CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Policiales 7 de septiembre de 2026

Rubí González: el viaje final, cinco tiros y el audio en el que se grabó su asesinato

Héctor Rubí González fue atacado a tiros en julio de 1996 cuando llevaba a Miramar a un hombre que decía conocer al responsable del incendio de la Cooperativa Eléctrica de Mar del Sud. La grabación de aquel viaje -aquí publicada por primera vez- registró la confesión, las amenazas y los cinco disparos que semanas después terminarían con su vida. A 30 años de un episodio estremecedor.

Agregar La Capital en

El memorial que recuerda a Rubí González en el mismo lugar donde fue atacado a tiros.

Por Fernando del Rio

El dueño de la panadería de Mar del Sud en los ‘90 era un tipo bonachón, de mejillas regordetas apoyadas sobre un tupido bigote. Se llamaba Héctor Rubí González (59) y quería que el pequeño balneario lindante con Miramar tuviera pujanza y un horizonte provechoso. Por eso había bautizado a sus alfajores con el nombre del pueblo y los vendía por negocio, pero también para que “Mar del Sud” saliera de sus propias fronteras. Y fue aquel deseo de progreso el que lo llevó a aceptar, gratuitamente, el cargo de presidente de la Cooperativa Eléctrica. Hasta que una noche lo traicionaron y lo mataron. Nadie iba a imaginar, sin embargo, que los últimos siete minutos de su vida quedarían grabados en una cinta de casete.

La historia trágica de Rubí González no empezó ni terminó el día que Luis Esteban Dutra le disparó cinco tiros en la cabeza con un Smith & Wesson calibre 32. Ese 28 de julio de 1996 fue el desenlace de un pasado de corrupción y violencia, y antecedió a la agonía en un hospital de Mar del Plata, donde la muerte le llegó a Rubí González en el mes de septiembre.

Tres semanas antes del ataque, la Cooperativa Eléctrica de Mar del Sud había sido incendiada. No en su totalidad, pero sí en algunas oficinas que almacenaban información sensible sobre gestiones anteriores a la de Rubí González. La intencionalidad del sabotaje sobre una computadora y documentos tenía cierta lógica a juzgar por el descalabro contable con el que el nuevo presidente se había encontrado al asumir su cargo en 1994. Esos números eran tan escandalosos que lo habían llevado a presentar una denuncia contra el titular anterior, el tesorero y una empleada municipal. El monto del fraude alcanzaba los 800.000 pesos en tiempos del 1 a 1.

El secreto sobre la identidad de quien provocó el fuego aquel 8 de julio se sostuvo en un pueblo de 450 habitantes donde los secretos no solían sostenerse demasiado. Rubí González sabía que más tarde o más temprano a alguien se le iba a dar por hablar. Y ese alguien resultó ser un forastero que daba mala espina: Luis Alberto “El Uruguayo” Dutra, de 32 años.

maldo

Dutra era buscado por la Policía de Maldonado por fugarse de una cárcel y por el asesinato de una mujer.

La promesa

Dutra trabajaba para el empresario Julio César Solá haciendo algunas changas y cortando el pasto tanto en su casa como en el Boulevard Atlantic, el imponente hotel que había tenido décadas atrás su momento de esplendor. Un edificio en desproporción con el pueblo y sobre el cual siempre se habían tejido oscuras historias. Ese hotel lo explotaba Solá, un excéntrico hombre al que en Mar del Sud se lo definía como delirante, mitómano, violento, con rasgos psicopáticos y que se creía el “dueño del pueblo”. Decía haber pertenecido a la Triple A entre otras jactancias incomprobadas. Nadie tenía bien claro cómo se había apoderado del hotel, pero lo explotaba y había acumulado una deuda con la Cooperativa Eléctrica impagable para lo que era su rentabilidad. También se decía que lo hacía funcionar como un prostíbulo con mujeres reclutadas de la zona.

“Fui yo, pero quiero denunciar al que me mandó a hacerlo.”

