Pinceladas de la ciudad (Mar del Plata desde adentro): El peregrino: ciega respuesta
Por Pablo Garcilazo
El peregrino ya se convirtió en un deambulador. Camina a no sabe dónde. Está conociendo recovecos que lo hicieron olvidar para qué llegó hasta allí. Una espesa nebulosa lo enoja. Habla con uno. Con otra. Y otra más. Y otro más. Ya entiende poco. Para adentro suyo interroga: ¿Se pusieron de acuerdo? ¿Hablarán con él cara a cara y por otros confines, teléfonos mediante, continuarán la trama?
Como en una mesa de ping pong, el peregrino se quedó en la red, en el medio. Intentó navegar el caos, la displicencia y la seguridad de que en ése lugar no hay respuestas. Solo una voz que le habla a sí misma. Se oscurece, se pone gris y así sucesivamente.
La respuesta cambia, pero no el mensaje. “Siga esperando ya la va a encontrar, alguien se la dirá” parecen decirse entre gestos y explicaciones a rajatablas. “Ya llegará el momento oportuno. Ahora, es tiempo de esperar. Vuelve a sentarse”.
Sector turnos: siempre llega tarde.
Consultorio 1: todo tapera en puerta y picaporte.
Dirección: no sabemos nada. No tenemos teléfono para comunicarnos con él.
Personal: tenes que ir a la dirección.
Dirección: suele llegar una hora tarde. Ya debe estar por llegar.
Consultorio 2: no sabemos nada. Ya llegará.
Personal: haga una nota a la dirección con su queja.
Dirección: si quiere hacerla, hágala. Le repito suele venir tarde, aguarde un cachito más.
Son cuatro personas sentadas en un banco de madera pintado de color caoba. Ya la espera, desespera. Algunos hace más de una hora y media que la incertidumbre les ronda por sus pensamientos. El peregrino no tiene lugar ahí. Tiene que estar parado. Tiene el tobillo algo dolido. Justo él que empezó a tratar de hacer algo por el otro.
Sus colegas de circunstancia se aclimataron de tan buena forma a la calma que esa incertidumbre que les conté al principio de este párrafo prefieren conservarla segura y bajo llave.
Lo poco, tarde, falto e insuficiente encarna en el hospital público. La solidaridad invirtió en lo individual y lo publico en lo privado.
El peregrino vuelve a golpear la puerta y asoma una oftalmóloga para cerrar la trama:
Consultorio 1: no viene está de vacaciones. Lo sabía él solo, el doctor. No avisó a nadie. Viene en un mes.
El peregrino, de apellido Romero, gira su cuerpo para compartir la respuesta y sus colegas de circunstancias ya no estaban. No quisieron verla, solo querían que vieran sus ojos.
Salud, al gran pueblo argentino- dijo Romero- y caminó mirando hacia la entrada del hospital.
—-
Mirar como si fuera la primera vez lo cotidiano de nuestra ciudad y su gente. Con ese fin nacieron estos escritos, que se desprenden de los micros radiales “Acercando el oeste y Mar del Plata”. Son voces barriales desde la salud, la comunicación y la integración comunitaria.
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