Tokatlian: “Venezuela es un experimento impuesto y Argentina es un experimento por invitación”
El especialista sostiene que el mundo atraviesa una transformación de magnitud histórica. Advierte que Estados Unidos busca recuperar América Latina como su principal esfera de influencia frente al ascenso de China, analiza el crecimiento de las nuevas derechas y afirma que la política exterior del gobierno de Milei es observada internacionalmente como un caso de estudio.
El avance de las expresiones de derecha y ultraderecha en Colombia, Perú, y eventualmente Brasil, no es un fenómeno aislado sino la profundización de una tendencia que el politólogo Juan Gabriel Tokatlian ubica en, al menos, la última década. El especialista distingue dos variantes: “Hay una ultra derecha que representa un pensamiento básicamente retardatario, reaccionario, regresivo, pero que aún se mueve dentro del sistema político y democrático, y tenemos una extrema derecha (…) que tiene un sesgo bastante de antisistema”. Ambas comparten un mismo tronco: la aspiración a restaurar “un presunto orden previo” idealizado y un fuerte antiprogresismo que busca desarmar derechos conquistados en materia ambiental, de género y de justicia social.
Para el analista, América Latina vive hoy una excepcionalidad: si Jair Bolsonaro lograra imponerse en Brasil, la región reeditaría —aunque con una lógica distinta— la homogeneidad autoritaria de los años 70, cuando solo Colombia y Venezuela escapaban a los gobiernos de facto. Esta vez, advirtió, “tendríamos, salvo por México, una América Latina totalmente volcada hacia la ultraderecha y muy alineada con los Estados Unidos”.
Consultado sobre el crecimiento del voto joven hacia opciones de derecha —un electorado históricamente asociado a la izquierda—, Tokatlian identificó cuatro factores convergentes: el deterioro estructural del empleo de calidad, que golpea con más fuerza a los jóvenes; un discurso instalado desde distintos liderazgos según el cual, ante el avance de la robótica y la inteligencia artificial, “en el futuro no va a haber trabajo”, de modo que “para los jóvenes hoy, el mensaje que sistemáticamente escuchan es que no hay futuro”; el desplome de los sistemas educativos, que dejaron de operar como motor de movilidad social; y el avance del crimen organizado, que convierte a los jóvenes en “simultáneamente víctimas y victimarios de la violencia”.
En diálogo con Agenda Real, el programa de streaming de LA CAPITAL y Canal 8 recordó que la región tiene “el 8,3% de la población mundial” pero concentra “más del 25% de todos los asesinatos del mundo”, pese a no registrar conflictos armados entre países vecinos. Ese combo, sostuvo, explica que “la juventud de hoy sea mucho más propensa a ser nihilista, no es que sea de derecha, es nihilista”, un rasgo que, advirtió, “en Argentina creo que eso es un dato con el cual vamos a estar por un muy buen tiempo”.
Un progresismo sin sujeto histórico
Sobre el futuro de las izquierdas, Tokatlian evitó recetas y habló en cambio de una “recesión ideológica del progresismo” que excede a América Latina. A su juicio, la región tuvo alternativas “a lo largo y ancho” a comienzos de siglo que constituyeron “una oportunidad perdida”, aunque reconoció avances importantes. El diagnóstico central es que “el progresismo probó tener una alternativa fiable, una alternativa sostenible en el tiempo, difícilmente”, y que revertir ese cuadro “va a tomar mucho tiempo” y no se resuelve con más o menos autocrítica: falta, dijo, “un proyecto alternativo, comprensivo, integral” y, sobre todo, “un sujeto histórico para llevarlos adelante”.
El tramo más denso de la entrevista giró en torno al repliegue estratégico de Estados Unidos en el mundo y su correlato regional. Tokatlian sostuvo que Washington “lo ha ido perdiendo en términos económicos, en términos comerciales, en términos financieros, en términos de faro de la democracia, en términos culturales, etcétera. Esto es un hecho”, con la sola excepción del plano militar. Detrás de ese diagnóstico, describió un repliegue global en marcha: la salida escalonada de Medio Oriente tras la segunda guerra con Irán, el anuncio de una revisión en seis meses de la presencia militar estadounidense en Europa, y la reciente renominación del Comando Indo-Pacífico como “Comando Pacífico”.
