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Reconocen a médico marplatense por su labor en la humanización de la salud

Con experiencia clínica, en gestión, docencia y divulgación, Ariel Cherro habló con LA CAPITAL sobre la importancia de que las personas conozcan sus derechos y el debate de la "muerte digna".

La Ciudad 12 de julio de 2026

El doctor Ariel Cherro fue reconocido con el premio Una corona por la vida, a su trayectoria en el rubro mérito médico y humanización de la salud, que entrega la Fundación Bandera Internacional.

Lo recibirá el 10 de octubre en Madrid (España). La organización, que monitorea la labor de numerosos especialistas en distintos rubros, en todo el mundo, destacó “su inmensa labor llevando alivio, dignidad y amor a quienes más lo necesitan en sus momentos más vulnerables”. En la ceremonia habrá más presencia marplatense: la ONG Por Amor a los Niños y la licenciada Jessica Iezzi, serán renocidas en el rubro Derechos Humanos.

Cherro, quién se crió en Mar del Plata desde los 3 años y estudió en la Escuela de Educación Secundaria N° 25, popularmente conocida como “La Chacra”, desarrolló su vocación por la medicina en su adolescencia, al conjugarse “varias cosas de historia personal, interés por la ciencia y estímulo de algunos de mis profesores” como compartió el profesional en una charla con LA CAPITAL.

Especialista en Clínica Médica, recertificado en Cuidados Paliativos por la Academia Nacional de Medicina, Presidente del Consejo de Cuidados Paliativos de la Sociedad Argentina de Medicina, miembro de la Asociación Argentina de Medicina y Cuidados Paliativos, desarrolla, paralelamente a la actividad clínica y de gestión, tarea docente en la Universidad Nacional de Mar del Plata, FASTA y la Fundación Favaloro. Además, es organizador de la Semana Nacional Contra el Dolor por Cáncer. “La divulgación es fundamental porque permite que las personas conozcan sus derechos, comprendan que el dolor por cáncer puede y debe ser tratado, y sepan dónde buscar ayuda” aseveró el especialista. Y destacó que “muchas personas todavía creen que el dolor es una consecuencia inevitable de la enfermedad, cuando hoy disponemos de herramientas eficaces para aliviarlo en la gran mayoría de los casos”.

Entre los fundamentos del reconocimiento a Cherro, la organización habla de “compasión hecha medicina”. “Me parece una definición muy valiosa porque nos recuerda que la compasión no es lo opuesto al conocimiento científico, sino una forma de ejercerlo. En una época en la que la medicina ha logrado avances tecnológicos extraordinarios, es fundamental que no nos hagan perder de vista a la persona que está detrás de la enfermedad” definió el médico en una charla con LA CAPITAL. Y ejemplificó que en su práctica diaria intenta “que la empatía y la excelencia profesional vayan siempre de la mano”.

-¿Cuánto del premio es a la trayectoria personal, cuanto a un equipo de trabajo y cuanto a una manera de entender la medicina?

-Aunque el reconocimiento lleve mi nombre, estoy convencido de que siempre es el resultado de un trabajo en equipo a lo largo de muchos años. Enfrentar el sufrimiento humano en soledad es una tarea imposible. Detrás de cada paciente hay profesionales que comparten una misma forma de entender la medicina: combinar excelencia científica con un profundo sentido humano. Poder construir y transmitir esa cultura de trabajo junto a cada integrante del equipo es, sin duda, uno de los mayores privilegios de mi carrera.

-¿Te plantea nuevos desafíos, alguna responsabilidad extra?

-Sí. Lo vivo más como un compromiso que como un punto de llegada. Me impulsa a seguir aprendiendo, a sostener estos valores en la práctica cotidiana y a formar nuevas generaciones de profesionales que integren excelencia científica y humanidad.

También renueva mi responsabilidad de seguir promoviendo una medicina más compasiva, impulsando la educación, la investigación y el trabajo en equipo para que cada vez más personas puedan acceder a cuidados paliativos de calidad.

-¿Qué valor tiene que este reconocimiento llegue desde un ámbito internacional y qué lugar ocupa Argentina en el desarrollo de los cuidados paliativos?

-Este tipo de reconocimiento internacional nos ayuda a tomar dimensión del camino que hemos recorrido en Argentina y del valor que tiene el trabajo diario en cuidados paliativos. Es un orgullo comprobar que muchas de las iniciativas que impulsamos, junto a colegas e instituciones, han trascendido nuestras fronteras y han dado lugar a actividades de formación, intercambio y colaboración con equipos de Latinoamérica, Europa, África y los Estados Unidos.

