"Sex, la obra", estrena este martes en el América. "La libertad creativa que tengo, la pregono, la ejercito y también me hago cargo de las consecuencias", aseguró el dramaturgo y director que inicia temporada con la obra de mayor convocatoria a nivel nacional de 2025.
“Sex, la obra”, el último espectáculo de José María Muscari que es una oda a la libertad y a la diversidad, inicia este martes su temporada de verano.
Con Diego Ramos, Julieta Ortega, Gloria Carrá y Nicolás Riera, el mismo elenco que la estrenó en Mar del Plata, en abril de 2025, la propuesta hará funciones de martes a domingos, a las 21.30, en el Teatro América (Luro y Corrientes).
El espectáculo vuelve tras una gira por todo el país que lo convirtió en la obra más elegida a nivel nacional.
“Para mí fue una experiencia súper feliz”, confió el coautor -junto a Paola Luttini- de la versión en texto del concepto que viene desarrollando desde hace más de seis años.
“Era una asignatura pendiente y fue todo un desafío convertir el show que le da apertura a determinados temas, en texto, profundizar en la parte de la dramaturgia, en lo conceptual y en los temas”, confió el experimentado y prolífico artista.
Aunque desarrolla sus proyectos solo con el fin de “ser feliz” y no con el objetivo explícito de provocar o interpelar, sí apuesta a ser fiel a sus ideas y convicciones y se opone a la condescendencia. “Sé que mis espectáculos no son tibios en cuanto al sexo”, aseguró en la charla con este medio. Y profundizó: “la libertad creativa que tengo, la pregono, la ejercito y también me hago cargo de las consecuencias”.
“Contundente”
A diferencia de la experiencia “Sex”, con 20 intérpretes, baile, acrobacia y escenas simultáneas en distintos espacios, “Sex, la obra”, está centrada en cuatro intérpretes, que comparten características centrales para el autor y director: “Son actores de toda la vida, los conocemos por hacer ficción, por hacer personajes, tienen mucho conocimiento del escenario y de la palabra. Y ninguno es conocido ni por escándalos ni por cosas de su vida personal. Creo que la mejor cristalización de que el espectáculo es noble, sobrio, contundente, con un mensaje, con mucho trabajo en escena y que de alguna manera respalda, revalida el éxito que tuvo todo el año, es quienes lo llevan adelante”, valoró.
Y destacó que el éxito de la propuesta lo entusiasma porque “es fuente de trabajo para un montón de gente, no solamente los que uno ve arriba del escenario, sino toda la gente que trabaja afuera y atrás del escenario”.
Exponer el sexo desde un lugar luminoso
“Sex, la obra” busca dialogar, mostrar, enunciar, exponer el sexo desde un lugar luminoso y “está nutrida por una puesta muy contundente, tiene proyecciones, tiene una gran fantasía que dialoga y todo el tiempo y sublima determinadas cosas que pasan en escena con videos que fueron grabados especialmente, tiene una puesta de luces impresionante, pero básicamente es una obra de texto”.
Muscari apuntó que quiso proponer algo diferente a la idea “un poco legada, del sexo como algo pecaminoso, como algo oscuro, como algo secreto, vedado”.
-En distintos formatos hace seis años que estás abordando la sexualidad, la libertad, la diversidad ¿Sigue siendo importante hablar abiertamente del tema en teniendo en cuenta retrocesos en derechos, como la ESI, prejuicios que siguen existiendo?
-Tan importante como que este espectáculo, que está en las antípodas, fue el de mayor convocatoria a nivel nacional y nos permite soñar en una temporada de verano, en relación al canto de la diversidad, por decirlo de alguna manera, que creo que es un sello de “Sex” en todos sus formatos. Un espectáculo que lleva 6 años y que estuvo en los gobiernos anteriores y en el presente y ojalá en los que vendrán, también habla de en qué lugar la sociedad ubica esos retrocesos, porque quizás hay mucho quilombo en el Congreso, en lo político, de los que llevan adelante determinadas decisiones, pero en la calle, en el público, está muy clara la elección si no, ¿por qué querría una persona que en la vida cotidiana no hubiera diversidad, pero gastaría plata de su bolsillo en comprar una entrada para ver una obra que es una oda a la diversidad? No tendría lógica. Por lo cual, creo que es un juego más político que social en ese sentido. Yo sigo sosteniendo mi discurso personal como artista y, sobre todo, mi discurso personal como creador. Cuando pongo a dos mujeres de 50 años, a hablar de sexo, en lugar de hablar de menopausia, estoy jugando una ficha política en relación a lo que pienso sobre la mujer y el sexo. Cuando pongo de protagonista bastión de la obra a Diego Ramos, que es un gay asumido socialmente desde hace muchísimo tiempo, también estoy diciendo lo que pienso en relación al vínculo con lo social. Cuando elijo que Nico Riera, que es de otra generación, sea ‘el representante de la heterosexualidad o de lo heteronormado en la obra’, tampoco es ingenuo elegir a un actor que no creo que por casualidad esté en pareja con una mujer como Thelma Fardín, que es una activista súper concreta. Ahí está clara la posición política que uno tiene. Personalmente, yo descreo del mundo de la política. No me representan ni nuestros gobernantes actuales, ni los que estuvieron antes y ojalá que alguno de los que vengan me represente alguna vez.
En mis 49 años no tengo un contrato hecho por nadie, más que por la actividad privada. Más allá de que puedo haber trabajado en el Teatro Oficial, en el Teatro Nacional. El año que viene voy a dirigir en el Cervantes. Durante diferentes presidencias, incluso la de Milei, pero también la de Cristina trabajé en el San Martín. Justamente porque soy una persona que me parece que es muy claro que mi juego dentro del mundo del espectáculo no es de asociación a ninguna figura política. Tengo una mirada muy crítica sobre todas las personas que estuvieron al frente del país.
-Se dice que vos provocás con tus textos, con tu forma de dirigir con tus propuestas. Me parece más que ¿buscás interpelar, movilizar, proponer?
-En realidad la respuesta más sincera es que yo no busco nada más que ser feliz y quizás parte de esta “felicidad” que busco esté relacionada con poder escucharme y con poder hacer realmente lo que tenga ganas, no con ser condescendiente. Y en ese sentido sí creo que me doy determinados lujos, que me los di siempre no ahora con la acumulación de experiencia. Empecé a los 20 años a dirigir obras de teatro y siempre, de alguna manera, mis espectáculos pateaban el tablero o rompían la norma, no porque yo lo pretendiera hacer. Nunca hubo una búsqueda transgresora en lo que hago, es más, la transgresión me resulta muy vintage. Mis espectáculos están muy relacionados a la libertad y esa libertad creativa que yo tengo, la pregono la ejercito y también me hago cargo de las consecuencias. Yo sé que mis espectáculos no son tibios en relación al sexo. Si a vos no te gusta que las cosas se llamen por su nombre o te pone mal que una mujer exprese claramente que su territorio de goce es la masturbación, si te va a perturbar que haya un discurso deconstruido de lo que significa ser hombre, ser mujer o un respeto por todas las diversidades… y, Sex, no es el espectáculo que tenés que venir a ver.