Ese repliegue convive, paradójicamente, con una ambición renovada sobre América Latina. Tokatlian citó la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre pasado y la Estrategia de Defensa Nacional de enero de este año, que por primera vez fusionan los tradicionales perímetros de defensa norte y sur de Estados Unidos. La expresión de ese giro fue, según relató, la creación del “Escudo de las Américas” el 5 de marzo, en una reunión de dieciséis ministros de Defensa de la región con el titular del Departamento de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, quien allí planteó: “Para nosotros, para Estados Unidos, no para la región, no para América Latina, no para el Caribe, para nosotros lo que vamos a procurar ahora es lo que llamamos la gran Norte América, the great North America”. Y precisó sus límites: “Las fronteras de esta gran Norte América van de Groenlandia a Ecuador y de Alaska a Guyana”. Es, remarcó Tokatlian, la primera vez en dos siglos que un gobierno estadounidense incorpora territorialmente a América del Sur en su perímetro de defensa, apenas meses después del ataque a Venezuela en enero.
En ese contexto fue donde el analista resaltó que
“Venezuela es un experimento y Argentina es otro experimento (…) Aquí hay dos experimentos en marcha. Uno, impuesto y el otro por invitación”. A diferencia de lo que ocurre con Venezuela, subrayó, no hay presión ni amenaza de Washington sobre Buenos Aires: “no es que Estados Unidos está presionando, amenazando con retaliarse aquí hay concesión unilateral”. Y fue más allá sobre el consenso interno: “¿Qué es lo que pasa con las y los argentinos que hemos aceptado bastante sigilosamente ser parte de este experimento?”.
Peter Thiel y el peso de
los actores no estatales
Tokatlian llamó también a prestar atención a actores no estatales cuya influencia sobre la política internacional ya iguala o supera a la de los propios gobiernos: “la riqueza acumulada por esas 10 grandes tecnológicas equivale al producto interno bruto de China”. En ese marco situó las visitas a la Argentina de figuras como Peter Thiel y describió a Javier Milei como un mandatario indiferente a los foros multilaterales: “A Milei no le interesa en absoluto los foros multilaterales. Detesta Naciones Unidas, no le interesa nada multilateral”. Sobre sus prioridades internacionales, fue tajante: “Va a hablar con por un lado ultraderechistas y por otro lado con magnates. Ese es su mundo”.
Consultado por el vínculo con Israel, Tokatlian lo describió como una pieza más de un realineamiento integral de la política exterior argentina con Washington: “no es por Israel en sí mismo, insisto, es por la cantidad de temas en los cuales Argentina, por alinearse con Estados Unidos e Israel, se ha apartado y ha alineado del resto de la comunidad internacional”.
Recordó que la última vez que la religión ocupó un lugar tan explícito en la política exterior argentina fue durante la última dictadura militar, y remarcó que hoy “no hay tantos presidentes en el mundo que dicen ser categóricamente sionistas”. El corrimiento en la política exterior, agregó, funciona como una señal dirigida “a Washington y a Wall Street”, que demuestra “que Argentina está dispuesta a ir con este proyecto a fondo”.
China, entre la cautela y la oportunidad
Sobre el rol de China frente a este reacomodamiento, Tokatlian trazó un contraste con 1978, cuando comenzaron las reformas de Deng Xiaoping bajo la promesa de modernizar el socialismo y “lo que creó realmente es un sistema capitalista altamente competitivo, controlado desde el estado”. En su charla con Agenda Real citó datos del instituto australiano ASPI: si a comienzos de siglo Estados Unidos lideraba en 60 de 64 tecnologías críticas de uso civil y militar, “desde el año 2019, China lidera en 57 de las 64”. Aun así, remarcó que Beijing “no quiere ni puede desafiar militarmente a los Estados Unidos” en la región y que, en consecuencia, seguirá privilegiando “su diplomacia comercial, económica, financiera”.
Como contraste, mencionó que Brasil recibió “más de 37.000 millones de dólares de inversión” china en el último año, tras la firma de 37 acuerdos entre Xi Jinping y Lula, mientras que la Argentina recibió “3.100 millones de dólares de inversión neta” de todo el mundo en 2025, según la OCDE. Para Tokatlian, dejar la relación con China exclusivamente en manos de los privados “es pegarse un tiro en el pie”: “todos los países tienen una política hacia China no tener una política hacia China es pegarse un tiro en el pie”.
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