En los últimos años hemos desarrollado actividades de formación e intercambio junto a colegas e instituciones de Latinoamérica, Europa, África y los Estados Unidos. Ese intercambio enriquece a todos, porque los desafíos son compartidos y la cooperación acelera el crecimiento de la disciplina.

Este año tuve además el honor de disertar en Italia en uno de los congresos de cuidados paliativos más prestigiosos del mundo, organizado por el Dr. Sebastiano Mercadante, siendo la primera participación de un representante argentino en ese encuentro. Sumar ahora este reconocimiento de Una Corona por la Vida es una enorme satisfacción.

-Cómo llegaste a especializarte en medicina paliativa y tratamiento del dolor? ¿Hubo algún momento o experiencia que marcó ese camino?

-Se sumaron varios hechos. Creo que las vivencias familiares con seres querido me llevaron a buscar este camino. Mientras era ayudante de semiología en el Htal. de Clínicas, en la cátedra del Dr. Lasala, un compañero dio una clase sobre “dolor”. Era la primera vez que se me presentaba como un diagnóstico en sí mismo y no vinculado a alguna enfermedad puntual. Luego, cursando la residencia de clínica médica en el Htal. Tornú, tuve la suerte de conocer los cuidados paliativos. Me di cuenta de que representaban exactamente lo que yo esperaba de la medicina: cuidar y acompañar al otro, entablando un vínculo que priorice la dignidad.

-¿Cómo se traduce la dignidad en la práctica cotidiana con los pacientes y sus familias?

-Es más sencillo de lo que parece. Es tratar al enfermo como persona y no solo como paciente. Conocerlo, interesarse sinceramente por saber quién es, su biografía, sus valores, sus pasiones, sus intereses. Saber también cuáles son sus temores y asuntos pendientes.

Porque la enfermedad impacta de manera diferente en cada familia según su historia. Con esta información construimos una verdadera historia clínica multidimensional, y lo traducimos en acciones concretas de alivio.
Trabajar durante años junto a personas que atraviesan enfermedades graves implica una enorme carga emocional.

-¿Qué te han enseñado esos pacientes? ¿Qué cambió de tu propia mirada sobre la vida y la muerte después de tantos años de ejercicio profesional?

-Es un enorme privilegio, porque te ayuda a valorar cada día y a poner el foco en lo realmente importante. El dolor, el alivio y el agradecimiento siguen siendo experiencias profundamente humanas, aun en un mundo donde lo artificial ocupa cada vez más espacio. Ante una enfermedad grave, las personas suelen volverse más sinceras. Nuestros pacientes nos cuentan qué harían distinto si tuvieran una nueva oportunidad y, aunque cada historia es única, los mensajes se repiten: dedicar más tiempo a la familia y a los amigos, reconciliarse, pedir y dar perdón a tiempo, y expresar el amor sin esperar.

Después de acompañar tantas historias, llegué a una convicción muy profunda: la vida se trata de dejar la mejor huella posible en los demás y de llegar al final con las “valijas hechas” como solemos decir entre colegas, sin cuentas pendientes.

-Todavía se asocia a los cuidados paliativos únicamente con el final de la vida. ¿Qué son realmente y cuándo deberían comenzar?

-Los cuidados paliativos son un abordaje integral de las necesidades de personas con enfermedades graves, sean oncológicas o no y para todas las edades. Se abordan aspectos físicos, psicosociales y espirituales. Aplicados oportunamente, está demostrado que mejoran la calidad de vida, la respuesta a los tratamientos y además ahorran enormes costos al sistema de salud. Es una capa extra que se agrega para que todo sea más llevadero. Lo ideal es que comiencen cuando se detecta sufrimiento evitable, independientemente del pronóstico. Inclusive acompañamos tratamientos que son curativos, pero que alteran mucho la calidad de vida (trasplante de médula ósea por citar un ejemplo).

-¿Qué diferencia existe entre tratar una enfermedad y aliviar el sufrimiento que esa enfermedad produce?

