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Cultura 11 de octubre de 2026

Milagros Pochat: “El arte mira al mundo y busca mejorarlo o, por lo menos, ponerlo en cuestión”

La autora charló con estudiantes de la escuela Escuela Martín A. Malharro sobre su libro “Club de mujeres artistas” y puso en cuestión la figura de la mujer en el arte, reinvindicó la mezcla de disciplinas y resaltó la importancia del trabajo en comunidad.

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Milagros Pochat es artista, escritora, docente y licenciada en Ciencias de la Educación (Foto: Belén Dugo).

Por Félix Lencinas y Sabryna Cortez

La actividad en la Escuela de Artes Visuales Martín A. Malharro no descansa. De ocho de la mañana a diez de la noche, de lunes a viernes, mil ochocientos estudiantes circulan por Luro y La Pampa sumados a otras decenas de docentes, auxiliares y trabajadores. Una esquina, que muchas veces pasa desapercibida, cada día se llena de vida, pero aún más cuando suceden eventos fuera de la rutina.

En el marco de la Jornada del Profesorado de Artes Visuales, la semana comenzó con graduadas exhibiendo la obra resultante de sus tesinas de investigación en Arte en los pasillos de la escuela. El jueves 1º de octubre las recién graduadas profesoras Jimena Pugh y Lucía Loyacono montaron su obra de gran formato en el patio y así es como Milagros Pochat encontró la escuela, con las producciones llenando los pasillos, el patio y cada rincón de la escuela: las primeras impresiones son importantes. Antes de su charla, escuchó una parte de la charla que dieron graduadas de la carrera sobre sus tesinas de investigación en arte y tomó algunas notas de lo que dijeron.

Milagros Pochat es artista, escritora, docente y licenciada en Ciencias de la Educación. Publicó con Ediciones Futurock en 2026 el libro “Club de mujeres artistas”, que presentó durante su visita, el pasado julio, a la Feria Invierno, en el Teatro Auditorium. Allí, la directora de la Escuela, Florencia García, le pidió a la autora que visitara la escuela durante las jornadas y ella accedió amablemente, además de donar un ejemplar para la biblioteca.

Milagros Pochat, en la Escuela Malharro (Foto Micaela Figueroa).

Milagros Pochat, en la Escuela de Artes Visuales Martín A. Malharro. Foto: Micaela Figueroa.

En el SUM donde aconteció la presentación, todo el estudiantado del turno mañana de la carrera de Profesorado –la mayoría femineidades– expectante, junto con las autoridades de la escuela, recibieron a Milagros para tener una conversación sobre Historia del Arte, con una mirada crítica sobre la disciplina. Mientras se iba desarrollando la charla, se iba tomando nota de las diferentes mujeres artistas que Pochat comentaba, ya que muchas de ellas se estaban descubriendo en ese momento. Pese a estar en una escuela de arte, muchas mujeres artistas no son reconocidas, aunque se esté en el ámbito y solo se hable de artistas.


 “¿Dónde están las mujeres artistas?”


“La historia del arte” de Ernst Gombrich es una de las obras fundamentales para cualquier estudiante que haya transitado esta escuela. Publicado en 1950, el libro presenta un recorrido que va desde la prehistoria hasta el siglo XX. Miles de estudiantes y artistas lo han leído y probablemente lo seguirán haciendo. Como una joven Milagros de veinte años que se dedicaba a pintar, que trabajaba cuidando a una niña y que aprovechaba el momento en que ella se dormía para leer a Gombrich. “Cuando termino el libro, atrás de toda la última hoja escribo ‘¿dónde están las mujeres artistas?’”.

Esa pregunta es la que va a acompañar sus inquietudes. Milagros Pochat coordinó el Club de mujeres artistas, un espacio de investigación y difusión sobre mujeres artistas que escriben. Ese club fue el que dio el nombre al libro.

