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Opinión 21 de agosto de 2016

Mujer: la fuerza y el poder

por Alejandra Martínez

“Mujeres tenían que ser!” Es el título del libro escrito por el historiador Felipe Pigna. ¿Qué esconde esa exclamación tan rioplatense? Si desfragmentamos la oración entendemos que el sujeto del análisis es “mujeres” pero el verbo que le da vida y columna vertebral a la frase es “tienen”, derivado de su infinitivo. La idea puntual es encontrar detrás de ello las cualidades que hacen que una mujer sea una mujer, independientemente a su conformación biológica. Mujer es fuerza y es poder.

Las mujeres tienen, desde su construcción, la sensibilidad necesaria para ser transversales a todo el campo del sentido de existencia. Quizás sea muy filosófico este postulado, pero la realidad es que la mujer tiene el don de custodiar la vida, incluso antes de que esta sea parte viviente de un mundo. Y esto no quita del plano del elemento de la fuerza y el poder a aquellas que no son madres, ni tampoco limita a la mujer a esto solamente. No vamos a caer en trampas de construcción cultural arcaica.

La mujer es en esencia una persona con capacidad transversal de entender y sensibilizar la existencia. Algo que es oportuno y genuino del género. La mitad de este mundo está poblado por mujeres, y la otra mitad son hijos de mujeres. Así de inmensa es la vitalidad de la presencia.

En las mujeres están quienes no tienen hijos de sangre, pero que tienen miles de personas que cuidan y protegen, con sus políticas, con sus acciones, con su dedicación, con su palabra. No es necesario para una mujer conquistar desde Nueva York, porque el ejemplo muestra que desde Calcuta también se puede. No importan los contextos para las mujeres y allí está el elemento fundamental. Entender que la mujer es sinónimo de vida, más allá incluso de la biología. ¿Ser mujer es un estado netamente anatómico?, o se es mujer aun después de la razón científica.

Cuando entendemos que los escritores como García Lorca, pueden interpretar a las mujeres de una manera única, es sin duda un claro ejemplo de que el concepto “mujer” es tan amplio que llega y aborda sin importar físico. O llegando a nuestro tiempo, Hernán Casciari entiende a la mujer y la interpreta como nadie, sensible, humana, madre. Ser mujer es en parte un don, y serlo ocurre en su mayoría a personas con una anatomía particular, pero no es esto el excluyente ni el requisito básico.

Hay mujeres que nacen y despiertan en otra estructura que difiere a la comúnmente instalada. La mujer revoluciona porque, entendiendo que su impronta custodia la vida, donde esté y donde vaya tiene una misión revolucionaria. ¿Por qué? Porque en los contextos más cruentos las mujeres están presentes transformado. Transforman y dan vida. Fecundan con su personalidad y forma de ser, nuevos caminos y nuevos horizontes.

La fortaleza es parte de ese don superador, de esa inteligencia emocional, y que propicia a las mujeres en este mundo. Ninguna mujer se rinde, ninguna madre se rinde y dice que “no se puede”, ninguna mujer de familia de pescadores, cuando los esposos trabajan horas y días en altamar, deja una casa sin conducción, sin cuidar a los vínculos primarios, afronta miedos y levanta espíritus. Ninguna mujer en los campos de concentración dejó de cantar canciones de cuna a sus hijos, ninguna Abuela de Plaza de Mayo dejó de buscar a su nieto.

Ese don, esa esencia, esa característica, esa cualidad, no pasa por un vientre físicamente materializado sino por un vientre simbólico donde fecunda la vida sobre la tierra. Encontrar en cada lugar una forma de ser instrumento generador de vida es cualidad de una mujer.

Pero sin querer volar en el camino de la filosofía que nos podría encontrar horas debatiendo, quiero hacer referencia al ejemplo argentino de fuerza y de poder.

El poder es legítimo y es legal, todos conocemos esa base de las ciencias políticas. En algunos casos es más legal y otros más legítimo, también de esto conocemos en nuestra historia. Pero Eva Duarte, Evita, legitimó su fuerza y su poder, haciendo de la vida y el valor de la misma, la transversalidad de su existencia.

Claro que en el medio hubo miedo, hubo desazón, hubo amor, pero el valor pudo más, y fue tan inmensa su creencia y fe en ese valor que transcendió fronteras y siglos.

Es increíble como en “La Razón de Mi Vida”, Eva puede escribir sus días con tantas historias de amor y de coraje político. ¿Cómo sería esa narración desde los ojos de otra mujer?, del mismo modo. Eva pudo explotar su esencia y generar la empatía necesaria para transformarse en madre de una patria que nació con su magisterio.

No fue necesario una vicepresidencia, estando en vísperas de un nuevo aniversario del Cabildo Abierto en la liturgia justicialista. No fue necesario un título democrático, porque transcendió su fuerza en una legitimación popular que logró ser más de lo que se espera de un cargo público.

Las mujeres que no se conforman con “ser mujer” desde la óptica cultural, son las que marcan el camino para que las mujeres seamos parte de una realidad vivida en igualdad e identidad.

Eva entendió que no es difícil morir por una causa que se ama, o simplemente morir por amor. A veces los pensamientos elevados son difíciles de entender para los obtusos, pero no por eso no dejan de ser ejemplos inexplicables. Morir por una causa que se ama, es el paso a la inmortalidad. Es vivir para siempre.

Fuerza y poder, es lo que tiene una mujer. Vivir y morir por una causa que se ama es lo que la hace grande.

(*): Diputada Bloque Frente para la Victoria-Partido Justicialista.



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