Tute: “No hay mejor herramienta que el arte para sublimar dolores”
El humorista gráfico estuvo en Mar del Plata para conversar sobre su última novela gráfica, un ensayo literario y visual sobre la muerte que, en realidad, es una defensa radical de la vida. Las formas de transitar el duelo en el arte, el humor como salvación y su apuesta por la autoedición, en esta entrevista con LA CAPITAL.
Tute publicó 20 libros, entre ellos, “Dios, el Hombre, el amor y dos o tres cosas más”, “Superyó”, “Todo es político!” y “Mabel & Rubén al diván”.
Por Rocío Ibarlucía
Un hombre yace tendido en el suelo. No sabemos quién es, ni de dónde viene. No habla, no se mueve. Está muerto, en la calle, mientras a su alrededor desfilan los vivos. Cada uno proyecta en ese cuerpo una idea distinta de la muerte. Y, sin embargo, lo que se despliega no es un tratado solemne sino un catálogo de reacciones humanas ante la finitud, abordada desde el humor y la poesía.
Así es “Ensayo para mi muerte”, la nueva novela gráfica de Juan Matías Loiseau, conocido artísticamente como Tute. Publicada por Pájaro de Vellón –el sello que creó junto a su esposa, Pilar Vellón–, esta obra literaria y visual se aleja del formato clásico de la historieta para acercarse al ensayo, en el sentido literario pero también teatral, sobre la muerte. Sin embargo, explica su autor, “la muerte funciona como metáfora para hablar de la vida”.
Reconocido por sus tiras en La Nación, que publica desde 1999 con personajes como Batu y la pareja Mabel y Rubén, y por sus más de 20 libros publicados, Tute vuelve en esta novela gráfica sobre el duelo, un tema que ya había explorado en “Diario de un hijo” (Sudamericana, 2019), dedicado a su padre, el gran humorista gráfico Caloi. En este caso, el punto de partida fue la muerte de su hermano, Tomás “Tommy” Loiseau, quien falleció sobre el escenario en 2019. Pero lejos de escribir una biografía directa, Tute elige homenajearlo a través de otra historia, que es una escena teatral donde el muerto se convierte en un espejo en el que todos los personajes se miran y reconocen, al igual que los lectores.
Antes de su presentación el miércoles pasado en Mar del Plata, y mientras trabaja en la adaptación teatral de este libro, Tute conversó con LA CAPITAL sobre los tabúes sociales alrededor de la muerte, la potencia del humor como mecanismo de defensa y la decisión de autoeditar este proyecto que confirma su salto de dibujante al de un narrador que encuentra su expresión en todas las formas del arte, del dibujo a la poesía, y desde allí a la música, el cine y ahora el teatro.

La novela gráfica “Ensayo para mi muerte” fue publicada bajo el sello Pájaro de Vellón, que creó junto a su esposa Pilar Vellón.
—El título, “Ensayo para mi muerte”, propone un gesto paradójico: ensayar lo que, por definición, no puede experimentarse en vida. Es un imposible o una contradicción. ¿Qué te llevó a ensayar tu propia muerte, en el libro y en su promoción?
—El título juega con la ambigüedad de la palabra ensayo. Por un lado, como bien decís, el ensayo en términos de alguien que prueba teatralmente una escena imposible de ensayar. Y por otro lado, juega con el sentido de obra ensayística como género literario. Porque es un libro que ahonda sobre este tema. Y si bien es un libro de humor, reflexiona alrededor del tema de la muerte. Así que el título tiene que ver con eso.
Y la presentación del libro en términos publicitarios y promocionales jugó con la idea de que yo ensayaba mi propia muerte. De hecho, la primera pieza promocional del libro fue un carrusel en redes en el que yo anunciaba con mucho dolor mi propia muerte y contaba cómo había sido. Después de esa pieza humorística, aparecía la tapa del libro y el anuncio de la preventa del libro. Los dibujantes amigos me despedían desde sus espacios humorísticos con dibujos alusivos a mi muerte. Bueno, era todo un juego, por supuesto. Llamó bastante la atención y fue un buen inicio para la venta del libro.

“Me duele en el alma informar que he muerto”, publicó en sus redes sociales Tute, para promocionar su libro.
—¿Y qué repercusiones tuvo en tus lectores y seguidores?