La pregunta sobre dónde estaban las artistas “no fue una pregunta crítica desde una perspectiva feminista. En ese momento, genuinamente pensaba que no había mujeres artistas. La primera verdad construida, lo que sucede desde afuera no sucede adentro, porque yo tenía la certeza de que eso no estaba. Además, me había criado con la biblioteca de mi papá que estaba llena de hombres, de escritores. Entonces decía: efectivamente somos muy pocas. En ese momento no me dio rabia (después sí); me dio una curiosidad que es el motor de todo mi trabajo y sobre todo de este libro”.

En el libro aparecen 28 artistas mujeres de todo el mundo como Frida Kahlo, Yoko Ono, Marta Minujín, Norah Borges y Yayoi Kusama que son las que quizás son más reconocidas. Pero la intención del libro es conocer y recuperar a otras artistas que son menos reconocidas por la cultura popular e incluso por ciertos círculos académicos.

De club al libro

“El libro posibilita cierta idea de lo democrático, porque se publica y se extiende. Si yo solo me hubiera quedado en el club, se anotaban esas personas, pero igual, no deja de ser algo para algunos, algunas”, relata la autora sobre cómo se gestó el libro. “Había algo de hacer este libro que a mí me daba mucho temor. Es una responsabilidad muy grande porque lo estaba haciendo no desde la academia, yo me había ido de la universidad a investigar sola. Era un riesgo porque no tengo un director que me estuviera viendo las investigaciones y bueno, entonces, confié. Recién, las chicas hablaban de confianza, yo agarré muchas palabras de lo que dijeron. La confianza en eso que te mueve, que sin duda es lo que motoriza toda nuestra vida. Cómo amamos, lo que pintamos, lo que nos duele. Ahí está el motor”.

"Club de mujeres artistas" fue publicado por Ediciones Futurock (Foto Belén Dugo).

“Club de mujeres artistas” fue publicado por Ediciones Futurock. Foto: Belén Dugo.

La autora cuenta que Federico Vázquez, el director de Ediciones Futurock, le consultó “¿vos querés que este proyecto sea para unos pocos del mundo del arte o para todo público?”. Sin duda, Pochat respondió “para todo público”. El desafío entonces era escribir un libro que le llegue a aquella persona que no sabe y qué quizás nunca le prestó atención a las artes visuales, pero que puede entenderlo. El objetivo es que el público “empiece a entender que el arte no es ese nicho que nos enseñaron de unos pocos, de una élite. Encima las artes visuales se construyeron de una idea de élite, además”. Entonces, el problema no es solo contar la historia de las artistas, sino también de qué forma, con qué tono. Las estudiantes conocen el grabado y la prensa, “pero a alguien que no tiene nada que ver yo tengo que transmitirle quién fue Aida Carballo, es una responsabilidad muy grande”.

No estar en la academia le permitió a la autora tomarse algunas licencias. Y a encontrar el tono la ayudaron muchas amigas. “Le mandaba a amigas, che, leeme esto, que si no lo leés, no lo puedo seguir. Era una cuestión muy cocreativa.”

Una mezcla de disciplinas

“Mi idea fue que las artistas sean heterogéneas, de lugares distintos, todas del siglo XX y una idea que me parecía muy importante era juntar a las mainstream con las nada conocidas. Esa convivencia generaba cierta idea de horizontalidad para mí”. Y analiza las narrativas y las categorías construidas sobre las mujeres y el arte. “Generalmente, se las vio primero, obviamente, al margen, en cierta periferia, o como musas de. En segundo lugar, está muy atravesada la idea de locura como Aida Carballo, Leonora Carrington, Tracey Emin. ‘Está loca, entonces hace puntos’, como Yayoi Kusama”.

Las protagonistas de “Club de mujeres artistas” se caracterizan por, además de dedicarse a las Artes Visuales, haber dejado algún registro escrito (Foto Micaela Figueroa).

Las protagonistas de “Club de mujeres artistas” se caracterizan por, además de dedicarse a las Artes Visuales, haber dejado algún registro escrito. Foto: Micaela Figueroa.

