10 de septiembre de 2018
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“Mar del Plata hace todo lo posible por borrarse del mapa”

Esteban Prado, autor de "Ema, la partysana", charló con LA CAPITAL sobre el libro editado por Letra Sudaca.

Esteban Prado, con el libro que acaba de publicarse.

por Dante Galdona

Letra Sudaca acaba de publicar “Ema, la partysana“, segunda parte en género nouvelle de la una trilogía de terror fantástico que comenzó con “Ana, la niña austral”, ambas publicadas por la editorial marplatense. El doctor en letras Esteban Prado, su autor, comparte esta charla con LA CAPITAL, oportunidad en la que no quedan afuera referencias literarias y políticas, especialemente en momentos en que las políticas culturales públicas son casi opuestas a las del momento en que apareció la primera parte.

– ¿La trilogía estaba pensada desde antes de escribir “Ana, la niña austral”? ¿O surgió en el transcurso de la escritura y la historia te lo pidió así?

– Durante el tiempo que escribía “Ana…” me daba cuenta de que inventar seres y mundos más o menos alternativos, más o menos “conspiranoicos”, requiere más historia de la que entra en una novela de cien páginas. Desde el momento en que Ana iba a tener una hija empecé a coquetear con la idea de que serían tres libros y que las protagonistas -Ana, Ema, Sara- serían abuela, madre y nieta. Sin embargo, cada libro es unitario, se potencia con los otros pero no los necesita.

– Aunque son historias separadas, que funcionan individualmente, la idea argumental bien podría funcionar en un tomo. ¿Por qué la idea de separarla en tres?

– Si bien la idea de que fuesen esas tres historias estaba desde temprano, no podría haber escrito un solo tomo con todo adentro. En ese sentido, no elegí. Las nouvelles van saliendo a medida que van cerrándose. Por otra parte, el hecho de que hayan pasado tres años entre una y otra me hizo crecer con las devoluciones. De alguna manera, en Ema están los comentarios que me llegaron de las lecturas. Me encanta ese ida y vuelta con quienes leen mis libros, no en plan demagógico, me gusta saber qué pasó con lo que hice, y volver a escribir con eso a cuestas, ya sea para empalagar o para disgustar. Volviendo a la novela larga, me encantaría ver a toda la familia reunida en un solo tomo de cuatrocientas páginas.

– El terror fantástico es un registro recurrente en los dos textos. ¿Tenés algún escritor referente en el género?

– Con el tema de los referentes me pasa algo particular. Para la literatura prefiero no hacer el laburo de ver qué fue lo que se escribió antes. He leído muchas cosas que me voy olvidando y, por otro lado, tengo dos o tres ítems pendientes que prefiero mantener así. Por ejemplo, M. Atwood, J.G. Ballard, H. P. Lovecraft. Los leí poco. Y después me nutrí de lo que dicen los fanáticos, en el terror es más potente el imaginario circundante que lo que hay en los textos. Prefiero ver el efecto en los fans que leer. Diría que esos nombres son modelos platónicos y trato de parecerme a la idea que tengo de ellos.

– El mundo de “Ema, la partysana” está destruido, estamos frente a un punto de no retorno, casi apocalíptico. ¿Qué han hecho los hiperbóreos y qué las niñas australes para llegar a este punto?

– Sabía que esa pregunta iba a aparecer en algún lado. No soy un gran respetuoso del pudor por el spoiler pero tampoco quiero faltar el respeto a quien quiera llegar virgen al final de la novela. Por ese motivo, apelaré a la confesión en clave: “el apocalipsis de los mares estaba en las partículas del cuerpo de la madre austral, que fue arrojado al océano luego de la traición hiperbórea”. Por ahí viene el hueco que hay entre Ana y Ema.

– Abundan las referencias al Indio Solari y a los Redondos, al leer el libro uno parece escuchar su música, incluso el texto tiene una musicalidad propia del mundo ricotero, sus ambientes, sus descripciones, sus metáforas. ¿Qué más hay del Indio en el texto, qué te referencia a vos como escritor para llevar a tus historias su música?

– La verdad es que empezó como un juego. Había dejado plantadas algunas referencias a Spinetta en la primera novela y un lector amigo me lo señaló. En esta novela empecé a jugar con la idea de que el Indio Solari se despedía de su vida pública a los 100 años con el estreno de una última canción, “Los Partysanos”. Sin embargo, ese mundo -como el nuestro- ya no es un lugar para el Indio, cualquier concentración de gente del tamaño de su convocatoria da miedo y es prohibido. Ni hablar de que quien convoque, más que opio, meta ácido lúcido. A veces pienso que el futuro es eso: la dispersión. Lo que no puedo dejar de reconocer son unas ganas bárbaras de que el Indio efectivamente haga esa canción.

Esteban Prado01

– La guerra de ese futuro en el que sucede la historia, la enfermedad que refiere, ¿se podrían estar gestando en este momento, en el presente? ¿Qué debería hacer o dejar de hacer la humanidad para evitarlo? ¿Se puede hacer algo?