—Hubo diálogos increíbles, tales como gente que me preguntaba “¿en serio, te moriste?”, entonces yo le respondía “pero sí, por supuesto”, así que fue divertido. Hubo gente que se preocupó también, pero la mayoría por supuesto entendió que se trataba de un paso de comedia, como no podía ser de otra manera. Porque uno puede anunciar su muerte, pero nunca contar cómo fue.
—Tengo entendido que uno de los disparadores del libro tuvo que ver con la muerte de tu hermano, Tommy. En estos días, se estrenó una película, “Hamnet”, que permite pensar el teatro funciona como una forma de duelar la muerte, invocando en escena a quien ya no está. En tu caso, y mediante la publicación de esta novela gráfica, ¿compartís esta idea del arte como sublimación o como una forma de mantener viva la memoria de tu hermano?
—Sí, totalmente comparto esa idea. Creo que no hay mejor herramienta que el arte para sublimar dolores. Convertirlos en, por ejemplo, libros de historietas, libros de humor, en un hecho artístico, en un hecho poético. Ya tuve la experiencia antes con “Diario de un hijo”, que fue un libro que dediqué a mi viejo, en el que cuento mi relación con él desde mi nacimiento hasta su muerte. Así que ya tengo muy claro que parte de los duelos que hago son dibujados, siempre. Y este libro es un claro ejemplo de eso. Cuando me preguntan, cuento que el disparador para este libro fue la muerte de mi hermano. Luego, vos abrís el libro y no te vas a encontrar con nada que aluda a mi hermano, ni es él el muertito de la novela. Es un libro sobre la muerte, pero en realidad es un libro cuyo protagonista está muerto, lo cual ya es algo extraño. Probablemente sea la primera novela en la historia cuyo protagonista está muerto, desde la página uno hasta la última. Pero siempre digo que el muerto funciona como metáfora, como símbolo para hablar de la muerte y la muerte para hablar de la vida, porque en realidad es un libro que permanentemente está hablando de la vida.
Y retomando la pregunta que me hiciste, el libro abre con una cita de Atahualpa Yupanqui, que es de una milonga que se llama “Los hermanos”, en la que dice “Y en nosotros nuestros muertos / pa que nadie quede atrás”. Esa es la parte en la que claramente hay un homenaje a mi hermano y también una posición frente a las ausencias, que es la que tengo yo, y es la que comparto con el gran maestro Yupanqui cuando dice que los muertos se quedan con nosotros. Después, dependerá de cómo uno elabora los duelos, si esa muerte que uno lleva consigo es una muerte que le pesa a uno o que la lleva con liviandad y con evocación, con la posibilidad de evocar a nuestros muertos queridos.
—De hecho, en el libro el protagonista no habla, no acciona, no conocemos su pasado, y eso permite poner el foco no en el muerto, sino en las reacciones de quienes ven al hombre tendido en el piso.
—Exacto, el libro es eso, es una suerte de catálogo humorístico de reacciones frente a la muerte, de todos estos personajes que reaccionan de distintas maneras.
—¿Y qué dicen esas reacciones de los vivos cuando ven al muerto sobre nosotros como sociedad?
—Bueno, lo que deja a la vista es la dificultad que tenemos como sociedad para abordar el tema de la muerte. Fijate que la gente, en general, le raja al tema, sigue siendo un tema tabú, no se habla en la mesa familiar, hay una superstición alrededor del tema. Muchos te dicen “no hables de la muerte”, “no la invoques”, “no la llames”. Y después hay mucha creencia y mucha fantasía alrededor del tema del después de la muerte. Ahí ofrecen su asistencia a la fe poética, a la fe religiosa. Los que no profesamos ninguna de esas creencias, no adherimos a ningún sistema de esas creencias, nos ocupamos más del antes de la muerte, no del después de la muerte. Y esto es lo que hace el libro, ocuparse de todo lo que hay antes de la muerte, y no preocuparse por lo que viene después, que es absolutamente incierto. Por eso el libro cierra con una frase que viene del antiguo latín, que es “Mientras vivimos, vivamos”. Todo esto, por supuesto, con mucho humor. Probablemente, sea mi producción más humorística, porque todo el tiempo apunta a que nos ríamos y a que pensemos. Es decir, a que reflexionemos desde el humor, desde la poesía y desde el absurdo.