Las artistas son de prácticas distintas, ilustradoras, pintoras, grabadoras, escultoras, y artistas que trabajaban lo híbrido entre la imagen y el texto, como Mirtha Dermisache. “Me focalicé en que hayan sido artistas que hayan escrito o dejado un registro de escritura. No que hayan sido escritoras legitimadas del mundo literario, sino que capaz que el registro que quedó son cartas, archivos personales, diarios, memorias, en algunos casos sí, novelas, poesía. Pero no todas habían publicado y habían sido reconocidas como escritoras”. La intención del libro es “contar sus historias por sus propias voces. No darle a todas mi voz, hago un entrecruzamiento entre sus voces con la mía. Sobre esto, alguien pregunta:

—¿Por qué decidiste elegir a artistas que escriban?

—Un poco por mi práctica porque yo escribo y pinto. Y necesitaba pensar la imagen y la palabra. Chantal Maillard dice que estos dos reinos estuvieron muy marcados por el mercado, el editorial y el de las artes visuales. Fueron muy distintos, por ejemplo, André Breton con Picasso en el surrealismo. Se empiezan a cruzar los pintores con los escritores y pintoras con escritoras. Mi propia práctica me llevó a pensar: ¿quiénes escribieron?, ¿cómo se puede escribir desde las Artes Visuales? Nosotras tenemos una materialidad superpotente para escribir. Y a veces, como pensamos el mundo en imágenes, nos cuesta un poco a las artistas visuales entender que la escritura puede ser visualidad y puede ser una manera de narrar con las imágenes también. Me parece una potencia muy grande. Me interesa mucho el tema de lo interdisciplinario. Los límites no tan fijos entre las prácticas. Pintamos, pero esculpimos, pero grabamos, pero cantamos, pero podemos tocar la guitarra y podemos hacer una performance.

La charla tuvo un auditorio de mayoría femenina en el marco de la Jornada del profesorado de Artes Visuales (Foto Belén Dugo).

La charla tuvo un auditorio de mayoría femenina en el marco de la Jornada del profesorado de Artes Visuales. Foto: Belén Dugo.

Una creación colectiva

Milagros Pochat investigó sobre estas artistas y para eso también las pintó. A muchas de ellas no se les conoce la cara, y para conocerlas ella buscó sus fotos y las retrató y esos retratos son parte del libro.

“Ponía la foto en la computadora y apagaba la luz porque empezaba a trabajar muy temprano y necesitaba captar bien la imagen para después poder pintarlas. Pero si yo no las conocía, si no las tenía enfrente era difícil. Entonces era como si estuviera tomando unos mates con ellas porque era mirarlas mucho tiempo para pintarlas. El retrato tiene eso, Celia Paul lo dice hermoso; el retrato es un acto de amor, es una mirada muy profunda sobre el otro”.

También se pueden encontrar reversiones de sus obras que, además de presentarnos el trabajo, empujan la curiosidad de querer ver el original y quizás adentrarse más en el trabajo. Luego de una sección en la que se habla de la biografía de la artista, se llega a un texto más personal de Pochat donde comenta a la artista, cómo la conoció o por qué es importante dentro del canon artístico. Pero más allá del posible dato interesante, el libro intenta ser un posible punto de partida para seguir buscando más.

En su proceso de investigación, Pochat se topó con un problema de la academia que es la posesión del objeto de estudio, el recelo por la firma. Las cátedras incluso se cimentan en esas ideas. Sin embargo, la autora se cruza con investigadoras e investigadores del arte que la alentaron y le dieron su apoyo para escribir su libro. Y finalmente, sobre la autoría, define que “el nombre propio estaba por una cuestión de que tiene que estar. Este libro de verdad está construido con un montón de investigaciones, es una creación colectiva”.

Contra el individualismo

Si bien la autora comenta que su primera pregunta no parte de una mirada feminista, todo lo que ocurrió con el movimiento feminista ayudó a cristalizar eso que se cuestionaba. “Hay algo que no está cuajando acá”, se dio cuenta. Desde lo personal se llegó a lo colectivo. “Entonces la violencia que estábamos viviendo, que estábamos militando, que estábamos en las calles pidiendo, también se reproducía en el mundo del arte. La primera premisa que tenemos de la exclusión de las mujeres en el arte es que no están tanto en las instituciones. Entrás a un museo, nos pasa en el Museo Nacional de Bellas Artes hoy, 2026, y son mucho más los varones en porcentaje real” que exponen.