En la tarde del 28 de julio, Dutra se dirigió a la panadería de Rubí González y le dijo que él sabía quién había causado el incendio.

—Fui yo, pero quiero denunciar al que me mandó a hacerlo.

Sorprendido, Rubí González le concedió ese arrepentimiento.

—Eso sí,acá no. O en la comisaría de Miramar o en Mar del Plata. No confío en Cañete —dijo Dutra en referencia al encargado del puesto policial del pueblo.

A Rubí González le atrajo la posibilidad de identificar a quien había mandado a destruir la computadora con los datos incriminatorios de la estafa y un rato después se lo comentó al tesorero Oscar Escudero. “Perfecto Rubí, pero te acompaño”, le respondió su amigo y ante la negativa lo convenció, al menos, de que llevara oculto un grabador de periodista. “Hacelo hablar. Grabá todo lo que te diga. No sea cosa que en la comisaría eche atrás”, le sugirió.

El aparato era de marca Panasonic y lo había comprado unas semanas antes Juan Carlos Bostiancic, otro de los integrantes de la comisión directiva con un propósito específico: grabar a quienes llamaban a la Cooperativa para insultar. ¿Por qué? Porque la nueva gestión ya no iba a admitir más que nadie pagara por la electricidad. Y eso cayó muy mal en el pueblo. Rubí González era una molestia.

Con curiosidad por conocer más sobre el incendio, Rubí González recogió a Dutra en su Peugeot 504 y antes de que subiera encendió el grabador. Luego lo ocultó debajo del asiento.

—¿Vamos? —preguntó cuando Dutra se subió al auto. Eran las 9 de la noche de aquel domingo.

El microcasete ya giraba dentro del diminuto grabador. Las primeras palabras de Dutra aceptando el inicio del viaje se mezclaron con el sonido del motor del 504. En los siguientes siete minutos se ejecutaría uno de los crímenes más impactantes en la región y a partir de él se instalarían lo que un juez acertó a afirmar algún tiempo después “intrigas de pago chico”. Intrigas, enigmas, secretos, complicidades. Pero no certezas.

Conforme la opinión de unos cuantos, Dutra no era un hombre de muchas luces sino todo lo contrario. Era un delincuente prófugo de la Justicia uruguaya que había intentado pasar inadvertido en Mar del Sud, pero sin mucho éxito. Se decía de él que era drogadicto y que podía estar involucrado en la venta de estupefacientes. A pesar de reconocer su mala fama, Rubí González salió confiado rumbo a Miramar.

En el casete quedó registrada toda la secuencia del asesinato. Aunque la desgrabación posterior no pudo recuperar cada una de las palabras (acalladas por el ronroneo latoso del 504) sí se logró reconstruir el diálogo durante el viaje con relativa lógica:

Dutra: ¿acá o atrás voy…?

Rubí González: …subí, subí…yo te llevo porque no hay colectivo… si no, no te llevaba, porque no quiero sacarle el pasajero al colectivo…

Dutra: …no quiero ni que me vea, porque Ud. sabe que no es amigo suyo, es enemigo, ¿no?

Rubí González: …yo con él no tengo nada…

Dutra: …pero él sí con Ud…

Rubí González: yo siempre lo he ayudado a él…

Dutra: …más bien que sí, y todo el mundo lo ha ayudado… pero él es muy así…

Rubí González: …cuando hubo corte de luz, porque no pagaba… yo lo ayudé también… me dejó casi de pagar en mi negocio para poder pagar la luz…

El Peugeot 504 ya estaba en marcha y avanzaba por la ruta 11 de Mar del Sud a Miramar. Luego de algunos comentarios sin demasiada importancia, Dutra dio detalles sobre el incendio y menciona a Solá y Fischer.

