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Deportes 15 de diciembre de 2018

Nación, con bombas y platillos

Derrotó 3-0 a General Urquiza para ser el campeón 2018. Dos poderosos remates desde lejos, uno de Faguaga y otro de Franco Ponce, le allanaron el camino. Pero siempre fue más equipo que su rival. Así se terminó una sequía de 66 años.

por Sebastián Arana

Nación le puso fin a una espera de 66 años. Llegaba con una ventaja mínima a la localía de General Urquiza en cancha de River. Y se impuso con más claridad que en su propio estadio: un rotundo 3-0 sobre un rival atado y nervioso para consagrarse campeón de la temporada 2018 de la Liga Marplatense de Fùtbol.

Fue el último acto de justicia para con este buen equipo de Luis Machado. Porque demostró que es más que la dureza de su localía. Es cierto que conoce como pocos los secretos de su cancha y que allí ha levantado un fortín inexpugnable. Pero tiene jugadores con un bagaje técnico que les permite lucirse más todavía sobre céspedes más parejos.

Por caso, Matías Faguaga, el hombre de esta segunda final. Lo del zurdo fue “in crescendo”. En la media hora inicial pasó casi tan inadvertido como los otros veintiún protagonistas. Pero luego empezó a gravitar, abrió el camino con un golazo y tuvo el partido atado a su zurda en todo el segundo tiempo.

General Urquiza, obligado por el resultado, no encontró casi nunca la forma para lastimar, la manera de enlazar con sus dos buenos delanteros, obligados a pelear siempre en inferioridad numérica. Apenas la voluntad de Burattini, peleándole a los problemas en la espalda que lo persiguen desde hace semanas y también al perfil cambiado. Aún moviéndose por la izquierda, el ex Peñarol generó la chance más importante, la que pudo cambiar la historia. A los 5′ desbordó por la izquierda, enganchó y envió un centro de derecha, que Mariano Pintos, muy libre, cabeceó afuera.
Ocurrió muy poco más en la media hora inicial. Apenas un potente tiro libre desviado del propio Burattini. El resto fue una pulseada cortada (21 faltas antes del entretiempo) y confusa en la mitad de la cancha, jugada muy lejos de los arcos.

Hasta que Faguaga empezó a tocar un poco más la pelota y a hacer entrar en juego a Ogas, siempre la llave para abrir la defensa rival. A los 31′ el potente atacante debordó y envió un centro cruzado. Sosa no llegó por poco, Machado capturó el balón en el otro sector y tocó atrás para Alvarez, cuyo remate fue desviado por Colaneri.

Ogas, mejor alimentado, generó dos insinuaciones más (un centro cruzado que nadie conectó y un remate pisando el área al cuerpo de Lalosevich) y a los 45′, liberado por un tiro libre ejecutado rápido por un compañero, quedó delante del arquero, lo fusiló y Lalosevich desvió al córner a puro reflejo. El tiro de esquina, desde la derecha, lo ejecutó Faguaga. Se produjo un rebote hacia un costado y el propio “10” lo capturó cerca del vértice del área grande. Y entonces levantó la cabeza, “relojeó” la posición de Lalosevich y sacó un precioso zurdazo con comba que aterrizó en el ángulo superior del segundo palo. Aunque dio la sensación de que el arquero pudo haber hecho algo más, golazo. Un tremendo golpe psicológico para Urquiza a segundos de ir al descanso.

El equipo de Di Fonso salió con renovados bríos al complemento y a los 2′ Vecchiarelli atajó abajo un complicado remate de Flores. Cinco minutos más tarde, ingresó Raúl Melga para potenciar la búsqueda y enseguida le cedió un buen balón a Barros, quien con poco ángulo sacó un remate cruzado que controló el arquero.

Pero el propio Melga, sin embargo, terminó de enterrar a los suyos. A los 13′, sin pelota y ante la vista de Sanz, le aplicó un golpe en la cara a Gastón Lastra. El árbitro lo expulsó de inmediato y ese fue el final de las aspiraciones de campeón de su equipo.

General Urquiza ya no llegó. Faguaga metió la final debajo de su suela y ya no la soltó. De los pies del zurdo nacieron demoledoras réplicas para la velocidad de Ogas. Si el potente delantero hubiera estado un poco más preciso, el resultado final pudo ser escandoloso. Pero Lalosevich, redimiéndose del error del primer gol, le tapó dos llegadas muy francas.

Lo que Ogas no pudo lo resolvió Franco Ponce. “Chicho” ingresó a la cancha reemplazando a Machado, corrió unos metros hacia el medio, recibió un pase corto de Faguaga y sacó un “misil” de 40 metros que se metió en el ángulo superior derecho de Lalosevich. No lo sacaba ni Armani. No hacía ni quince segundos que el ex Racing y Alvarado había ingresado a la cancha y ya liquidaba la final.

Lo que siguió fue algo así como el juego de “el gato y el ratón”. Cada vez que Urquiza iba hacia adelante, era medio gol de los de Luis Machado. Matías Sosa, antes de ser reemplazado por Juan Gilardoni, perdió una chance increíble. Nicolás Colaneri fue expulsado a instancias del línea por golpear a un rival. Y en la jugada final, después de otra tapada de Lalosevich a Ogas, esa bandera “azul” que es Gilardoni aprovechó el rebote y convirtió el tercero.

Tres a cero. Cinco a uno en el global. La diferencia entre un equipo que a lo largo de ciento ochenta minutos tuvo claro cómo lastimar y otro cuyas certezas fueron difusas. Esta final para Nación, en el año de su centenario, fue una verdadera fiesta. Con bombas, como las de Faguaga y Franco Ponce, y platillos. Completita.