-Siempre repito que atravesar enfermedades graves sin cuidados paliativos, es como ingresar a un quirófano sin un anestesiólogo. Los tratamientos dirigidos a la enfermedad no siempre logran aliviar el sufrimiento. De hecho, suelen ser fuentes de nuevas molestias. Por eso intentar “curar” y “cuidar” deben ser caminos paralelos para cuidar mejor a la persona.

Inclusive hoy estudiamos como abordar a pacientes que sobrevivieron a un cáncer, para aliviar sus secuelas y que retomen su vida normal.

-¿Por qué el alivio del dolor debería entenderse como un derecho humano y no solamente como una prestación médica?

-Hoy disponemos de recursos muy eficaces para aliviar el dolor. Por eso, cuando una persona no accede a ese alivio por demoras innecesarias en las autorizaciones o por la falta de medicamentos, el sufrimiento deja de ser inevitable y pasa a ser evitable. Esa situación ha sido comparada, incluso, con una forma de trato cruel o inhumano.

Por eso el acceso a los cuidados paliativos y al alivio del dolor ha sido reconocido como un derecho humano en la Carta de Praga. El dolor no afecta solo al cuerpo: invade la vida emocional, familiar, social y espiritual de la persona. Garantizar ese alivio no es solo un acto médico; es un deber ético y un acto de humanidad.

La importancia de garantizar el acceso 

 

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“Si bien los cuidados paliativos y la eutanasia no son necesariamente excluyentes en los países donde esta última es legal, sus fundamentos éticos son opuestos”. Ariel Cherro


-Ese acompañamiento no se circunscribe solo a medicación o tratamientos. ¿Es un abordaje personalizado? ¿qué otros aspectos puede abarcar?

-Se trabaja en equipo interdisciplinario junto a enfermería, psicología, terapia ocupacional, kinesiología, entre otros, para dar abordaje holístico y multidimensional. Lo farmacológico es solo una parte importante, pero se abordan desde los aspectos emocionales hasta manejo práctico de actividades de la vida diaria. Intentamos que la vida de la persona sea lo más activa y significativa posible, independientemente del tiempo por delante.

-¿Cuáles son los principales mitos que todavía dificultan el acceso de los pacientes a estos tratamientos?

-El temor al uso de opioides, por miedo a la adicción u otros efectos adversos y el estigma de que son cuidados solo para fin de vida, retrasan las consultas. Recibimos derivaciones tardías, y en promedio los pacientes llevan 7 meses de dolor severo cuando conocen a un equipo de cuidados paliativos. Esto debe cambiar en el corto plazo.

-En un contexto económico complejo, ¿qué desafíos enfrentan hoy los equipos de cuidados paliativos en nuestro país?

-El principal desafío es que los cuidados paliativos todavía suelen ser vistos como un gasto, cuando en realidad constituyen una inversión sanitaria altamente costo-efectiva. La evidencia demuestra que una atención paliativa oportuna mejora la calidad de vida de los pacientes y sus familias, y al mismo tiempo reduce costos al evitar internaciones prolongadas, consultas innecesarias en guardias, ingresos evitables a terapia intensiva y tratamientos desproporcionados que no aportan beneficios reales.

Además, una buena comunicación, la planificación anticipada de la atención y el respeto por las preferencias del paciente permiten tomar decisiones más adecuadas y acordes con sus valores, evitando intervenciones que muchas veces generan más sufrimiento que beneficio.

Por eso, en un contexto de recursos limitados, fortalecer los equipos de cuidados paliativos no debería considerarse un lujo, sino una política sanitaria inteligente. Sería muy importante avanzar en la plena implementación de la Ley Nacional de Cuidados Paliativos N.º 27.678, que garantiza el acceso integral a estos cuidados en todo el país. Su aplicación no solo representa un avance en términos de derechos, sino también una oportunidad para construir un sistema de salud más humano, eficiente y sostenible.

-¿Qué recursos considerás imprescindibles para garantizar una atención digna más allá de la situación económica de cada paciente?

-El primer recurso es llegar a tiempo; evitar demoras innecesarias. También que los equipos interdisciplinarios tengan capacitación específica. Hoy en día es una especialidad. La ley de cuidados paliativos específica todo esto, pero la gente no lo conoce y no lo exige. Además, los cuidados paliativos deben ser continuos: la misma filosofía de cuidado debe prevalecer tanto en consultorio, como en internación o domicilio.

Herramientas esenciales en la formación

-Además del ejercicio de la medicina, te dedicás a la docencia. ¿Cómo es hoy la formación en cuidados paliativos y humanización de la medicina? ¿Se está formando a profesionales no solo para curar, sino también para acompañar?