Rubí González: ¿pero por qué no me avisaste antes?…

Dutra: …yo como andaba desesperado por el mango, y Pablita se fue, vio… yo estaba allí con ella y me quería ir con ella y dije bueno, ¿no? Ella se fue el día antes y yo me prendí en esa y dije burrada, fue una burrada lo que hice…

Rubí González: Vos sabés lo que nos cuesta a nosotros esa cooperativa… trabajo, pérdida de tiempo…

Dutra: …por eso que la culpa…

Rubí González: …nunca es tarde cuando la dicha es buena… nosotros cuando agarramos la cooperativa creíamos que nos iban a ayudar los que se fueron… y poderla salvar entre todos… pero fue tan grande el lío que no sé por qué se negó esta gente a…

Dutra: …¿a qué?…

Rubí González: …a colaborar… la comisión vieja… viste… nosotros con Fischer no tenemos nada… todos sabemos que la comisión de Augeli y de todos los demás viste creíamos que la comisión saliente nos iba a ayudar… es como vos decís nomás…

Dutra: …sí… lo que pasa es que yo ya me metí en el lío… no… pero ahora trato de salir a tiempo antes que me envuelvan más…

Automóvil Peugeot 504 de Héctor Rubí González.

Peugeot 504 de Héctor Rubí González en el lugar donde fue hallado.

Rubí González: ¿Qué te prometieron?…

Dutra: …plata… dos mil pesos…

Rubí González: …¿cuánto?…

Dutra: …dos mil pesos… y ahora querían… (palabra inentendible) …para incendiar la panadería suya…

Rubí González: …¿vos solo?…

Dutra: …sí…

Rubí González: …¿y vos solo?…

Dutra: …y a Carlitos el que trabaja con Fischer…

Rubí González: …¿Carlitos habló con vos?…

Dutra: …Estábamos hablando con Fischer y Solá en la casa de él… pero yo no quiero saber más nada…

Rubí González: …pero qué cosa… ¿y ahora qué vas a hacer?…

Dutra: …ir hasta Mar del Plata a ver…

Rubí González: …¿de dónde sos vos?…

Dutra: …de Buenos Aires…

Rubí González: …¿cómo te llamás?…

Dutra: Luis Alberto…pienso que Ud. al saber todo esto me va a dar una mano… también, ¿no?…

Poco después Dutra inició el plan para matar a Rubí González:

Dutra: se revienta la vejiga de mear… ¿quiere parar?

Rubí González: Bueno…

Cuando la marcha del rodado se reanudó volvió el diálogo y lo planificado por Dutra hacia el asesinato:

Rubí González: Todo esto que vos me decís es verdad que no lo podía creer…porque qué se yo…

Dutra: ¡Uy vaya! que me deje los parlantes, se me cayeron los parlantes ahí …los parlantes del walkman se salieron…. se me habrá caído en el piso…un poquito más atrás ¿no?

Rubí González: Doy vuelta…espera que doy vuelta…

Dutra: Qué joda…qué complicación…

El sonido del motor disminuyó en ese momento y el auto se detuvo:

Dutra: …bájese Ud…

Rubí González: …¿eh?…

Dutra: …¡bájese, bájese porque lo mato!…

Rubí González: …¿eh?…

Dutra: ¡bájese, bájese porque lo mato!, quedate quieto… ¡no pongas el cambio porque te mato!…

Rubí González: bueno… bueno…

Dutra: dejalo prendido… bajate… no te pierdas… caminá para allá…

Rubí González: …yo te voy a ayudar…

Dutra: …caminá, caminá…

Dutra: ¡Ponete de rodillas… vos… ponete de rodillas ahora!…

Rubí González: ¡No!

Inmediatamente después se escucharon las cinco detonaciones del arma de fuego. A los pocos segundos el grabador detectó a Dutra subirse, manejar por unos minutos, detenerse y abrir la puerta. Tras un ruido similar a buscar cosas dentro del auto. La puerta se cerró y ese fue el último registro del minicasete.

La investigación

El automóvil apareció abandonado después de la medianoche en un lote de 32 e/25 y 27 de Miramar y ante la ausencia de Rubí González se inició una búsqueda que duró al menos unas dos horas. Recién entonces se lo pudo hallar a la vera de la Ruta 11, a unos 7 kilómetros de donde se había iniciado el viaje. Cuando el primer policía lo vio no imaginó que esa sangre en la cabeza escondía cinco impactos de bala.

