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Cultura 8 de noviembre de 2026

Nicolás Braessas, editor y traductor de Hwarang: “En Corea todos son una gran familia”

Fundó una editorial para traer la literatura coreana, sin intermediarios. Su catálogo presenta la cultura del país, desde las palabras que no se pueden traducir, pasando por la literatura clásica hasta la contemporánea, que refleja las problemáticas de una sociedad que cambió vertiginosamente en el último siglo.

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Nicolás Braessas es editor, autor y traductor. Estudió coreano en la Universidad de Seúl y se formó como traductor en el Lenguas Vivas Sofía Spangenberg.

Por Félix Lencinas

En los años recientes, Corea del Sur se ha puesto en el centro de la escena cultural del mundo a través del K-pop, con bandas como BTS llenando estadios en La Plata; de series, como El juego del calamar, y K-dramas entre las más vistas en plataformas; y del cine, con películas como Parasite, ganadora del Oscar.

Pero cuando Nicolás Braessas, traductor y editor, decidió fundar el sello editorial Hwarang en 2019, Corea no estaba tan de moda. En 2013 fue a un ciclo de cine en el Centro Coreano en Buenos Aires y quedó muy impresionado. Eso lo llevó a estudiar coreano con un profesor nativo y luego viajar a Seúl para profundizar. A la vuelta se dio cuenta de que muy poco de aquella cultura llegaba a nuestro país y decidió fundar la editorial para difundirla.

El nombre hwarang proviene de una élite de jóvenes, “los guerreros flor”, del antiguo reino de Silla. Eran jóvenes y bellos, dominaban todas las artes, incluidas las artes marciales, para ser los guardianes de la cultura. Basado en ese espíritu, bautizó la editorial con ese nombre y su objetivo principal fue traer la literatura y la cultura coreana directamente a Argentina, y posteriormente también a Latinoamérica, sin intermediarios de Europa o Estados Unidos.

Hoy en día, el catálogo de Hwarang es extenso y contiene literatura coreana que va desde clásicos como La historia de Hong Kiltong, la primera novela publicada en lengua autóctona usando el hangul. Luego, llega al siglo XX con títulos como Llamas Rojas, que compila cuentos escritos bajo una óptica proletaria, o Como si no nos conociéramos, que contiene relatos escritos por mujeres que desafiaban las normas establecidas por la sociedad y que fueron la piedra fundacional de una literatura que llegaría hasta la obra de Han Kang, premio Nobel en 2024.

Los autores que publican son diversos: hay narrativa en la que predomina mucho el realismo, porque tiende a ser una literatura crítica de la sociedad en la que viven. También podemos encontrar poesía, empezando con el vanguardista A vista de cuervo de Yi Sang, que tiene varias traducciones muy interesantes que combinan lenguas en contacto, hasta Planta a planta comienza la tierra, un proyecto que juntó a varios poetas latinoamericanos para escribir en sijo, la forma poética coreana más tradicional.

Incluso hay libros de ensayo como Chamanas, monjes y sabios: las religiones en Corea para sumergirse en ese ámbito o hasta un libro de cocina coreana.
Si queremos conocer algo del idioma, está ¡Pali Pali! Palabras intraducibles de la lengua coreana, que, además, el autor vino a presentar en la Feria del Libro de Mar del Plata. Es imposible no salir embebidos de la cultura coreana con este catálogo. Las propuestas, además, invitan a observar un lado menos luminoso que el que podemos encontrar en otros espacios de la cultura coreana.

Sobre eso y otros temas fue la charla que LA CAPITAL tuvo con el editor Nicolás Braessas antes de dicha presentación en esta ciudad.


“Corea es un país con unas dinámicas muy complejas y la literatura suele ir de frente con esos problemas”.


—Hwarang nació en 2019 con la idea de traer literatura coreana directamente desde Corea sin ningún intermediario. ¿Cuál es el panorama que ves desde que arrancaron hasta hoy?

—Cuando arrancamos, Corea no estaba tan de moda. Hubo algo que fue el Oscar a Parasite, que de repente empezó a disparar la conversación sobre Corea para todos lados y lo que era de nicho empezó a ser masivo. Capaz que gente que no había ido al país empezó a ver películas coreanas, comer comida coreana. Es como que realmente estalló la cultura coreana en Argentina.

—¿Qué particularidad tiene la literatura coreana contemporánea?

—La literatura contemporánea es como el reflejo de una problemática de lo que es Corea del Sur. Tal vez nosotros tenemos como la versión más maravillosa de la tele, de la música pop, pero Corea es un país con unas dinámicas muy complejas y la literatura suele ir de frente con esos problemas. Por ejemplo, el problema inmobiliario. Corea es un país muy chiquito: tiene alrededor de 50 millones de habitantes. Es como si la población de Argentina viviera en la superficie de Catamarca. Y eso hace que, por ejemplo, la vivienda sea un problema. Otro tiene que ver con los choques generacionales. Por ejemplo, un abuelo capaz que vivió en la guerra de Corea, cuando Corea era uno de los países más pobres del mundo, literalmente, un PBI casi africano. Y hoy es una de las primeras potencias del mundo a nivel económico. Capaz que el abuelo no conoció lo que es la electricidad y hoy su nieto es un doctor en física.