-Sí, y ese cambio es una de las mejores noticias que veo en la medicina actual. Desde el Consejo de Cuidados Paliativos de la Sociedad Argentina de Medicina llevamos más de 21 años formando profesionales de posgrado, y en los últimos años también hemos logrado avances importantes en la formación de grado.

En la Universidad Nacional de Mar del Plata, gracias al apoyo institucional del Dr. Adrián Alasino y de todo el equipo docente, incorporamos una materia optativa de cuidados paliativos y también contenidos específicos dentro de Medicina Interna y Campos Clínicos II.

Además, tuve el honor de participar como docente invitado en la Universidad FASTA, convocado por la Dra. Julia Elbaba. Son avances muy significativos que todavía no se han concretado en muchas facultades de medicina del país.
Al principio, los estudiantes suelen sorprenderse cuando hablamos de comunicación de malas noticias, control de síntomas, toma de decisiones compartidas o espiritualidad. Son temas que los interpelan profundamente y que muchas veces no imaginaban encontrar en la carrera. Sin embargo, muy pronto comprenden que no se trata de contenidos “complementarios”, sino de herramientas esenciales para ejercer una medicina verdaderamente centrada en la persona.

Creo que la formación médica está evolucionando. Seguimos enseñando a diagnosticar y tratar enfermedades, pero cada vez entendemos mejor que también debemos preparar a los futuros profesionales para aliviar el sufrimiento, acompañar en los momentos más difíciles y comunicarse con humanidad. Ese cambio no solo fortalece la formación médica: beneficia directamente a los pacientes, a sus familias y, en definitiva, a toda la sociedad.

El debate sobre el “final de la vida”

-En materia de bioética, ¿cuáles son hoy los debates más importantes en torno a la autonomía del paciente y la toma de decisiones?

-Para que una persona pueda ejercer verdaderamente su autonomía deben cumplirse algunos requisitos básicos. El primero es recibir información veraz, comunicada con calidez, empatía y sin ocultamientos. Ese sigue siendo uno de los grandes desafíos de la medicina, porque solo quien comprende su situación puede participar de manera libre e informada en las decisiones sobre su tratamiento.

Otro aspecto fundamental es el alivio del sufrimiento. Cuando una persona experimenta dolor u otros síntomas intensos y persistentes, su capacidad para deliberar libremente puede verse vulnerada. Por eso, garantizar un adecuado control de síntomas y un acompañamiento integral también es una forma de proteger la autonomía.

En este contexto surge uno de los principales debates bioéticos actuales: si la eutanasia representa la máxima expresión de la autonomía y del derecho a elegir. Me preocupa que, en ocasiones, el concepto de “muerte digna” quede asociado casi exclusivamente a la eutanasia. Creo que esa forma de comunicar el tema merece ser revisada, porque puede instalar la idea de que esa es la única vía para morir con dignidad.

Si bien los cuidados paliativos y la eutanasia no son necesariamente excluyentes en los países donde esta última es legal, sus fundamentos éticos son opuestos. Los cuidados paliativos buscan aliviar el sufrimiento, acompañar a la persona y favorecer la mejor calidad de vida posible hasta el final, reafirmando el valor de la vida y considerando la muerte comoun proceso natural. La eutanasia, en cambio, procura poner fin a la vida para terminar con el sufrimiento.

También es importante reconocer que en algunos países donde la eutanasia es legal, como Canadá o Países Bajos, se han generado cuestionamientos sobre la aplicación de la normativa, los procesos de evaluación y la protección de las personas en situación de vulnerabilidad. En mi opinión, este aspecto merece una reflexión aún más cuidadosa en un
país como la Argentina, donde el cumplimiento efectivo de las leyes y el funcionamiento de las instituciones arrojan malos resultados en indicadores internacionales, como el Rule of Law Index. Por ello, otorgar al sistema de salud (con todas sus falencias) la facultad de provocar intencionalmente la muerte de una persona me genera una profunda preocupación ética.

-¿Cuál es el mensaje que considerás central, en cuanto a la temática, hoy?

-Destaco las palabras del Papa Francisco, que dijo que pidió no confundir “incurable” con “incuidable”. Espero que como sociedad podamos revalorizar el acto de cuidar, que dignifica tanto a quien brinda el cuidado como a quien lo recibe.