Redes sociales, espejo de la creciente inseguridad en los barrios de Mar del Plata
Grupos de vecinos de distintos puntos de la ciudad advierten por robos reiterados, situaciones violentas y falta de respuestas, mientras las denuncias y pedidos de mayor presencia policial se multiplican en redes sociales y chats barriales, en un clima de creciente preocupación.
Motochorros cometen un asalto en la vía pública. Delitos que se repiten en distintos barrios de Mar del Plata.
Por Germán Ronchi
En el actual contexto de inseguridad y violencia, las redes sociales se convirtieron en una herramienta central para los vecinos de Mar del Plata.
A través de grupos de WhatsApp, Facebook e Instagram, desde distintos barrios se comparten alertas en tiempo real sobre robos, intentos de entradera, movimientos sospechosos y situaciones de violencia.
Esta modalidad permite una reacción rápida, genera prevención comunitaria y, en muchos casos, reemplaza la ausencia de respuestas inmediatas por parte de las autoridades. De hecho, los videos registrados por las cámaras de seguridad son compartidos en las cuentas de Instagram y Facebook.
Además de la función preventiva, las redes cumplen un rol de visibilización. Publicar imágenes de cámaras de seguridad, relatar hechos recientes o difundir direcciones y horarios de los delitos busca presionar para que intervengan la policía, el Municipio o la Justicia.
En ese sentido, las plataformas digitales se transformaron en una suerte de “denuncia pública”, que expone patrones delictivos y zonas calientes que se repiten en el tiempo. Sin embargo, esta dinámica también tiene efectos colaterales.
La circulación constante de mensajes, audios y videos puede generar alarma social, rumores o información no verificada que se viraliza rápidamente.
Aún así, para muchos vecinos, las redes siguen siendo el canal más accesible para organizarse, advertirse mutuamente y expresar el malestar ante una problemática que atraviesa a la ciudad y mantiene a numerosos barrios en estado de alerta permanente.
La inseguridad volvió a instalarse con fuerza en la agenda cotidiana de Mar del Plata y ya no se limita a estadísticas oficiales ni a partes policiales: se vive, se comenta y se denuncia en tiempo real desde los barrios.
En distintos puntos de la ciudad, grupos de vecinos comenzaron a organizarse de manera espontánea frente a una sucesión de robos, arrebatos y hechos de violencia que, aseguran, se repiten con una frecuencia cada vez mayor. La sensación dominante es la de una ciudad en alerta permanente, donde la prevención parece llegar siempre después del delito.
Las redes sociales se transformaron en el principal canal de denuncia y visibilización. Grupos de WhatsApp barriales, páginas de Facebook y cuentas de Instagram funcionan como verdaderos sistemas de alerta temprana: allí se comparten videos de cámaras de seguridad, fotos de sospechosos, descripciones de motos sin patente, horarios “calientes” y zonas a evitar.

En muchos casos, los vecinos aseguran que estas publicaciones tienen más impacto que las denuncias formales, a las que describen como lentas o poco efectivas. Barrios como el Centro, La Perla, San Juan, Parque Luro, Constitución, Punta Mogotes, Libertad y el Puerto aparecen con frecuencia en esos posteos.
El denominador común es similar: robos a mano armada, entraderas, arrebatos a peatones y ciclistas, ataques a comercios y episodios protagonizados por delincuentes que se movilizan en moto. La reiteración de modalidades y descripciones alimenta la percepción de impunidad y refuerza el temor entre los residentes.
Frente a este escenario, comenzaron a multiplicarse las reuniones vecinales, algunas con participación de fuerzas de seguridad y otras completamente autoconvocadas. En plazas, clubes o sociedades de fomento, los reclamos se repiten: mayor presencia policial, patrullajes constantes, mejor iluminación, cámaras que funcionen y respuestas más rápidas ante los llamados al 911.
En paralelo, crece la preocupación por la falta de recursos y por la sobrecarga de un sistema que parece no dar abasto.
La calle también refleja ese clima. Comercios y viviendas que refuerzan rejas y sistemas de alarmas, vecinos que modifican rutinas, calles que quedan vacías más temprano y una desconfianza generalizada que atraviesa a todas las franjas etarias. La inseguridad dejó de ser un problema ajeno o excepcional y pasó a formar parte de la conversación diaria, del ida y vuelta en redes y del temor compartido.
Mientras tanto, las denuncias digitales siguen acumulándose y construyen un mapa informal del delito, muchas veces más dinámico que el oficial.
En ese entramado de mensajes, videos y advertencias, Mar del Plata aparece como una ciudad en estado de vigilancia constante, con vecinos organizados, tan cansados como atentos, que reclaman respuestas urgentes ante una problemática que sienten cada vez más cerca.
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