—¿Y la literatura a través de qué género expresa esa crítica?

—La literatura, y el cine también, son bastante críticos. Lo vemos en todos los grandes clásicos que nos llegan normalmente. Básicamente, la tradición de la literatura coreana es el realismo, que permite la crítica social.

—¿Y el premio Nobel que le dieron a Han Kang en el 2024 potenció la literatura coreana?

—Yo creo que sí. Porque, si bien es un nicho la literatura coreana, era un nicho con un piso alto y un techo que no sabíamos dónde estaba. Han Kang lo que hizo fue darle prestigio. Yo distribuyo en casi toda América Latina y en España. Y me pasaba cuando iba con distribuidores, que en general eran personas de más de 50 años con los que tenía que negociar, que les decía Corea y no les sonaba para nada. Me decían: “No nos interesa, no sabemos qué es eso, no creemos que se pueda vender”. Y nosotros veíamos que en la Argentina había mucha demanda de esos libros. Pero con el Nobel cambió esa idea de Corea.

—¿Su público es más joven y ahora hubo más interés de uno más adulto?

—Sí, no solamente el público más adulto, sino también gente del mundo académico de las letras. Como Corea nunca había participado en ese debate era una desconocida.

Algunos de los libros publicados por la editorial Hwarang.

Algunos de los libros publicados por la editorial Hwarang.

La poesía coreana

—Uno de tus trabajos más complejos fue traducir A vista de cuervo del poeta Yi Sang, ¿no?

—Sí, Yi Sang es uno de los grandes poetas vanguardistas de Corea. Es el Rimbaud coreano. Y realmente fue muy difícil, pero también muy gratificante.

—Además de tu traducción al rioplatense, hay versiones que usan otras lenguas en contacto. Esta obra de Yi Sang mezcla el coreano, el japonés y el inglés.

—Exacto, en ese momento Corea estaba invadida por Japón y un escritor, si quería internacionalizarse, tenía que escribir en japonés. Parte de la obra de Yi Sang está en japonés y la otra parte, en coreano. Había mucha mezcla de lenguas en sus obras y nosotros queríamos respetar eso. Está bien hacer la traducción en español, pero también queríamos mantener la tensión de lenguas que hay en toda su obra.

—En relación con la poesía, otro de los libros que han editado, “Planta a planta comienza la tierra”, reúne a poetas latinoamericanos para recrear el sijo. Quizá sea incorrecta la comparación, es parecido al haiku japonés, ¿o no?

—Lo que tienen en similar es la función cultural que cumple en el país. Así como todo el mundo escribe haikus en Japón, todo el mundo escribe sijos en Corea. Es su métrica más famosa. Si bien son versos breves, son distintos: el haiku es 5-7-5, y el Sijo es, aproximadamente, 14-14-14.

—Es más extenso.

—Sí, y lo que quisimos hacer con ese libro, en vez de traducir a los grandes poetas del sijo, fue contactarnos con 24 poetas latinoamericanos, presentarles la forma, darles un tema, que era el calendario tradicional de Corea, y que ellos experimenten con la forma. Creíamos que la forma más viva de traer esa métrica era a través de nuestros poetas.


“Corea del Norte tomó caminos más propagandísticos, que pueden tener valor histórico, pero valor literario, sinceramente, muy poquito. Casi toda la literatura norcoreana es propaganda”.


Breve historia de la literatura coreana

—Cuando hablamos de la Corea actual, en este caso hablamos siempre de Corea del Sur, ¿hay alguna influencia de Corea del Norte en esta ecuación literaria?

—La literatura norcoreana fue por caminos muy distintos. Tenemos una antología que se llama Llamas rojas, que es de cuando Corea era solo una, antes de la división. Ahí hubo mucha literatura proletaria, obrera, y casi todos esos escritores se quedaron en el Norte. Pero la verdad es que tomó caminos más propagandísticos, que pueden tener valor histórico, pero valor literario, sinceramente, muy poquito. Casi toda la literatura norcoreana es propaganda.

—Y sobre la literatura clásica coreana, ustedes han editado algunos títulos con un poco más de tradición.

—Sí, nosotros tradujimos la novela popular más importante, que es La historia de Hong Kiltong, una suerte de Robin Hood a la coreana. Era un bastardo al que echan de la corte, y se hace bandido. Esa es la novela más popular de Corea, capaz que no todo el mundo la leyó, pero es como que a nosotros nos digan Martín Fierro, capaz que no lo leíste, pero es imposible que un argentino no sepa quién es Martín Fierro. Pasa lo mismo con Hong Kiltong, es parte del imaginario popular, hay mil películas, cómics, videojuegos, es un personaje que se recicla todo el tiempo.

—¿Por qué se popularizó? Por ejemplo, “Martín Fierro”, por sus características, circuló mucho en las clases bajas. ¿Acá pasó algo parecido?