De urgencia Rubí González fue trasladado hasta el Hospital Privado de Comunidad de Mar del Plata, donde ingresó en estado desesperante. Mientras tanto, una inspección con reflectores y las luces de los patrulleros permitieron un hallazgo fundamental: el Smith & Wesson calibre 32 N°84631. Estaba a unos 20 metros del cuerpo agonizante de Rubí González quien, en sus bolsillos tenía cerca de 1.000 pesos, una suma importante de dinero entonces y que correspondía a la recaudación de su panadería.

Enterado de lo ocurrido el juez Pedro Hooft pidió al jefe de la policía regional, comisario Raúl Torre, toda la información que los policías pudieran reunir en poco tiempo y hubo tres datos que fueron centrales. El primero de ellos fue la identidad de Dutra, el segundo que había un casete con siete minutos de un audio que contenía un diálogo y acababa con los disparos y el tercero… que el revólver Smith & Wesson pertenecía a Julio César Solá.

Solá fue detenido horas después del ataque, al mismo tiempo que la policía difundía un identi-kit de Dutra. Las primeras averiguaciones confirmaban que el “Uruguayo” había tomado un colectivo de Miramar a Mar del Plata y de Mar del Plata a Buenos Aires. Y se había esfumado.

Revólver sin la culata encontrado a 20 metros del cuerpo agonizante de Rubí González.

Revólver sin la culata encontrado a 20 metros del cuerpo agonizante de Rubí González.

Todas las sospechas se orientaban hacia los escabrosos secretos del pueblo, con un escenario de delitos que iban más allá de tan solo no pagar la electricidad. Se hablaban muchas cosas que involucraban al único policía de Mar del Sud, al delegado municipal, a un extraño expolicía que había sido exonerado por un asesinato y a algunas actividades ilícitas como el funcionamiento del Hotel Atlantic Boulevard como un prostíbulo. Pero todo apuntaba a Solá como instigador del ataque contra Rubí González por sus diferencias.

La condición clínica de Rubí González era gravísima: había recibido cinco disparos entre el rostro y otras partes de la cabeza. Sus posibilidades de sobrevida eran bajas.

El juez Hooft y su histórica mano derecha, Miguel Dolagaray, se trasladaron en los días siguientes al pueblo y constataron la subtrama de amenazas, violencia, negociados… Y entonces se ordenó una segunda detención: la del dueño de la estación de servicios, Francisco Fischer. Este hombre había integrado la comisión directiva anterior en la Cooperativa Eléctrica.

Dutra continuó prófugo unos días más, hasta que, en la tarde del martes 7 de agosto, fue detenido dentro de una villa de emergencia de Capital Federal. Pese a que llevaba una peluca, la policía logró ubicarlo gracias al aporte de un “buche”. Cuando lo pusieron frente al juez Hooft respondió preguntas por casi dos horas y exculpó a Solá y a Fischer, desdiciéndose de la grabación. Además, dijo que el arma se la había sacado a Solá de la guantera del auto y que a Rubí González lo había matado por un simple robo. También que, en el momento de los disparos, Rubí González se había levantado, caminado y eso había sido suficiente amenaza para accionar el revólver.

Un mes después de la detención de Dutra, desde el Hospital Privado de Comunidad, informaron lo que se esperaba: el fallecimiento de Rubí González.

La investigación avanzó con la firme hipótesis de que los empresarios habían mandado a Dutra no solo a incendiar la Cooperativa Eléctrica sino también a matar a Rubí González. La hipótesis parecía fortalecerse, aunque todavía faltaba lo fundamental: probarla. Más aún con la contradicción importante entre Solá y Dutra respecto del revólver. El hotelero aseguró que lo guardaba en un ropero de su casa y no en la guantera del auto.

El juicio

En junio de 1998 se celebró el juicio en la Sala II de la Cámara de Apelaciones integrada por Jorge Simón Isaach, Alicia Ramos Fondeville y Carlos Pizarro Lastra.

