Un archivo en la cocina: cuando la vida cotidiana también forma parte de la obra
Andrea Brunotti reúne objetos, recuerdos, textos y materiales de trabajo en un archivo que se despliega por su casa y se transforma en materia de creación.
Texere, instalación textual de Brunotti.
¿Qué guarda una artista en su espacio de trabajo? Para Andrea Brunotti, la respuesta excede las herramientas y materiales propios de una obra: también incluye fotografías, telas, mapas, libros, recuerdos, apuntes, viajes y objetos que forman parte de su vida cotidiana. En una casa pequeña, donde conviven las tareas domésticas, el trabajo, el estudio y la escritura, la cocina se convierte también en taller y archivo.
Artista, docente e investigadora marplatense, Brunotti creó Texere (textil, escritura, cuerpx), su trabajo final de investigación para la Maestría en Prácticas Artísticas Contemporáneas de la Escuela de Arte y Patrimonio de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). El proyecto aborda el diálogo entre las prácticas textiles y la escritura entre 2021 y 2025.
Como parte de ese trabajo, Brunotti presentó una instalación compuesta por un texto sellado y bordado sobre un liencillo, que forma parte de Texere (ver foto). La obra fue exhibida en abril de 2025 en la Sala Hoyer del Campus Miguelete de la Unsam.
El texto que se reproduce a continuación es el que puede leerse en esa instalación y constituye, por lo tanto, la producción escrita de esta obra visual:
Un archivo en la cocina
Archivo: ordenar o desordenar. Crear un archivo: casi una metodología del caos, como un homenaje al Diario de la dispersión de Rosario Bléfari. Estar haciendo varias cosas a la vez ha sido una metodología que permitió la convivencia de todas las prácticas: domésticas/docentes/artísticas/de investigación/de escritura. Entonces, todo lo que hay en el espacio de trabajo puede ser parte de un archivo. Si no se dispone de un cuarto propio, la vida cotidiana se mete en las prácticas artísticas.
Este archivo se dispersa e invade todos los espacios de una casa pequeña en la que convivimos cuatro. En un intento de sectorizarlo, fui poniendo cosas en una caja de cartón: estampas viejas, retazos de tela, papeles sellados, mapas, papeles varios, moldes de costura regalados por amigas que saben de mi amor por unas labores que nunca he practicado domésticamente. El archivo, en movimientos tentaculares o rizomáticos, se niega a permanecer en un solo sitio, se escapa de los cajones y la biblioteca, de un escritorio que se resiste al orden. Hay una carpeta digital en donde colecciono autorretratos de mujeres artistas de diferentes épocas que conversan conmigo cada día, como compañeras del más allá, obsesionando el tiempo del que no dispongo, que le disputo a mi trabajo, a las tareas de cuidado, a la vida que parece no congeniar con estas ganas de saber más de ellas.
En el archivo hay hilos, agujas, cordeles, bastidores de bordado, botones, sellos, retazos de pinturas viejas. Hay tintas de grabado y rodillos. Hay papeles de calcar y papel de molde, hay autorretratos propios. Hay telas y servilletas de una tía de mi amiga Celina, que me fueron donadas para hacer obra con ellas. Hay palabras bordadas robadas de citas o que son poesías que escribo sobre tela. Hay algunas acuarelas, una máquina de escribir y una máquina de coser. Hay tres cuadernos de notas, en los que escribo desde 2021, cuando asisto a clases. Es una escritura que trata de asir todo aquello que resuena, se mezclan las palabras de mis docentes y compañerxs. Hay listas de libros que debería leer. ¡Son tantos los libros que tendría que leer! Hay algunas consignas como “vivas nos queremos”, “hasta la victoria stencil” y “una imprenta en la cocina”. Tal vez este último título de libro es el que mejor describa lo que hace el archivo conmigo: una artista en la cocina, una artista sin cuarto propio, que escribe de manera febril en una computadora mientras prepara meriendas, administra remedios, ordena ropa y prepara la cena.
Esta cocina comedor es un archivo, sobre la mesa. A veces bailan la máquina de coser y la de escribir a un ritmo musical que se fusiona con una playlist de Spotify. El archivo se parece bastante a mí, hace muchas cosas a la vez. Está compuesto de tantas cosas que pueden ser unidas o tramadas en distintos gestos en los cuales me reconozco: cortar y pegar, copiar, citar y robar, coser y bordar, transferir, grabar y estampar, rumiar, releer, reescribir, hacer con otras, viajar una vez por semana, ir y venir, viajar cada vez que se pueda a la Patagonia. En el archivo las cosas fermentan, o florecen o se pudren, aparecen y se van, se superponen y se transparentan.
Hay cosas que pujan por entrar a este archivo: fotos de familia, fotos de cuando era adolescente y viajaba como mochilera, fotos de mis hijos, mapas y planos de lugares que visité, piedras, maderitas, semillas, una colección de plantas que sobreviven sin regar.
Las preguntas que le fui haciendo a este archivo son las siguientes:
¿En qué se parecen los autorretratos a mí? ¿Tienen que parecerse? ¿Qué es lo que me interesa de ellos? ¿Qué relación hay entre mis prácticas y mis deseos de viajar? ¿Qué de la geografía que visito y que habito está presente en mis prácticas artísticas? ¿Cómo aparecen el movimiento, los viajes, en mis prácticas de investigación? ¿Puede ser la obra soporte de la escritura? ¿En dónde y cuándo escribimos lxs artistas? ¿Cómo selecciono los materiales de este archivo cuando quiero realizar una obra/investigación? ¿Cuáles son los gestos y procedimientos a los cuales someto estos materiales?
Una cocina/taller, una conjunción de prácticas y gestos, una escritura destemplada, caótica, imprecisa, nocturna, solitaria. Un archivo des/bordado de su tiempo, un intento de fijar su imprecisión.
La autora

La artista, investigadora y docente Andrea Brunotti se define como “indisciplinada”.
Andrea Brunotti es artista, docente, investigadora y escritora feminista. Es miembro de mAtriZ ColectivA desde 2019. En 2025 se graduó como Magíster en Prácticas Artísticas Contemporáneas en la escuela de Arte y Patrimonio de la Unsam.
Este texto forma parte del trabajo final de investigación titulado Texere (textil, escritura, cuerpx) y aborda el diálogo entre prácticas textiles y de escritura entre 2021 y 2025.
Además, es docente en la Escuela de Artes Visuales Malharro, Escuela de Cerámica, ESEA N°1 y Colegio Nacional A. Illia.
Desde 1995 expone y participa en salones y concursos a nivel local, provincial y nacional.
Se define como una lectora dispersa e incansable. Tiene una pata en la academia y otra siempre rozando el borde, por eso se considera indisciplinada.
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