Ropa importada, menos consumo y turismo, un “combo explosivo” para el rubro textil
Los productos importados ya cubren el 70% del mercado y denuncian una fuerte caída en la producción local. Además, la Cámara Textil de Mar del Plata cuestiona al municipio por el uso de los fondos destinados a promocionar la ciudad: "A los textiles nos hacen bullying".
Ofertas agresivas para atraer clientes, a costa de perder rentabilidad: una de las estrategias frente a la caída de las ventas.
Lo que temían y anticipaban que podría pasar, efectivamente sucedió. La apertura de importaciones que impulsó el Gobierno nacional complicó a la industria textil, y en Mar del Plata, uno de los polos más importantes del país, el sector admite estar en “una situación muy compleja”, sometido a una “competencia desigual”, con una caída importante de la producción, bajo nivel de consumo, poco turismo y empresas que evalúan si conviene “seguir, achicarse o cerrar”.
Según datos recientes de la Fundación Pro Tejer, los productos importados ya cubren cerca del 70% del mercado argentino, cuando históricamente la oferta se repartía de forma pareja entre lo nacional y lo importado.
“Hay una caída importantísima en la producción”, resumió Guillermo Fasano, presidente de la Cámara Textil de Mar del Plata, en diálogo con LA CAPITAL, quien advirtió: “A los textiles nos hacen bullying”.
El empresario coincidió con el diagnóstico de Pro Tejer y aseguró que los números de la entidad “son correctos”, en sintonía con lo que se observa a nivel local.
Pero además del volumen, según Fasano, también hay un problema de calidad. “La misma estadística dice que hay mayor cantidad de volumen pero menor precio. Eso significa que lo que se está importando es de calidad inferior“, explicó.
Los números de Pro Tejer respaldan esa lectura. Durante el primer semestre del año ingresaron al país 177.356 toneladas de productos textiles e indumentaria, por unos 911 millones de dólares. En la comparación interanual, las cantidades bajaron 20% y los valores 5%, aunque la caída no fue pareja en toda la cadena: las materias primas se desplomaron 33%, los hilados 43%, los tejidos planos 52% y los de punto 34%, reflejo de la menor actividad de la industria local.
En cambio, los productos terminados no dejaron de entrar: la indumentaria creció 62% en toneladas y 36% en dólares, y las confecciones para el hogar, como sábanas y toallas, subieron 26% en toneladas y 7% en dólares.
“Tiene que ver con la falta de controles de calidad. Ahí hay un peligro para la salud de la población cuando se importan productos sin ningún tipo de control, como está pasando”, advirtió Fasano.
Sin igualdad de condiciones
Para la Cámara Textil, el problema de fondo no es que entren productos del exterior, sino las condiciones en las que la industria nacional tiene que competir. “Nos desafiaron a competir, principalmente con los asiáticos, pero para eso tendría que haber igualdad de condiciones. Y no la hay”, planteó Fasano.
“Acá tenemos cada vez más impuestos, mientras que a los chinos se los bajaron. No hay igualdad en el sistema impositivo. Todo eso, sumado a un dólar barato, es un combo hiperexplosivo para la industria textil”, disparó.

La Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), en tanto, habla directamente de “competencia fraudulenta” y sostiene que las rebajas impositivas y la desburocratización beneficiaron sobre todo a las importaciones. Según la entidad, la producción nacional sigue cargando con impuestos altos, costos elevados, problemas logísticos y dificultades para financiarse, mientras compite con plataformas como Shein y Temu, que ingresan sus productos sin afrontar los mismos costos que la industria local.
Fasano, además, apuntó contra lo que considera una contradicción del Gobierno: “Dicen que no hay que administrar el comercio exterior, que eso es un verso, y a los autos les ponen cuotas. Nosotros seguimos trabajando a pesar de un sistema financiero ineficiente, y no nos dejan competir. Si protegés al sistema financiero y no protegés al pulóver, estás discriminando”. Y cerró: “Acá no hay libertad. Hay sectores que se impulsan, que está bien, pero se perjudica a otros, como el textil, al que le ponen más impuestos que al sistema de importaciones”.

Un cambio de modelo obligado
Más allá de los números, la realidad del sector se ve en las calles de la ciudad, entre vidrieras llenas de descuentos y promociones para atraer a consumidores que postergan compras o buscan alternativas más baratas, muchas veces en plataformas como Shein o Temu.
El presidente de la Cámara Textil de Mar del Plata no le escapa a esa transformación y cree que el sector tiene que adaptarse. “Todo este combo impacta negativamente, pero también es cierto que hay un cambio de modelo de comercialización a nivel mundial. El comercio electrónico sigue creciendo”, señaló.
Y agregó: “Estamos acostumbrados a tener el local, sentarnos atrás del mostrador y esperar que venga la gente. Muchos colegas no se dan cuenta de que el mundo está cambiando e insisten equivocadamente”.

Aun así, aclaró que vender online no tiene por qué significar menos empleo: “El cambio de comercialización no implica bajar personal, porque igual necesitás a alguien que atienda el pedido, lo empaquete y lo despache. Acá pasa otra cosa. Si está cayendo el empleo es porque ya no se vende nada: no se vende físicamente y no se vende online”, subrayó.
Como contracara, destacó que hay comerciantes e industriales que sí se actualizaron, como varias fábricas de sweaters marplatenses que hoy exportan. “El pulóver de Mar del Plata es competitivo. Lo que hacemos acá no viene de China, es realmente muy bueno”, remarcó.

Menos turismo y más inseguridad
A los problemas del sector textil se suma otro frente en Mar del Plata: la caída del turismo en los últimos meses, que golpea de lleno al comercio, como así también a la hotelería y la gastronomía, entre otros sectores. “Los turistas eligen mucho el producto local, pero llevamos meses con el turismo en baja, sumado a la inseguridad y la cantidad de robos”, planteó Fasano.
El empresario también apuntó contra el municipio por el uso del Fondo de Promoción Turística, al que aportan las empresas para financiar la promoción de la ciudad. “Hay un mal uso de esos fondos. Es un impuesto creado para promocionar Mar del Plata, pero lo están usando para pagar sueldos. No llega al turismo ni ayuda a que nos visiten desde otros lugares, y hoy somos nosotros los que nos podemos pagar sueldos“, cuestionó.
“En definitiva hay factores globales, otros que dependen de la política nacional, pero también hay un factor local: la Municipalidad podría hacer muchas cosas y las está haciendo mal”, cerró Fasano, y advirtió que la situación es tan compleja que “hay empresas de muchos años evaluando si conviene seguir o cerrar”.
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