Varios de los principales involucrados, incluidos Dutra y Solá cambiaron notoriamente sus declaraciones. El confeso asesino afirmó que todo lo que había dicho sobre Solá y Fischer era mentira. Declaró ante los jueces que inventó ese complot en el momento como un ardid para ganarse la confianza de la víctima, lograr que lo trasladara en auto a Miramar y así poder asaltarlo para conseguir dinero para escapar del pueblo.

También intentó atenuar la alevosía y alegó que disparó porque un supuesto gesto de Rubí González le hizo pensar que éste iba a reaccionar o atacarlo.

Solá, en tanto, modificó su testimonio ante el Tribunal y manifestó que el arma “pudo haber estado en la guantera” de su automóvil.

Un testigo que anteriormente había dicho que Dutra se le había acercado para proponerle incendiar la Cooperativa por encargo de dos personas a las que Dutra llamó “tu patrón y el mío” (en alusión a Fischer y Solá), en el juicio oral se retractó de forma absoluta. Declaró que no sabía nada, que Dutra jamás le propuso quemar nada y que nunca escuchó a Fischer y a Solá hablar sobre atentar contra la Cooperativa. Que había dicho eso porque la policía lo había amenazado e intimidado físicamente para dictarle exactamente lo que tenía que declarar. “Me esposaron y me llevaron a un descampado oscuro a un kilómetro de distancia”, dijo.

Los jueces deliberaron y resolvieron que Dutra había actuado por su cuenta. Pese a que Rubí González tenía dinero encima, le creyeron al asesino en cuanto a que tan solo había sido un intento de robo.

A Solá y a Fischer los absolvieron por no estar probado que habían sido los instigadores del crimen. El juez Isacch desestimó la acusación por considerarla “francamente absurda”: no tenía sentido lógico que un instigador le facilitara a su sicario su propia arma personal y registrada, plenamente rastreable por pericias balísticas. Y que resultaba aún menos creíble que Dutra, de haber actuado por encargo, dejara el arma de Solá abandonada a solo 20 metros del cuerpo de la víctima, incriminando de inmediato a su supuesto mandante.

Tras escuchar el fallo, Dutra es esposado.

Tras escuchar el fallo, Dutra es esposado. A la derecha, canoso y de anteojos, Solá.

El Tribunal remarcó que, a lo largo de todo el sumario, no se presentó ninguna prueba de enconos, deudas o disputas preexistentes entre Julio César Solá o Francisco Fischer y la víctima, Héctor Rubí González, que justificaran la determinación de mandar a matarlo.

Ante la falta de pruebas físicas y testimoniales válidas, los jueces aplicaron el principio de la duda razonable y dictaron la absolución libre de costas para Solá y Fischer.

Dutra finalmente fue condenado a prisión perpetua por el homicidio agravado por alevosía. Sin embargo, Casación rechazó esa pena y la redujo a 15 años y 3 meses, aunque la Suprema Corte no estuvo de acuerdo y pidió que la Cámara volviera a pronunciarse. Pese a que en la primera instancia había dictado la perpetua, se estableció que la alevosía no estaba bien aplicada y confirmó el monto de pena de Casación. Dutra cumplió solo 12 años preso en Argentina y en 2008 fue extraditado a Uruguay, donde tenía cuentas pendientes por haberse escapado del penal de Las Rosas y por el homicidio de una mujer cometido en 1991. Condenado una vez más a 20 años, Dutra murió en la prisión próxima a Maldonado.

El recuerdo de Rubí González como un hombre conciliador que intentó hacer lo mejor para Mar del Sud sigue firme en la pequeña comunidad. El Centro Cultural que funciona en una dependencia de la Cooperativa Eléctrica lleva su nombre. Un monumento en el lugar donde fue baleado, también.

A los demás involucrados, la Justicia los liberó de cualquier responsabilidad y el tiempo los benefició con el olvido.

Años después del crimen, el presidente de la Cooperativa Eléctrica hasta el año 1994 fue condenado por la defraudación. La misma que Rubí González se atrevió a denunciar.