– La humanidad no puede hacer nada porque no existe. Las causas de la peste en la novela son propias de la lógica de las niñas australes, es decir, van un poco en paralelo a nuestro mundo. Ahora, no hay dudas de que hay pestes gestándose en este momento. Y otras que siguen en pie y se gestaron hace 1.700 años, en Nicea. La mejor manera de evitarlas: educación laica, amor libre y la crítica que nos hace darnos cuenta de las cagadas que nos mandamos y de quién somos cómplices cuando hacemos lo que hacemos. Voy a decir algo demodé y propio de un viejo chocho: los medios masivos, endogámicos y anudados con el poder son la peste. Googleen “Fiscal Bisman” y pregúntense de dónde viene esa peste distópica que genera máquinas de repetir. Si puede hacer algo a contramano de eso, el futuro estará en sus manos.

– ¿Qué recepción ha tenido el libro desde su publicación? ¿Sentís que por ser marplatense o por publicar en una editorial local el mercado editorial no acompaña?

– La verdad es que “Ana…” ha sido muy bien recibida y me dio más de una alegría. “Ema…” recién empieza su camino. Siento que la existencia de una editorial en Mar del Plata que me publique ya es más que motivo de festejo y garantía de que alguien acompaña a alguien. El mercado siempre ha sido una ficción especulativa para mí y no me preocupa particularmente, aunque a fin de año me gusta preguntarle a los de Letra Sudaca cuántos libros se vendieron. Respecto de la segunda pregunta, hoy sobran víctimas de este país como para incluirme en la lista.

– Hay un montón de escritores marplatenses que han hecho visible la literatura de acá, vos sos uno de ellos. ¿Cómo ves el mercado editorial de literatura de ficción en el país y en Mar del Plata en particular? ¿Sentís que Mar del Plata debería tener otro lugar más importante como ciudad creadora de ficción? ¿O eso depende más de cada autor individualmente?

– El “mercado editorial” es una cosa enorme y espantosa que genera personas ilustres como el exministro Avelluto. Y el mercado de la ficción también. Uno se ve en las librerías, el otro en las urnas. Si mirás los más vendidos y los más votados, vas a saber quiénes somos. Ahora, la literatura de ficción tiene una potencia enorme en Argentina. Siempre está el que dice que la cosa va mal porque los libros de ficción no venden ni 500 ejemplares. Pero resulta que la cantidad de títulos es cada vez más grande, hay cada vez más gente escribiendo. Por ahí sea parte de la herencia del kirchnerismo, que haya mucha gente con la posibilidad de ponerse a escribir, veremos cómo sigue. Sería un lindo índice de calidad de vida para el próximo censo. Mar del Plata, como ciudad, desde hace tres años hace todo lo posible por borrarse del mapa. Todo lo que tiene que ver con el libro va en picada, desde la Secretaría de Cultura hasta la Dirección de Bibliotecas. Ahora, como microcomunidad es una locura, nos estamos viendo las caras y estamos haciendo cosas.

– ¿Te interesa escribir otros géneros? Contanos un poco los demás proyectos artísticos.

– La verdad que sí, mi curiosidad no suscribe a ningún género. Hace tiempo que vengo escribiendo de todo. El año pasado, después de terminar el doctorado, me tomé dos meses para escribir lo que quisiese, en plan estancia de escritura pero en mi propia casa: ahí escribí un libro de poesía, “Duerme el puma”, en el que inventé la voz de un tal Sir John Lewis Wildcok y desarrollé un fantasy juvenil en plan saga. También estoy con una novela gráfica y un libro álbum para niñas y niños junto al ilustrador Julián Camezzana. Siempre algo de guión para audiovisual, ahora mismo una serie dirigida al policial negro. Como se ve, de todo, pero lo que me quita el sueño hoy es la autobiografía de Gladys Huala. Es una larga historia, lo que puedo contar por ahora es que junto a Mauro Carusso trabajamos con Gladys en la escritura de ese libro y ahora mismo estamos buscando editorial.

– ¿Estás escribiendo ya la tercera parte de tu trilogía? ¿En qué proceso está y cuándo verá la luz?

– Sí, la estoy escribiendo desde que publiqué “Ana…”, en 2015. Está en pleno desarrollo y seguramente sea la más extensa. La idea es atar todos los hilos y que alguien termine de entender qué pasó en esos 100 años que van desde la abuela hasta la nieta, por qué y para qué se sacrificó Ana e incluso ir un poco más atrás y armar algo de la prehistoria de las niñas australes y los hiperbóreos. No sé cuándo verá la luz, tengo el objetivo de terminarla durante el año próximo. Después ya no dependerá de mí, habrá que ver si Letra Sudaca quiere y puede seguir con esta aventura, habrá que ver si queda ciudad, si queda país y si queda alguien dispuesto a leer.

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