No volvió a la cárcel tras una salida transitoria, fue baleado y ahora seguirá detenido en su casa
Lucas Exequiel Figueroa había incumplido la salida transitoria en febrero. Un mes y medio después fue atacado a tiros en el barrio Fray Luis Beltrán y sufrió graves heridas. La Cámara revocó el rechazo del beneficio al considerar que el Servicio Penitenciario no puede brindarle la atención médica que necesita.
El 28 de marzo, mientras caminaba junto a su novia por una calle del barrio Fray Luis Beltrán, un automóvil frenó de golpe a pocos metros. Del vehículo descendieron entre cuatro y cinco hombres que, sin decir una palabra, comenzaron a dispararle.
Fueron más de veinte tiros. Cinco proyectiles impactaron en el cuerpo de Lucas Exequiel Figueroa, quien sobrevivió al ataque y fue trasladado en estado crítico al Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA).
En ese momento, además, se hizo efectiva la orden de detención que pesaba sobre él: no había regresado a la cárcel de una salida transitoria.
Las secuelas de aquel ataque fueron devastadoras. Sobre esa base, la Sala III de la Cámara de Apelación y Garantías revocó la resolución del juez de Ejecución Penal N° 1, Ricardo Perdichizzi, quien había rechazado el pedido de prisión domiciliaria. Los camaristas entendieron que, más allá de la gravedad de haber incumplido el régimen de salidas transitorias, el estado de salud del condenado imponía garantizarle un tratamiento adecuado, por lo que ordenaron que continúe cumpliendo la pena en el domicilio de su madre, en Quequén, bajo monitoreo electrónico y con un tutor distinto al que tenía cuando se fugó.
Es que según el último informe de la Dirección de Salud Penitenciaria, Figueroa presenta lesiones provocadas por los disparos que comprometieron el páncreas, por lo que debió ser sometido a una esplenectomía. Además, tiene una colostomía que requiere insumos médicos específicos, conserva proyectiles alojados en ambas manos y en el antebrazo izquierdo, perdió movilidad en la mano derecha y es considerado un paciente inmunodeprimido.
Además, el informe también advirtió que la Unidad Penal N° 37 no cuenta con el tratamiento de inmunización que necesita, situación que, de acuerdo con los profesionales, implica un riesgo para su vida. A ello se sumaron demoras en los traslados médicos y dificultades para garantizar la atención especializada que requiere su cuadro clínico.
El ataque que casi le cuesta la vida
No fue un hecho aislado. Para los investigadores, el ataque fue un nuevo capítulo de un enfrentamiento que se arrastra desde 2018 y que tiene como protagonistas a Figueroa y la banda conocida como “Los Cabitos”.
Según la investigación de aquel entonces, durante la madrugada del 27 de febrero de 2018 Lucas Iván Cabito llegó armado hasta una vivienda de Mugaburu al 7600, donde irrumpió tras patear el portón y efectuar disparos. En el inmueble se encontraba Figueroa junto a otras personas y, según declaró posteriormente, tomó un revólver calibre .22 para defenderse.
Cabito recibió un disparo y, ya gravemente herido, logró salir de la vivienda. Recorrió unos 150 metros hasta desplomarse en Sagastizabal al 7600, donde murió pese al auxilio de los vecinos. El Suzuki Fun en el que había llegado fue incendiado tras el enfrentamiento.
Las pericias determinaron que Cabito había disparado un arma de fuego y el dermotest practicado sobre sus manos dio resultado positivo. Además, los testimonios reunidos durante la investigación coincidieron en que Figueroa había respondido al ataque para proteger su vida y la de las personas que se encontraban en la casa.
“Llegó armado a mi casa y me defendí”, sostuvo Figueroa durante la investigación y luego reiteró esa versión en el juicio oral. Aunque el entonces fiscal Fernando Castro pidió su sobreseimiento por considerar acreditada la legítima defensa, la jueza de Garantías Lucrecia Bustos rechazó ese planteo y la causa pasó a manos del fiscal Leandro Arévalo.
Finalmente, en 2022, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 absolvió a Figueroa al entender que había actuado en legítima defensa.
Pese a ese fallo, su vínculo con el delito no terminó allí. Tras recuperar la libertad fue detenido nuevamente por otras causas y quedó alojado en la Unidad Penal de Batán, donde este año obtuvo salidas transitorias.
Sin embargo, el 9 de febrero incumplió ese beneficio y no regresó al penal, por lo que el juez de Ejecución Penal Ricardo Perdichizzi había ordenado su captura. Poco más de un mes después, mientras permanecía prófugo, fue emboscado cuando caminaba junto a su novia.
De esta manera, el hombre que pasó de quebrantar una salida transitoria a ser baleado mientras permanecía prófugo continuará privado de su libertad, aunque ya no en una cárcel.
La Cámara consideró que las graves secuelas del ataque y las limitaciones del Servicio Penitenciario para garantizar su tratamiento médico justifican que complete la condena bajo prisión domiciliaria, con tobillera electrónica.
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