Cultura

Tenenbaum: “La familia es un lugar de contradicciones, es estar atado a gente porque sí”

Después del éxito de El fin del amor, la escritora y Licenciada en filosofía vuelve para indagar ese lugar habitado por todos: la soledad.

Luego del éxito del ensayo “El fin del amor. Querer y coger”, donde revela una potente radiografía de nuevos paradigmas afectivos, la escritora y Licenciada en filosofía Tamara Tenenbaum (1989) publica “Nadie vive tan cerca de nadie“, un puñado de cuentos que ahondan en ámbitos disímiles, narrados desde sus más pequeños detalles e hilvanados a través de los deseos y frustraciones de los protagonistas pero sobre todo desde sus desencuentros.

“Cuando ya los había empezado a escribir me di cuenta de que en todos estos cuentos el tema central es la dificultad de encontrarse. Si bien la mayoría no son cuentos de amor de pareja, quise trabajar con esa idea de cuando uno quiere que algo esté en un lugar, pero está en otro lado. Cuando en una historia está todo para que se dé y lo único que falta es que las dos personas tengan ganas de lo mismo en el mismo momento. Me parece que el deseo frustrado es el motor de la literatura”, dice Tenenbaum en una entrevista con Télam.

Un geriátrico, un coro en una escuela, un pub en Nueva York, una playa casi desierta, una casa en un country o las calles de Balvanera con su comunidad judía ortodoxa -donde la autora fue criada- son algunos de los escenarios donde se ambientan las historias del libro -ganador del premio Ficciones otorgado por el Ministerio de Cultura en 2018-, un cúmulo de universos narrados especialmente a través de detalles imperceptibles, “de esos que no aparecen en Google”, detalla Tenenbaum.

“Decido seguir con el coro y bancar lo de Celeste: no olvidarlo, bancar. Disfrutar de lo que tengo: mirarle el cuerpo de a centímetros hasta recordarlo de memoria, aunque sea vestido. Conocerle la voz, conocerle los extremos de la voz. Leí en internet que los monjes zen (…) pueden concentrarse tanto mirando y tocando una manzana todo el día que cuando la comen a la noche les explota el cuerpo entero de placer. Pienso que puedo hacer eso, me parece una idea buenísima. Me dura dos días hasta que me hago una paja (…)”, escribe la autora en el relato “Otro instrumento”.

Si bien fue escrito en 2017, es inevitable leer “Nadie vive tan cerca de nadie” (Emecé, 2020) a la luz de su ensayo “El fin del amor” (2019), que ya lleva más de seis reediciones y que catapultó a Tenenbaum como una de las escritoras del momento; un libro donde hizo foco en la precariedad de vínculos y cuestionó los modos de querernos que aprendimos históricamente, bajo el prisma de su historia personal, cuando imploró a su madre que la envíe a un secundario laico para evitar un futuro replegado a lo doméstico y a la maternidad.

– En “Nadie vive…” aparecen vínculos entre familiares, amigos, parejas, atravesados principalmente por las decepciones. ¿Crees que es algo inevitable en las relaciones, que hay que aprender a aceptar?

– Tenenbaum: No soy pesimista y no creo que el futuro sea peor que el presente ni que el pasado; en eso soy categórica. Creo que sencillamente el mundo va a seguir siendo difícil siempre, pero no solamente por un montón de cuestiones que tienen que ver con la política, la economía o las clases sociales. Me interesa cómo se intercala lo personal e íntimo con cosas que tienen que ver con lo colectivo. Me gusta notar las conversaciones, escuchar anécdotas, ver cómo la gente habla de sí misma o cómo cuenta historia ajenas. Es un lugar donde rige lo personal. Y la ficción te permite explorar todas esas dificultades. Desde la idea de alguien que uno no ve hace mucho pero se arma relatos de su vida hasta la idea de estar lejos de alguien, que fue el disparador del título del libro: es una frase de un cuento de Lorrie Moore.

– Los cuentos están plagados de detalles, mínimos, por ejemplo el momento que un grupo de judíos ortodoxos pasa caminando por un negocio de electrodomésticos, en día de shabat y disimulan el estar mirando las pantallas por donde transmiten un partido de fútbol ¿Qué importancia le das a los detalles en la ficción?

– Me gustan mucho los universos detallados y me molestan las ficciones donde hacen abstracciones de un trabajo o de cualquier otro ámbito. Yo busco que los mundos de mis relatos no sean genéricos y para eso me gusta que estén muy detallados. De la literatura, me gusta por un lado el trabajo sobre el lenguaje, el por qué esto está contado de esta manera, y por otro, una historia con la que puedas involucrarte y eso se logra, creo, con los detalles. Con algo que te saque de lo que estabas mirando y te lleve la vista hacia otro lado. Aquellas cosas que no se puede googlear.

– La familia es otro nexo en común en prácticamente todos los cuentos.

– Sí. La familia es algo que me interesa mucho, en un sentido amplio. Crea problemas. Y en todas las familias pasan cosas extrañas por esa cosa de la unión: es gente con la que estás atada porque sí. Yo no estoy en contra de las familias pero sí estoy en contra de que estés atado a gente que no te cae bien. Los núcleos familiares son cosas muy dudosas y eso me parece muy fértil para la literatura: es un lugar donde todo lo que hay es contradicción. Y también por lo que me sucedió a mí, la familia es las ganas de irse del lugar en el que naciste. Hay algo que tiene que ver con el desencuentro y que es muy constante también.

– En el último cuento narras algo real: la muerte de tu papá, quien fue víctima del atentado a la AMIA. Un relato así de íntimo ¿te hace sentir expuesta o vulnerable?

– No es tan íntimo. Es un hecho bastante público. Nosotros cobramos la indemnización de mi viejo en 2015 y fue un fallo histórico de la Corte Suprema. Pero no me preocupa exponerme, de hecho me molesta bastante cuando la gente se queja de lo autobiográfico. Además, me interesó la idea de ver qué pasaba si ponía una historia autobiográfica como si fuera una historia cualquiera, entre un montón de otras historias ficticias. Me gustaba ese juego. Creo que lo más raro del cuento es que expongo a mi familia pero no hay que tenerle miedo a que alguien se enoje con el relato. Mejor, significa que lo leyeron. Si la gente se enoja con los libros me parece que estamos bien.

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