Un 3,4 % que el gobierno pretende que se convierta en bisagra, el inicio del desgaste de Milei y el límite del voto bronca
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El dato llegó y confirmó lo que ya se venía anticipando en los pasillos del Palacio de Hacienda: la inflación de marzo fue del 3,4 %, el registro más alto en lo que va del año y un pequeño freno en la tendencia de desaceleración que el Gobierno venía mostrando como principal activo. No es un número dramático en la serie larga —sobre todo comparado con la herencia reciente—, pero sí lo suficientemente incómodo como para obligar a recalibrar el discurso oficial. Porque marzo no fue un mes cualquiera: marcó el inicio de un trimestre donde el Gobierno esperaba consolidar la baja y, en cambio, se encontró con ruido. Ahí es donde entra en escena Luis Caputo, que este mismo martes jugó a dos puntas: hablarle al mercado… y anticiparse al dato.

Ante empresarios de la Cámara de Comercio de Estados Unidos (AmCham), el ministro eligió un tono inusualmente optimista, casi desafiante frente a la coyuntura. Admitió implícitamente el tropiezo —ya había adelantado que el número iba a estar “arriba del 3 %”—, pero lo encuadró como un episodio transitorio. Su mensaje central fue otro: “A partir de abril vamos a ver una desaceleración importante de la inflación”, prometió. No fue solo un pronóstico técnico. Fue una apuesta política. Caputo construyó ante los empresarios un relato de “punto de inflexión”: habló de recuperación de la demanda de dinero, de baja de tasas, y de un proceso de desinflación acompañado por crecimiento. Incluso fue más allá: dijo que la inflación “va a tener certificado de defunción” si el rumbo se mantiene, y proyectó que los próximos 18 a 20 meses podrían ser “los mejores de las últimas décadas”. El contraste es evidente. Mientras el dato de marzo muestra una economía todavía atravesada por tensiones —tarifas, estacionalidad, impacto internacional como el petróleo—, el discurso oficial se corre hacia adelante y apuesta a abril como bisagra.

En definitiva, el Gobierno empieza a pedir que se crea en lo que todavía no se ve del todo en los números. En ese marco, el mensaje a los empresarios también tuvo una segunda capa: no quedarse en el “modelo anterior” y acelerar la reconversión productiva. Un guiño directo a un sector privado que todavía duda entre acompañar o esperar. La secuencia del día no fue casual: inflación, discurso ante el círculo rojo y viaje a Washington para el FMI. Todo parte de la misma coreografía: sostener expectativas. Porque, en síntesis, el plan económico hoy juega en ese terreno. Más que en el 3,4 % que ya pasó, en la promesa de que lo que viene —ahora sí— será distinto.

En ese mismo escenario donde habló Caputo, hubo presencia marplatense. En el marco del AmCham Summit 2026, el concejal marplatense Juan Manuel Cheppi participó en uno de los encuentros empresariales más relevantes del país, organizado por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la República Argentina. El evento reúne a referentes del sector público y privado para debatir sobre desarrollo económico, inversiones y oportunidades productivas, con especial foco en el crecimiento exportador. En ese contexto, Cheppi recorrió distintos paneles y espacios de intercambio, donde se abordaron temáticas vinculadas al perfil exportador de empresas argentinas, posibles inversiones y debates sobre sectores estratégicos.

La invitación al dirigente local del Frente Renovador se enmarca en su vínculo previo con el ámbito productivo y empresarial, consolidado durante su paso por el Ministerio de Economía como secretario de Economía del Conocimiento. En esa misma línea, el año pasado había formado parte de la “AmCham Energy Forum” junto a empresas del parque industrial marplatense y firmas proveedoras del sector energético. Durante la jornada expusieron gobernadores, ministros y CEOs de las empresas estadounidenses con mayor presencia en la Argentina. También estuvo presente Federico Salcedo, director y cofundador de Atlas Smart Cities (en la foto junto a Cheppi), empresa que se especializa en el desarrollo de soluciones para gobiernos locales, trabajando en la integración de datos urbanos, el uso de tecnología para optimizar servicios públicos, la planificación estratégica basada en evidencia y la transformación digital de las ciudades.

Mientras todo esto sucedía, intendentes inician presión sobre Luis Caputo. Decenas de jefes comunales de todo el país marcharon al Ministerio de Economía para reclamarle al ministro Luis Caputo por la falta de obras públicas, el precio del combustible y la caída de la coparticipación federal de impuestos. La movilización fue convocada por la Federación Argentina de Municipios (FAM), cuyo actual titular es el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, un firme aliado del gobernador bonaerense Axel Kicillof. No pasó desapercibido que participaron del evento el ministro de Gobierno de Provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco; y el ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis. La FAM presentó un documento que detalla que la coparticipación acumuló una baja del 21 % desde marzo de 2024 y que el gobierno nacional recaudó $1,5 billón por el Impuesto a los Combustibles Líquidos sin destinarlos a obras ni a reducir el precio de la energía y exigen retrotraer el precio de la nafta al 01/03, utilizar los fondos del impuesto a los combustibles para obras y frenar el ajuste sobre las transferencias a las provincias y comunas.

