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Deportes 10 de diciembre de 2018

Martínez Quarta, el marplatense al que le pasó todo muy rápido

Con 22 años, el jugador que se formó en esta ciudad ya quedó en la página dorada de River

Por Juan Miguel Alvarez
Enviado Especial

MADRID.- Lucas Martínez Quarta, uno de los protagonistas en el histórico título de River en la Copa Libertadores 2018, tiene sus raíces en Mar del Plata. Aquí llegó con su familia cuando tenía apenas dos años de edad y comenzó su entrañable relación con la pelota.

Jorge Martínez Oliver, el padre de Lucas, fue trasladado a esta ciudad para poder continuar con su trabajo en el Banco Francés. Llegó con su mujer Silvina Quarta (consiguió trabajo en el buffet del Instituto San Alberto) y sus hijos Gonzalo y Lucas.

En la ciudad “el Chino” disfrutó de la compañía de otros familiares, como tíos y primos, fanáticos de River Plate. Con ellos fue varias veces al José María Minella a ver al “millonario” en Torneos de Verano o cuando jugó oficialmente contra Aldosivi en la B Nacional. Todavía guarda una foto de aquella época con Jonatan Maidana, años más tarde su compañero de zaga central.

Ya en el jardín se la pasaba pateando la pelota. Y desde entonces Jorge Olguín (nada que ver con el campeón del mundo), profesor suyo y entrenador en la escuelita de General Urquiza, le vio condiciones. “Tiene futuro”, le dijo convencido a su madre Silvina. Un visionario. Después del salón y las predécimas, pasó a Argentinos del Sud y más tarde se puso la camiseta de Kimberley. Jugó en varios puestos, pero en su adolescencia ya fue mediocampista central. Fue a la Escuela Primaria N° 27 y la secundaria, hasta su partida, la hizo en el Colegio Luis Federico Leloir.

Llegó a Núñez a los 16 años, por un guiño del destino. Estaba en una prueba en Vélez, cuando integrantes de las inferiores de River vinieron dos días a observar jugadores a Kimberley. Se perdió la jornada del jueves, pero regresó justo a tiempo para mostrar sus condiciones el viernes. Jugó muy bien, viajó una semana a Buenos Aires y allí definieron su incorporación.

Después, a Martínez Quarta le pasó todo muy rápido. Con 22 años, vivió experiencias muy fuertes, de las buenas y de las malas, tanto a nivel deportivo como a nivel personal

Tras poco más de dos años en inferiores, en 2015 ya entrenó con el plantel de Primera, pero al poco tiempo bajó nuevamente. Sufrió una lesión que lo dejó varios meses inactivo. En junio de 2016 estuvo a punto de irse del club. Pero su entrenador de Reserva, Facundo “Luigi” Villalba, le dio el mejor consejo: “Esperá seis meses más”.

El 12 de noviembre del 2016 fue incluido en un amistoso ante Olimpia de Paraguay y ese mismo día marcó su primer gol. Ocho días más tarde debutó oficialmente y en menos de un mes fue titular en la final de la Copa Argentina ante Rosario Central. Apenas cinco partidos y un título bajo el brazo.

En marzo de 2017 fue padre de Bautista. Se afianzó en la zaga, jugó Copa Libertadores y festejó en La Bombonera por el torneo local. Pero en junio dio positivo en un doping y estuvo seis meses suspendido. Su nombre fue manchado por una cuestión ajena, una sustancia que le dieron los médicos del club.

Sin jugar celebró con sus compañeros el bicampeonato de la Copa Argentina. Entrenó duro para volver bien, pero debió hacerlo desde atrás, con la dupla central Maidana-Pinola consolidada. Al poco tiempo de su regreso fue campeón de la Supercopa Argentina, ante Boca, aunque lo vivió en el banco de suplentes en Mendoza.

Fue padre por segunda vez, ahora de Mía, siempre en su relación con Guchi Caniglia. Tuvo continuidad en el torneo local y fue protagonista de la final más importante de todos los tiempos para el fútbol sudamericano.

Cuando nadie lo imaginaba en la previa, fue el as en la manga de Gallardo para el choque de ida de la definición de la Libertadores, en La Bombonera.

Ayer se quedó sentado al lado de Biscay. Lo vivió con más nervios que adentro. Y tuvo su merecido festejo en el final.

Todavía tiene un largo camino por delante, pero Martínez Quarta, con 22 años, ya se ganó un lugar en la página más importante de la historia de River Plate. Nada más y nada menos…

ibera