“Es el humor lo que nos salva de la muerte únicamente”.
—El humor es un gran aliado para lidiar con el final trágico que nos espera a todos. ¿Sentís que el humor y la poesía habilitan una reflexión más profunda, más filosófica, que si nos quedáramos en lo solemne?
—Totalmente. Considero que el humor es un mecanismo de defensa frente a cualquier cosa que nos angustie y, por supuesto, frente a la muerte. Es el humor lo que nos salva de la muerte únicamente. A veces juego a hablar de Dios poniéndome en una posición de creyente y digo, si Dios existe, Dios creó todo esto, nos dio la conciencia de finitud y para compensar, el humor.
—¿Y por qué elegiste el dispositivo teatral para diseñar este libro? ¿Qué te permitió pensar, jugar, la idea del escenario, de la actuación, de la puesta en escena?
—Mirá, lo fui encontrando naturalmente. Me di cuenta de que no tenía que mover la cámara. Un historietista es como una especie de director de cine que va eligiendo el tamaño de plano en el que va a mostrar cada imagen, cada cuadrito. Y rápidamente me di cuenta de que era una escena teatral, de que el muerto era el protagonista y tenía que prevalecer en el centro de la escena y que todo tenía que girar alrededor suyo, pero sin mover la cámara.
Si abrís el libro, al principio hay un zoom-in que se mete adentro del negro del ojo. Lo utilizo como una metáfora de la muerte y luego empieza el libro y ya no se mueve nunca más la cámara. Y ahí me di cuenta de que era una obra de teatro, a tal punto de que hoy estoy terminando el casting de lo que va a ser la versión teatral de “Ensayo para mi muerte”. Estamos trabajando con José Luis Arias (Pepe Arias), que es un gran actor y director de teatro.
“El arte es una avenida ancha por la que uno puede circular libremente, no tiene por qué hacer siempre lo mismo, ni ser encasillado”.
—¿Vas a participar activamente en la puesta?
—Sí, voy a hacer el guion, bueno, el guion ya está hecho, pero voy a hacer la adaptación para la obra y vamos a dirigir juntos, con Pepe, a los actores.
—¿Hubo un interés por mostrar cómo la muerte puede volverse un espectáculo en esta vida contemporánea donde todo se convierte en espectáculo, en vidriera? ¿Tuviste la motivación de mostrar cómo los vivos también actuamos, exageramos nuestras emociones y pensamientos cuando hablamos de la muerte?
—Sí, está todo eso y más, porque, como dice uno de los personajes en las primeras páginas, no hay muerte más propia que la ajena, y entonces ese muerto le sirve a todos los que pasan frente a él para mirarse en él como si fuera un espejo. El muerto de alguna manera se convierte en un espejo en el que se miran todos los que pasan, y a su vez estos personajes, con todas sus reacciones, se convierten en una suerte de juego de espejos multiplicado, que nos sirve a nosotros, los lectores, para sentir identificación, y poder verse con un personaje o con otro o con más de uno.
—Respecto del estilo, hay páginas en blanco, mudas, tachaduras, dejás al descubierto los errores. ¿Por qué tomaste estas decisiones formales? ¿Cuánto dice la forma de lo que se habla a nivel temático sobre la muerte?
—El muertito terminó siendo casi como un logo, como un gesto, lo hacía con una sola línea, o con muy poquitas líneas. No hubo una decisión previa, pero sí sabía que quería un libro fresco, por eso lo hice con el estilo con el que solían ser las páginas dominicales de La Nación Revista, que no tienen lápiz previo. Entonces, directamente con el marcador fui dibujando al muertito y encontrando el gesto de cómo dibujarlo. Cada personaje tiene alguna cosita que lo identifica, algún detalle, una galera, una pipa, una capa, una camiseta de fútbol, pero son pequeños detalles que dan identidad a los personajes. Pero a su vez el libro juega con la idea de que todos se parecen, de que somos lo mismo. Incluso el muertito ahí, en ese gesto y sin ropa, es una suerte de personaje anodino con el que es fácilmente identificarse. Y apostando a lo que tiene ese estilo, que es un estilo más despojado, más espontáneo, que logra algo del orden de lo asertivo incluso en el error. Cuando hay un error se tacha y creo que eso le aporta frescura y naturalidad.

