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Cultura 23 de junio de 2020

Pedro Rey: “Los libros que valen la pena son los que se quieren releer”

En su nueva nouvelle "Trieste. Un cuento" retoma el personaje de Katsikas.

22/06/2020, Buenos Aires: En su nuevo libro "Trieste. Un cuento", el escritor y periodista Pedro Rey vuelve sobre Katsikas, personaje que dio título a su obra anterior, y que en esta oportunidad aparece interpelado por el violento clima de la Argentina de los 70 que lo lleva a escribir una historia en clave de ciencia ficción, y por cartas que recibe de un enigmático escritor argentino radicado en Europa. Foto: Julián Alvarez/Télam/CGL

En su nuevo libro “Trieste. Un cuento”, el escritor y periodista Pedro Rey vuelve sobre Katsikas, personaje que dio título a su obra anterior, y que en esta oportunidad aparece interpelado por el violento clima de la Argentina de los 70 que lo lleva a escribir una historia en clave de ciencia ficción, y por cartas que recibe de un enigmático escritor argentino radicado en Europa.

Rey, que como traductor trabajó sobre las obras de Salinger, Antonin Artaud y Raymond Queneau, incluye esta nouvelle en un ciclo de relatos a los que de manera global denomina “La lira argentina”, caracterizados por la pasión del arte de contar historias unidas con sorprendente erudición y humor.

En diálogo con Télam, el autor explica cómo concibió “Trieste” publicada por editorial Leteo.

– Télam: Teniendo en cuenta que el libro se caracteriza por la narración de varias historias con un encastre cual cajas chinas, ¿Cómo concebís la escritura literaria?

– Pedro Rey: Me gusta pensar que son cajas argentinas, menos perfectas. La diferencia es que más que encajar unas en otras estas son paralelas, simultáneas, se desplazan por su andarivel. Son como planetoides que se iluminan entre sí. Por un lado está Katsikas en su departamento, en el lejano 1977; por otro, las cartas que desde Trieste le envía Lilienthal; y en tercer lugar el cuento que escribe Katsikas. Si hablamos de argumento, diría que el que aglutina a “Trieste” ya está contado en dos párrafos de otro relato largo, “Dédalo”, del libro anterior. Hay otros dos o tres núcleos que figuran en “Trieste” y, por decirlo así, se desarrollan más en otro lado. Me aburre un poco la idea de contar un cuento tradicional, aunque tampoco me niego. Por lo general estos cuentos o nouvelles están hechos de varios relatos. Busco que cada uno pueda leerse de manera individual.

– T:¿Qué idea te acompañó a la hora de escribir este libro, porque hay momentos históricos a los que se hace referencia como los 70, la inmigración y la colonización de la Argentina, el éxodo y regreso de los que se fueron?

– P.R: “Trieste” es el desprendimiento de una colección demasiado larga, con relatos que tienen una longitud parecida, medio desorbitada. No lo escribí como libro ad hoc. Al quedar en soledad, sí hubo que ampliar algunos detalles, pero los distintos temas que nombrás estaban ahí desde el principio. Ahora acabo de terminar un relato que transcurre en 2019 y otro ubicado en 1894. Y en los dos aparecen los movimientos de todo orden, viajes, migraciones. Deben ser una mezcla de gusto y trauma personal. Los años setenta también son parte de varios cuentos y, claro, principalmente de “Trieste”. Fueron los años que le tocaron a mi infancia.

– T:¿Por qué te interesó narrar un cuento de ciencia ficción en un contexto donde Argentina vive una dictadura?

– P.R: Siempre se dice que la ciencia ficción hace como que habla del futuro pero en realidad se refiere inevitablemente al presente. Me parece que en ese cuento -Katsikas no lo escribe para evadirse, sino porque no puede hacer otra cosa- hay un reflejo de la grisura y el miedo que olfatea. Ese cuento de ciencia ficción es una reversión de otro que escribí hace mucho: me pareció que hubiera faltado algo si no comentaba de qué iba ese “cuento del fuego” que escribe el personaje. El cuento de ciencia ficción habla en clave de su época, pero también de varias cosas de hoy.

