; y finalmente la elección presidencial. Tres estaciones electorales. Tres campañas. Y, sobre todo, una oportunidad para que la provincia de Buenos Aires se convierta en una especie de gran interna anticipada del peronismo. Ahí está la jugada. Kicillof podría intentar ordenar la sucesión bonaerense antes de la elección presidencial y demostrar, en el distrito electoral más grande del país, quién tiene realmente el control territorial del peronismo. Si su candidato logra imponerse y después retiene la Gobernación, Axel podría llegar a la pelea presidencial con una carta muy fuerte: el control de Buenos Aires, que concentra cerca del 40 por ciento del padrón nacional. Claro que no todo es tan sencillo. Porque una elección bonaerense anticipada también podría dejar al descubierto todas las diferencias que hoy conviven dentro del peronismo. El axelismo, La Cámpora, el massismo y los intendentes tendrían que resolver candidaturas, liderazgos y sucesiones. Y esa pelea podría fortalecer a Kicillof o, por el contrario, obligarlo a mostrar sus debilidades antes de tiempo.

 

 

Por eso la decisión de Milei tiene una paradoja política. Mantener las PASO nacionales puede resultar incómodo para el propio Gobierno y hasta contradecir su discurso histórico de eliminarlas. Pero mantenerlas también puede servir para limitar la autonomía electoral de Kicillof y obligarlo a jugar dentro de un calendario nacional. En cambio, suspenderlas puede simplificarle la vida a Milei, ahorrar una elección y darle mayor control sobre la selección de sus propios candidatos. Pero al mismo tiempo podría dejarle las manos libres a Kicillof para convertir la Provincia en la plataforma de lanzamiento de su candidatura presidencial. La gran batalla de 2027, entonces, quizás no empiece con los nombres de los candidatos. Puede empezar mucho antes, con una discusión aparentemente técnica: quién decide cuándo se vota. Porque en la política argentina, el calendario nunca es solamente un calendario. También es poder. Y Milei deberá resolver una paradoja que puede ser decisiva: ¿le conviene cumplir su promesa y terminar con las PASO, aun si con eso termina fortaleciendo a Kicillof?