Desde Mar del Plata, expresó también su adhesión el ex intendente, actual concejal y aliado político del gobernador, Gustavo Pulti. “Apoyamos el reclamo que más de un centenar de intendentes e intendentas están realizando en la Ciudad de Buenos Aires, junto al gobernador Kicillof, para exigir las obras y los recursos que le corresponden a nuestro pueblo”, señaló y añadió que “son los fondos que el Gobierno nacional le quitó a la provincia de Buenos Aires y a sus ciudades, necesarios para realizar obras en las calles, en la salud, en la educación, en la seguridad y en la mejora ambiental. Las obras y los recursos son de los vecinos y vecinas: corresponde que Milei los reconozca y los restituya”, consideró en posteos realizados en las redes sociales de Pulti.

En la Casa Rosada empiezan a mirar con más atención las encuestas que antes desestimaban. No es por un número puntual, sino por algo más profundo: por primera vez aparecen señales de desgaste que no son ruido, sino tendencia. El último trabajo de la consultora de Gustavo Córdoba muestra un dato que, leído en frío, ya es incómodo: solo el 29,4 % votaría hoy por la reelección de Javier Milei, mientras que más del 60 % la rechaza. Pero el problema no es ese número. El problema es lo que hay detrás. Porque el apoyo al Presidente ya no se explica tanto por lo que hace, sino por lo que representa. Casi la mitad de sus votantes dice sostenerlo por “confianza en su liderazgo”, y otro 21 % directamente por rechazo al peronismo. Es decir: identidad y emoción. Recién después aparecen las políticas. Traducido: Milei sigue siendo más símbolo que gestión.

Del otro lado, el rechazo es mucho más concreto. No hay ideología ni relato que lo amortigüe: la principal razón para no votarlo es la economía (47 %), seguida por promesas incumplidas y, atención, un dato nuevo que empieza a pesar: la corrupción. Ahí se prende una luz amarilla en Balcarce 50. Porque si algo le permitió a Milei construir poder fue pararse como distinto. Si ese atributo se empieza a erosionar, el golpe no es marginal: es estructural. El votante propio ya no es el mismo. El dato más delicado no está en la foto general, sino dentro del núcleo duro. Uno de cada tres votantes de Milei dice haber reducido o retirado su apoyo. Y lo hace, otra vez, por razones muy concretas: la situación económica primero, pero también por promesas incumplidas y sospechas de corrupción. Es decir: el desencanto ya no viene solo de afuera. Empieza a filtrarse desde adentro. Y eso cambia todo.

Porque mientras el voto anti-peronista sigue funcionando como ancla, ya no alcanza para compensar la experiencia cotidiana. “La inflación baja puede ordenar variables macro, pero no necesariamente reconstruir confianza política. La demanda que crece: algo nuevo, pero no tan extremo”, señalaba concejal opositor en diálogo informal con periodistas, analizando el informe, durante la celebración de los 86 años del Club Once Unidos, con su tradicional paella gigante. El informe deja otra pista interesante: hay un electorado que empieza a buscar salida. Más del 60 % quiere un dirigente nuevo, pero casi la mitad también dice que preferiría una opción más moderada. Y un 48 % apoyaría una alianza opositora amplia para ganarle a Milei. Traducción en código político: el clima de época que lo llevó al poder —bronca, ruptura, antisistema— empieza a mutar hacia otra cosa. No necesariamente un regreso al pasado, pero tampoco una profundización del shock.

Con concejales de todas las fuerzas políticas presentes -salvo del kirchnerismo- que acompañaron al presidente de la institución, Horacio Taccone, se multiplicaron las charlas informales entre las más de 1500 personas presentes. Empresario de la construcción, más que interesado en la economía y la política, y parte de un envidiable grupo de WhatsApp con jugadores fuertes de la ciudad, sobre el informe de Zuban Córdoba, reflexionaba que hay un oficialismo que ya no pelea solo contra la herencia. En el Gobierno -refirió- todavía sostienen que el problema es la herencia y que el ajuste era inevitable. Pero los datos muestran que esa explicación empieza a perder eficacia. Cuando el rechazo se organiza alrededor de la economía, la gestión y la credibilidad, ya no alcanza con mirar para atrás. El foco se corre, inevitablemente, hacia el presente”, apuntó. Y concluyó diciendo que “ahí aparece el verdadero desafío para Milei: dejar de ser candidato. Porque gobernar no es lo mismo que representar enojo. Y las encuestas empiezan a sugerir que ese tránsito, que parecía automático, hoy está en discusión”.

A todo esto, en su discurso, Taccone confirmó el adelanto oportunamente publicado por esta columna en relación a la creación de un servicio educativo ya que Once Unidos tendrá una escuela, en sus tres niveles, inicial, primario y secundario, en el edificio -que se alquilará en una primera etapa- en Tejedor y Florisbelo Acosta donde funcionó el instituto Carlos Tejedor. “Los sueños -le confesaba Taccone al contador municipal Guillermo Costanzo y a la rectora de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Mónica Biassone- los transformamos en objetivos, y esos objetivos nos esforzamos para cumplirlos. Apuntamos a dar una educación de calidad, de excelencia, donde podamos potenciar las cualidades de los alumnos y donde nuestros egresados, además de tener especialidades en deporte, aprendan una segunda lengua sin necesidad de ir a estudiar a otro lado”. Más tarde, el presidente de Once Unidos admitía ante el diputado nacional de La Libertad Avanza, Alejandro Carrancio, que el del Colegio “es el desafío más grande desde que asumimos en esta institución. Pero tenemos ganas y estamos trabajando para lograrlo”, concluyó diciendo.

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