– T: ¿El escritor Lilienthal está inspirado en algún escritor argentino en especial?

– P.R: En una época conocí a un poeta que vivía en el exterior y que parecía mirar el mundo con la ingenuidad maravillada del que lo ve siempre por primera vez. Estaba casado y era evidente que sin su mujer la fricción diaria con el mundo hubiera sido, ¿cómo decirlo’, insostenible. Las peripecias y desbarajustes de Lilienthal parecen dispararse justamente con el luto por su mujer. Lilienthal no es ese poeta (que nunca quedó viudo), pero a veces mira el horizonte de manera parecida. Pero no representa a nadie. Algunos detalles estrafalarios por los que pasa están inspirados en anécdotas reales de otra gente. Fuera de eso, aunque es muy distinto, me gusta pensar que tiene algo de Gombrowicz, el más argentino de los escritores no-argentinos. Y por ósmosis geográfica, que arrastra algo de la caótica vida de Joyce por eso de que el Ulises se escribió en gran medida en Trieste.

– T: Tanto Lilienthal como Giorgione aparecen como personajes farsescos, decadentes, ¿Jugaste con la idea de desacralizar la imagen de los artistas, escritor y pintor, en este caso?

– P.R: No sé bien qué es un artista hoy, ni siquiera sabría bien si hoy esa figura no está desacralizada, aunque es cierto que los dos personajes en cuestión, por imaginarios que sean, pertenecen al siglo XX. En todo caso ni a Lilienthal ni a Giorgione los veo como decadentes … Quiero decir, se los puede ver así, pero la vida de cualquiera que se sale un poco de la norma (sobre todo si se dedica a esas cosas) puede ser tomada en clave farsesca. Hace no tanto leí de pé a pa la interminable biografía de Jean-Yves Tadié sobre Proust. Tadié es un biógrafo minucioso, de esos que acopian y acopian datos hasta el sopor y escriben con un estilo aburridísimo. Y sin embargo, la vida de Proust, de la que jamás me reiría, tiene anécdotas inclasificables, mejores que las de cualquier supuesta ficción o comedia. Por ejemplo, cuando tuvo que hacer el servicio militar en la caballería o la única vez que trabajó (fue solo el primer día para… pedir que le otorgaran una licencia de varios años! ¡Y logró que se la dieran!).

– T: Katsikas vive en un departamento que no le pertenece y termina en un lugar que puede ser un campo o la pampa ¿Responde a una idea de escritor perseguido?

– P.R:La fragilidad de Katsikas es que ni siquiera busca lidiar con el lado práctico de la vida. En algún momento se quedó sin departamento y empezó a vivir a salto de mata. No es tan excepcional. Macedonio se la pasó años de pensión en pensión, olvidándose en los cuartos lo que había escrito. Sobre el costado político, no ser perseguido no significa que no se pueda ser víctima. La dictadura argentina probó que no es necesariamente así: fue tan criminal y cínica como sabemos, pero además era burra a más no poder.

– T: Hay un comentario de Guillermo Saavedra al final del libro sobre “la fascinación por lo que no se abre fácilmente a la comprensión”? ¿Cuánto de esa idea te acompañó en la escritura de esta nouvelle?

– P.R:Se refiere a la opacidad de la literatura, ese resto irreductible, que nunca llegamos a entender del todo. A mí, que bien o mal lo escribí, “Trieste” me resulta de una claridad meridiana, casi clásica, pero por suerte no lo es. Estamos tan acostumbrados en los últimos tiempos a que los libros sean de consumo rápido, puro sujeto y predicado, que termina por olvidarse que sin un mínimo de resistencia los libros no duran nada, es decir, no valen nada. Los que más me interesan, los únicos que de verdad me gustan, en todo caso, son esos que me hacen preguntar: ¿cuándo lo voy a releer? De hecho no veo la hora de subrayar otra vez “Ada o el ardor”.