Una viñeta de Tute.
—Después de más de veinte libros publicados por grandes editoriales, decidiste lanzar este proyecto de manera independiente. ¿Qué te llevó a tomar esa elección? ¿Fue una motivación ética, estética, para alcanzar más libertad creativa?
—Sí, diría dos motivos. Uno tiene que ver con una razón artística, que es poder hacer exactamente lo que quería, poner el título que yo quisiera. Tiene la cantidad de páginas que yo quería, el gramaje, elegí cada cosa del libro. Eso me dio mucha libertad artística, por un lado. Y por otro lado, la segunda razón sería económica o comercial. Tiene que ver con que las editoriales les pagan a los autores solo el 10% del precio de tapa. La gente no lo sabe, pero los autores de los libros, sin quienes no existirían los libros, solamente se llevan el 10% del precio de tapa. Así que también, a modo de desagravio, me autoedité el libro. Afortunadamente le está yendo muy bien. Y por supuesto, yo como autor recibo mucho más que lo que me ofrece la editorial.
—¿Y esta experiencia con Pájaro de Vellón fue una decisión puntual para este libro o la idea es continuar el proyecto editorial con nuevas publicaciones?
—No, la idea por ahora es hacer este único libro. Luego, continuaré con los sellos editoriales con los que trabajo, pero siempre con la posibilidad de volver a autoeditarme. Quizá un libro, el año que viene quizá autoedite las agendas. Esa puerta se abrió y puedo seguir haciendo uso de ella más adelante en distintos proyectos.
—¿Qué concepción de la muerte tenías antes de escribirlo? ¿En algún punto cambió algo después de ensayarla en este libro?
—No, mi punto de vista respecto a la muerte es el mismo que tenía antes de empezar la novela. Mi posición frente a la muerte es que estoy en contra de ella, que la quiero lejos, y no la romantizo. Pero sí, en términos personales, el libro me sirvió para trabajar sobre una imagen específicamente y colaborar con el duelo por la muerte de mi hermano. Así que, en lo personal me sirvió para eso y en lo artístico, para poder hacer un libro gracioso y poético, me parece que aúna las dos cosas.
—Bueno, en el prólogo Alejandro Dolina te define como un poeta, ¿te sentís identificado con esa definición?
—Mirá, si el Negro Dolina dice que yo soy un poeta, lo primero que siento es que exagera, por supuesto. A mí me gusta leer poesía desde muy joven, la he escrito también, pero no me considero un poeta, considero que soy un artista que tiene en su cajita de herramientas la poesía como una herramienta que conoce. Eso es lo que te puedo decir, pero no podría decir de mí mismo que soy un poeta. Ahora, que lo diga el Negro Dolina, por supuesto me produce mucho orgullo.
—Imagino. Y así como acudís a la poesía, también tenés en tu caja de herramientas la música, el cine, ahora el teatro.
—Sí, me gusta, soy un curioso ante todo. Soy dibujante, esa es mi actividad troncal, pero me interesan muchas aristas del arte. Bueno, ahora estoy metido en el teatro, escribí una serie para una plataforma hace poco, escribí el guion de una película, he filmado, he escrito poesía y he hecho música. Ahí donde encuentro interés me mando nomás. Aunque sea un advenedizo, lo hago con mucho entusiasmo, y además con la idea de que el arte es una avenida ancha por la que uno puede circular libremente, no tiene por qué hacer siempre lo mismo, ni ser encasillado. Las etiquetas siempre son una necesidad más del afuera que del adentro, aunque a veces también es una necesidad el autoetiquetarse para lograr cierta tranquilidad. Bueno, a mí me gusta la idea de poder, en la vida, explorar y conocer y disfrutar de muchas herramientas que te da el arte en general.
—¿Estás trabajando en un nuevo proyecto, además de la puesta teatral?
—Sí, estoy ahora metido con la obra de teatro, pero también trabajando en una nueva novela gráfica, de más largo aliento, a color, con un trabajo distinto de lo formal, que me va a llevar tiempo terminar, pero que va a ser un libro de unas 300 páginas y que es una aventura. También con algo de género policial, pero con humor y poesía.
La novela “Ensayo para mi muerte”, publicada por Pájaro de Vellón, solo puede conseguirse a través de la página web www.tutehumor.com
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