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Cultura 30 de agosto de 2026

Sin poesía no hay paraíso: Conrado Nalé Roxlo, un corazón eglógico y sencillo

Más allá de los poemas y cuentos que acompañaron las lecturas escolares de varias generaciones, su obra despliega sensibilidad, humor e ironía en un recorrido que va de la poesía de formas clásicas a la parodia.

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El poeta argentino Conrado Nalé Roxlo.

Por Analía Pinto

Quienquiera que haya vivido su infancia en los años 70 y primeros 80 seguramente lo recordará. En cualquier libro de lectura de primaria había poemas y cuentecillos de Conrado Nalé Roxlo (1898-1971), y hasta es probable que alguna de sus obras teatrales, como “La cola de la sirena” o “El pacto de Cristina”, se representaran en la escuela. No obstante, este status de “autor escolar” no debe confundirnos ni llevarnos a pensar que su obra es menor o que sólo tiene cabida en el reducido espacio de un manual de lectura. Muy por el contrario, sus poemas sencillos (que no simples) son para los niños pequeños una excelente puerta de entrada a la poesía clásica rimada. La simpática “Balada de Doña Rata”, por ejemplo, puede encender una primera lucecita de asombro con esos “prados que esmalta el estío” o la flor que no podía guiarla porque tenía “los pies en la tierra cautivos”, y otras imágenes poéticas. Nalé Roxlo también escribió obras netamente infantiles como “La escuela de las hadas”.

Su poesía es entrañable, aunque de ningún modo naif o ñoña, mucho menos cursi, ni tampoco sensiblera. Todos calificativos que algunos encumbrados académicos podrían achacarle, en vista de su aparente sencillez, su ausencia de piruetas idiomáticas y su estricto apego a la versificación clásica, sin sorpresas, rispideces ni extrañas acrobacias rítmicas. Dueño de un “corazón eglógico y sencillo”, como el inmortal grillo de su soneto, Nalé Roxlo era además un humorista consumado y un gran periodista, que vivió en las redacciones y llegó a dirigir su propia revista, “Don Goyo”, de corte humorístico.

Frecuentó la explosiva amistad de Roberto Arlt y acompañó en sus momentos críticos a la poeta Alfonsina Storni; fue parte de la vanguardia literaria reunida en torno al periódico Martín Fierro, y publicó sólo tres libros de poemas, “El grillo” (1923), “Claro desvelo” (1937) y “De otro cielo” (1952). Además de su presencia en los libros de lectura escolares, se lo recuerda ampliamente por sus “pastiches”: preciosas y preciosistas parodias de los autores más diversos, reunidas en los libros “Antología apócrifa” (1944) y “Nueva antología apócrifa” (1964). Algunos títulos de los mencionados pastiches pueden dar idea del tono socarrón e irónico con el que encaró la pequeña gran hazaña de imitar a, por ejemplo, Borges con el cuento “Homicidio filosófico”; a su amigo Arlt, con “El octavo loco”; a Baudelaire, con el soneto “La tuerta”; a García Lorca, con el poema “Crimen y justificación de Antoño Retoño”; al epígono rubendariano Vargas Vila, con el poema “Los sitibundos amorescos”; a Macedonio Fernández, con “La autobiografía de un nonato”, y al gran humorista español Enrique Jardiel Poncela, con el paso de comedia “El muerto estaba muy desmejorado”.

Nalé Roxlo, ilustrado por Javier Mondino.

Nalé Roxlo, ilustrado por Javier Mondino.

En esta faz humorística también es recordado por su seudónimo más famoso: Chamico. Al respecto, aclara en el prólogo de “El ingenioso hidalgo” (tomo que recopila cuentos de humor ilustrados por él mismo): “A fines de 1925, siendo director de la revista Don Goyo, leí en la crónica de un viajero inglés sobre el Buenos Aires colonial que ciertos esclavos africanos fumaban el chamico, que les producía sueños y visiones del tipo de las del opio, el hachís y otras hierbas baudelairianas. Despierta mi malsana curiosidad, encargué a un amigo que me trajera del campo hojas de chamico para intentar la experiencia. Esperándolas estaba con cierta impaciencia, cuando don Francisco Ortiga Ankerman, el inolvidable Pescatore di Perle, que dirigía El Hogar –y que dicho sea de paso fue uno de mis mejores maestros de periodismo–, me pidió un seudónimo para poner al pie de unos artículos humorísticos que me había encargado para su revista. Obsesionado como estaba por la presunta planta del hechizo, le dije que pusiera Abelardo Chamico. Con tal nombre aparecieron cinco o seis colaboraciones mías. Después, por un prejuicio viril que será fácil de comprender para quienes conozcan las desdichas del enamorado de Eloísa e ilustre profesor de la Sorbona, suprimí el Abelardo y quedé en Chamico a secas”.

También incursionó en el relato autobiográfico con “Borrador de memorias”, libro en el que desgrana, sin orden cronológico pero con gran tino y emoción, distintos momentos de su vida: la bohemia que se reunía en la fonda “El Puchero Misterioso”, las kilométricas cartas que le escribía Arlt o su infancia en los campos bonaerenses y en la ribereña ciudad de San Fernando, de la que guarda este bellísimo recuerdo de su puerto fluvial: “Lentos lanchones atracaban suavemente con su carga de duraznos de terciopelo granate y azafranado, de sandías color botella, de naranjos que el sol muriente encendía, de maderas color marfil que el tacto presentía suaves y el olfato olorosas. Llegaban chatas de vapor rasando el agua con sus bordas, trayendo piedras blancas y limpia arena uruguaya. Y era grato ver en los diques secos, grandes cascos que el calafate estopaba y el pintor rejuvenecía con pinceladas rojas, azules, verdes, rosadas. Y todo entre el fino bosque de mástiles pulidos y bajo el ondear colorido de banderas y gallardetes”.

Vale conmoverse con los poemas seleccionados a continuación, especialmente con el segundo, ya que sólo alguien con la fina sensibilidad de Nalé Roxlo podría haber vertido semejante tragedia en la exigua copa de un poema. Otra clara demostración de que sin poesía no hay paraíso.

El grillo

Música porque sí, música vana
como la vana música del grillo;
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.

¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta mañana?

¡Qué bien suena la flauta de la rana..!
Pero no es son de flauta: en un platillo
de vibrante cristal de a dos desgrana

gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quien tiene corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!

Se nos ha muerto un sueño

Carpintero, haz un féretro pequeño
de madera olorosa,
se nos ha muerto un sueño,
algo que era entre el pájaro y la rosa.
Fue su vida exterior tan imprecisa
que sólo se lo vio cuando asomaba
al trémulo perfil de una sonrisa
o al tono de la voz que lo nombraba…
Mas qué te importa el nombre, carpintero,
era un sueño de amor, tu mano clave
pronto las tablas olorosas, quiero
enterrar hondo el sueño flor y ave.

¡Al compás del martillo suena un canto!

No vayas al campo santo,
porque los sueños de amor
no mueren, se muda en llanto
su forma de ave y de flor.


Para seguir curioseando