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Cultura 28 de junio de 2026

Sin poesía no hay paraíso: Wislawa Szymborska o la emoción sin fin

Este mes leemos a una poeta polaca, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1996, que plantea que los poetas siempre están en estado de duda, y que las respuestas que nos puede dar la poesía siempre son temporales.

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La poeta y ensayista polaca Wislawa Szymborska, ganadora del Nobel de Literatura en 1996.

Por Analía Pinto

Se suele despotricar bastante contra el Premio Nobel de Literatura. De pronto, escritores ignotos salen a la palestra, aparecen en todos los medios, y sus nombres, en ocasiones completamente impronunciables, son martilleados día y noche sobre los lectores. Las vidrieras de las librerías son copadas por obras hasta el momento desconocidas y, en muchas ocasiones, luego de conocerlas los lectores se quedan fríos pues, una vez más, el marketing hizo su labor inflacionaria. No es el caso, gracias a Dios, de la poeta y ensayista polaca Wislawa Szymborska.

Sí, los poetas también pueden ganar el Nobel. Y acaso porque Wislawa recibió la codiciada distinción en 1996, momento en el que aún no existían las redes sociales ni vivíamos pendientes de ellas, es que la maquinaria atroz del mercadeo y las listas de best-sellers no nos aturdió con su nombre al filo de lo impronunciable (yo siempre le digo “Vislava”, aunque fuentes bien informadas me aseguran que es Visuava). Pero, incluso sin eso, su nombre y su obra sí llegaron hasta nuestras costas y para muchos de nosotros se volvieron un faro poético imposible de ignorar.

Como ya dijera T. S. Eliot, existe entre los poetas de todas las eras una comunión espiritual que les permite establecer redes de comunicación y de vinculación con aquellos más lejanos, ya sea en el tiempo o en la geografía. Esta máxima se comprueba con Wislawa: nadie que la lea, especialmente si es poeta, puede permanecer indiferente, aunque deba confiar en traducciones cuya fidelidad no podemos cotejar, al desconocer el idioma polaco. Incluso así, insisto, e incluso para quienes no son poetas pero gustan de sumergirse en nuestro paraíso, la poesía de Szymborska se abre paso y lo ilumina todo con su elegante discreción, su refinado humor y una bien dosificada pizca de ironía.

Además de escribir poemas, durante gran parte de su vida Szymborska colaboró en publicaciones culturales y literarias con prosas diversas, de las que se destacan las notas que luego recopilaría en el tomo Lecturas no obligatorias (de lectura sin duda obligatoria). Allí, esplenden sus concisas y agudas reseñas críticas sobre libros de todo tenor, siempre bajo la siguiente premisa: “Soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado”.

En el semanario literario polaco Zycie Literackie (‘Vida Literaria’) publicó también una columna en la que ejercía una bienvenida pedagogía poética. Lectores de toda Polonia, con ansias de ser poetas, le enviaban sus textos para que ella les hiciera una devolución. Estas breves y preciosas devoluciones, incisivas y al hueso, sin contemplaciones pero con inocultable gracejo, son una joya tanto para los poetas noveles como para los experimentados, y asimismo para quienes pretendan coordinar talleres de poesía. Cito algunos ejemplos a continuación. A Grazyna, de Starachowice, Szymborska le aconseja con gran tino: “Quitémonos las alas y tratemos de escribir con los pies sobre la tierra, ¿sí?”; al señor K. K., de Bytom, le señala: “Utilizas el verso libre como si su libertad fuera absoluta. Pero la poesía (a pesar de lo que pueda decirse) es, era y será un juego. Y, como todos los niños saben, los juegos tienen reglas. ¿Por qué lo olvidan los adultos?”; a Zb. K., de Poznan, le dice: “A lo largo de su vida la mayoría de los poetas no han utilizado tantas palabras majestuosas como las que has apiñado en tres cortos poemas. ‘Patria’, ‘verdad’, ‘libertad’, ‘justicia’. Ese tipo de palabras no deben tomarse a la ligera. Sangre de verdad las recorre y la tinta no puede reemplazarla”.

En su discurso de aceptación del premio Nobel (otra lectura, sin dudas, obligatoria), Szymborska sostuvo: “La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo ‘no lo sé’”. Y luego profundizó: “El poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente no sé. Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas La Obra”.

En esa constante lucha con las dudas, las preguntas y las escasas respuestas (que sólo generan más preguntas), Wislawa escribió poemas entrañables, reveladores, irónicos, filosóficos, desgarradores y emocionantes a más no poder, como el que quiero compartir con ustedes hoy. Antes, una breve acotación, de carácter personal. Debo decir que este poema, sencillamente, me destruye, me estruja el alma hasta dejarla hecha un trapito empapado de silenciosas lágrimas. Ustedes se preguntarán por qué un puñado de palabras puede obrar tal alquimia. Algunos años antes de conocer este poema, viví exactamente la misma escena. Igual. Calcada. Exacta en todas sus manifestaciones. Tuve los mismos sentimientos encontrados, fui tomada por esos mismos gestos, por esa misma actitud y por ese mismo dolor inconmensurable: entré en la que había sido mi casa después de la muerte de mi padre y nuestros gatos hicieron todo lo que aquí describe Wislawa.

Wislawa Szymborska fue una poeta, ensayista y traductora polaca, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1996.

Wislawa Szymborska tenía una columna donde daba una devolución a los textos poéticos que le enviaban sus lectores.

Un gato en un piso vacío

Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.

A pesar del alma estrujada, les digo, queridos lectores, que, como ha dicho el crítico Francisco Mouat, “Cuando leo y releo la poesía de la polaca Wislawa Szymborska, entro y vivo en uno de los mejores mundos que se me permite conocer y habitar”. Espero que ustedes también entren en él y comprueben, una vez más, que sin poesía no hay paraíso. Y que por eso nos ciegan las lágrimas.


Para seguir curioseando

-“Wislawa Szymborska, la ganadora del Nobel de Literatura que defendió la importancia de no saber” en infobae.com/leamos;
Nota de Francisco Mouat en revistasantiago.cl;
Selección de poemas de Wislawa en zendalibros.com;
Entrevista a Francisco Mouat sobre Wislawa en YouTube;
Discurso de aceptación del Premio Nobel en apuntesdecultura.wordpress.com;
Más poemas en circulodepoesia.com.