(Foto Ayelén Medina).

Milagros Pochat: “Darle a un artista o darle el tiempo es, hoy en día, el acto de amor más grande que podemos dar al otro”. Foto Ayelén Medina.

El concepto de Club es también fundamental porque la idea que intenta superar el libro es la del individualismo. La clave está en “lo público y lo privado. Puedo formarme en el arte, pero estar en casa pintando y que eso no se vea en lo público y puedo ser Picasso, que pinto en mi casa y que afuera tengo todo el reconocimiento mundial. Necesitamos la conquista de lo público. Porque es ahí donde también se da la lucha”.

Reivindica la figura de la mujer como artista y como trabajadora: “No es nada más que nos gusta el arte y ponemos música y nos inspiramos porque somos personas sensibles. Sí, pero también hay condiciones materiales de existencia. Y no las podemos eludir, y menos en este mundo”.

Ese trabajo implica para la autora ser parte de la ciudadanía y estar al tanto de lo que pasa, de la mirada y del deseo, de los derechos y la posibilidad de construir otros mundo posibles. “Nos enseñaron a todo pensarlo y todo racionarlo y de repente nos encontramos en estas mujeres que hay otras sensibilidades, hay otras maneras de cuidado, hay otras maneras de entender el mundo que no es de la forma individualista. El individualismo es un poco el síntoma del patriarcado y del capitalismo. El feminismo nos muestra en la historiografía del arte que hay comunidad, que hay club, que hay reunión, que hay un reconocimiento y que hay una co-construcción”.

El arte además desafía el utilitarismo de estos tiempos: “El arte nos pide tiempo. Darle a un artista o darle a alguien el tiempo, es, hoy en día, el acto de amor más grande que podemos dar al otro”. Y también disputa la idea del arte como una mera distracción: “El arte no es un compartimento de la realidad. No es que voy y disocio. No es fingir demencia. No creo en ese arte. El arte es el que mira al mundo y que de alguna manera buscamos poder hacer algo con el mundo, hacerlo un poquito mejor. O, por lo menos, ponerlo en cuestión”.

Las profesoras Andrea Brunotti, Sabrina Gil, la directora Florencia García, Milagros Pochat, la regente Soledad Ros Puga y la jefa de área de Profesorado Sol Mena.

Las profesoras Andrea Brunotti y Sabrina Gil, la directora Florencia García, Milagros Pochat, la regente Soledad Ros Puga y la jefa de área de Profesorado Sol Mena posan con los ejemplares de Club de mujeres artistas. Foto Belén Dugo.

Un libro de arte piola

La autora cierra su exposición contando una anécdota de su prima, que estudia Historia del Arte en el Museo de Bellas Artes. “Los amigos juntan una vaquita para hacerle un regalo. Me preguntan a mí y les digo, ‘ya que está estudiando Historia del Arte, regálenle un libro de arte piola’. Viene mi prima y me dice, súper contenta, ‘¿no sabés el libro que me regalaron?’ Y saca el tomo de Gombrich. Recién empezó a estudiar. Y yo, estando con los amigos ahí, le dije ‘¡qué bueno!’.

Sin embargo, aclara: “Hay que leer a Gombrich para poder conocer esa parte, poder entender cómo se contó la historia. Es importante que esos libros estén para poder hacer otros libros. Entonces, la agarré a mi prima al final y le dije, ‘léelo, es un libro fundante’, pero después van a venir un montón de libros más que quiero que tengas también”.


Las fotografías que acompañan este artículo fueron realizadas por las alumnas de 4º año turno mañana de la carrera de Fotografía Ayelén Medina, Belén Dugo y Micaela Figueroa, coordinadas por la docente Ana Clara Saenz.