—Creo que sí, porque en la Corea clásica, un hombre podía tener una esposa legítima y muchas concubinas, y los hijos de esas concubinas eran bastardos y no podían acceder a tantos derechos como los hijos legítimos. Y que la historia de Hong Kiltong, como suele ocurrir en la literatura clásica, sea la de un hombre casi perfecto, pero también la historia de un bastardo que no puede ascender por su condición apeló mucho al pueblo.

—Otra rama muy importante de lo que editan tiene que ver con la mujer y el feminismo de principios del siglo XX que existió en Corea.

—Hicimos un rescate de las primeras escritoras modernas de Corea y es literal, porque antes de ellas, las mujeres tenían prohibido leer y escribir. Las únicas mujeres que podían llegar a eso eran algunas aristócratas, con mucha suerte, porque era indecoroso que las mujeres leyeran y escribieran, y las cortesanas kisaeng, que son el equivalente coreano a las geishas. Ellas sí podían leer y escribir. Nosotros lo que hicimos fue rescatar a esas autoras que realmente fueron pioneras, y para poner un equivalente con la Argentina, eran una suerte de Victoria Ocampo coreana, mujeres de clase alta que decidieron ser educadas.

El libro ¡Pali Pali! Palabras intraducibles de la lengua coreana contiene ilustraciones de la artista Flor Kaneshiro.

El libro ¡Pali Pali! Palabras intraducibles de la lengua coreana contiene ilustraciones de la artista Flor Kaneshiro.

Del coreano al rioplatense

—¿Cuál es el desafío más grande de traer libros desde Corea?

—Sinceramente, hoy el desafío más grande es que ante la popularidad de Corea, los precios se dispararon. Antes era realmente fácil comprar derechos, y hoy estás compitiendo contra España todo el tiempo, los precios se volvieron absurdos.

—¿Las traducciones están pensadas para un público en general en español, hay una traducción rioplatense, o cómo manejan las diferencias?

—Yo soy medio enemigo del español neutro. Me parece que no convence a nadie, que no le gusta a nadie. Como hay poquitos traductores coreanos, yo traduzco algunas obras al argentino. Trabajo también con un traductor español, con una colombiana, y dejo que cada uno traduzca a la lengua en la que se sienta más cómodo. Prefiero que alguien lea en español de España, en argentino, en colombiano antes que en neutro. Me parece más natural, que suena mejor. Y hay que adaptar el oído a otros dialectos.

—No sería posible una versión neutra de A vista de cuervo.

—No, de hecho es curioso, porque el otro día justo recibí una queja de otro país, de un libro que está muy en rioplatense. Y yo le dije a esa persona, en buenos términos: “Qué curioso que te quejaste de este libro, pero no de los que están traducidos al español de España. ¿Por qué el de España no te hizo ruido y el argentino sí?”.


“Yo soy medio enemigo del español neutro. Me parece que no convence a nadie, que no le gusta a nadie”. 


—Es una queja común, incluso a veces de los propios lectores locales, porque les hace ruido una traducción al rioplatense. Por ejemplo, en el mundo del manga o de la historieta asiática también pasa un poco eso, ¿no?

—Está el caso de Ivrea, que es una editorial de cómics argentina que traduce al rioplatense y al principio generó mucha resistencia.

—Estás presentado Pali Pali que presenta palabras intraducibles del coreano. Teniendo en cuenta que el lenguaje influye en la forma de ver el mundo, ¿qué particularidades viste en la lengua coreana?

—La lengua coreana lo que tiene son un millón de jerarquías que el español no tiene. Nosotros solo tenemos el voseo y el usted. En cambio, en Corea podés hablar de 20 formas distintas según a quien le estés hablando. Yo te puedo escribir la misma oración para una niña de 5 años y para un anciano y vos, sin saber coreano, verías dos oraciones completamente diferentes en las que no se repite una palabra.

—¿Entonces el lenguaje se modifica en relación a quién le estás hablando?

—Sí. Si es hombre, si es mujer, si es grande, si es chico, si hay una relación de cercanía. Realmente es muy diverso el coreano, lo cual hace a veces complicado pensar ciertas ideas. Yo creo que esa es la mayor diferencia con nuestra lengua.

—Y en ese sentido, ¿hay alguna palabra por ahí que vos creas que representa esta visión particular?

—Sí, dos. Sunbae, que sería una suerte de ‘superior en la vida’, por ejemplo, un alumno de primer año en relación con los alumnos de quinto año o un junior con un senior, pero es mucho más compleja la relación. Eso no existe en nuestra cultura. Es una de estas jerarquías.

—¿Y la otra?

—Una que usan mucho las chicas que escuchan K-pop, que es oppa, que literalmente significa ‘hermano mayor’. Es curioso porque en Corea todos son una gran familia. Yo nunca trataría por el nombre a alguien. Si fuera mujer y alguien fuera mayor que yo, le diría “hermano mayor”. Y eso no lo podríamos traducir. Nos suena raro, es curioso.

—¿Tiene un sentido de cariño?

—No necesariamente con cariño, pero sí es cierto que las parejas mujeres a los novios les dicen oppa. Pero yo, por ejemplo, cuando cursaba, las chicas me decían ‘oppa’ porque yo era el más grande, pero no había amor ni nada. Era simplemente porque era un hombre mayor.



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