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Opinión 14 de septiembre de 2026

Una de cal y una de arena en materia económica

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Por José Luis Stella*

Hace aproximadamente un mes, Luciano Román publicaba en La Nación un artículo titulado “Desilusión sin nostalgia: señales de un cambio en el humor social”, donde se preguntaba si se ensancha el universo de los decepcionados, aun entre quienes apoyan el rumbo económico señalado por el gobierno.

Así lo revela el Monitor del Humor Social y Político que D’Alessio Irol/Berensztein prepararon para El Cronista. El estudio mensual de agosto muestra que solo una de cada tres personas considera que la economía del país está mejor que hace un año, mientras que el 67% sostiene que está peor. También se va debilitando mes a mes la expectativa de una mejora futura: apenas el 37% de los encuestados cree que la situación económica mejorará dentro de un año.

El consultor Eduardo D’Alessio señaló que “aunque parezca paradójico, existe la situación de que el horizonte es menos auspicioso este mes que el mes anterior, pero la imagen de gestión de gobierno de Milei no se ha modificado”. El núcleo central de sus votantes entiende que las dificultades económicas no obedecen a una mala praxis, sino a medidas de fondo cuyos resultados todavía demandan tiempo, y por eso mantienen su apoyo.

Las principales preocupaciones sociales continúan asociadas al bolsillo. Las mayores alertas están vinculadas con el costo de los servicios públicos, la posibilidad de que los ingresos no alcancen para mantener el nivel de vida y la incertidumbre económica. Ya no preocupa tanto la desaceleración de la inflación, que el Indec midió en agosto en 1,7%, 21,3% en los primeros ocho meses y 33,5% interanual.

Son fundamentales el empleo y el nivel de actividad, aunque hoy los sectores dinámicos del modelo —el agro, la minería y la energía, a través del gas y el petróleo— solo generan el 8% del empleo registrado.

Volviendo a la encuesta, la sociedad percibe que los precios han aumentado más que los ingresos y, dentro de ese deterioro, los servicios públicos ocupan un lugar protagónico, especialmente por la proporción creciente que representan en el ingreso de la clase media. Solo un 4% de los consultados señaló que los ingresos de su hogar aumentaron más que los precios respecto de un año atrás, mientras que un 15% sostuvo que el incremento fue proporcional. En cambio, 32% dijo que sus ingresos aumentaron menos que la inflación y 15% que se mantuvieron sin cambios. Finalmente, 38% señaló que directamente disminuyeron, guarismo que trepa al 53% entre el nivel socioeconómico medio bajo y alcanza al 59% de los votantes kirchneristas.

El 93% de los entrevistados tiene pagos, cuotas o compromisos económicos que debe afrontar periódicamente, principalmente por incidencia de los servicios públicos (75%), telefonía celular y/o internet (72%), compras realizadas con tarjeta de crédito (54%) e impuestos, tasas o planes de pago (51%), entre otros. También uno de cada siete encuestados registra en su entorno casos de personas con deudas vinculadas al juego.

En este escenario, la imagen positiva del presidente Javier Milei cayó a un piso de 34%, seis puntos por debajo de la del gobernador Axel Kicillof y de la diputada de izquierda Myriam Bregman, ambos con 40%. El ranking es encabezado por el exjefe de Gabinete Guillermo Francos (45%), seguido por la senadora Patricia Bullrich (43%). El primer funcionario en el listado es el actual jefe de Gabinete, Diego Santilli, con 37% de imagen positiva, apenas por detrás del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri (39%), y de su primo, el expresidente Mauricio Macri (38%).

En el último sondeo de Aresco, otra consultora, dos tercios de los encuestados evalúan negativamente la situación económica (67% desfavorable, 33% favorable) y las expectativas negativas llegan al 57%. “Hace meses que la economía es percibida establemente mal. Ni mejora la evaluación presente, ni las expectativas”, dice Federico Aurelio coincidente con la medición de D’Alessio/Berensztein.

Dejando de lado las encuestas, hay un claro predominio de cuestiones negativas. La economía crece poco y en forma de serrucho: apenas 1,9% el EMAE en el primer semestre. Son pocos los sectores que crecen con fuerza —energía, minería, agro y bancos—, mientras que otros con alto peso en el empleo y el consumo —comercio, industria y construcción— caen, están estancados o crecen muy poco y todavía no recuperan los niveles de 2023.

El 24 de septiembre se conocerá la Encuesta Permanente de Hogares del Indec que mostrará los datos de pobreza e indigencia del primer semestre 2026. Según la consultora ExQuanti, especializada en temas socioeconómicos, calculó que, mientras que en el último semestre del 2025 el total de pobres había llegado a ser de 13,4 millones de personas, en el primer semestre de este año los mismos se incrementarían a 15,1 millones de personas. En el segundo semestre del 2023 la misma consultora medía 19,6 millones de personas en situación de pobreza. En resumen estaríamos mejor que a fin del 2023 pero peor que en el segundo semestre del 2025.

La elevada dolarización de los argentinos pone un límite al margen de maniobra oficial y constituye una traba para la recuperación de la economía. Los datos del balance cambiario de julio del BCRA muestran que la compra neta de dólares de los argentinos ascendió a u$s 3.100 millones, frente a los u$s 2.000 millones promedio desde principios de año. Un tercio se destinó al colchón, otro tercio a pagar gastos con tarjeta en el exterior y el restante quedó depositado en el sistema financiero. En agosto, todavía sin cifras oficiales, las compras netas habrían rondado entre u$s 2.500 y u$s 2.700 millones. El BCRA adquirió solo u$s 700 millones, la menor compra del año, para evitar convalidar un tipo de cambio más alto.

Mientras la sociedad critica con legítimas razones los resultados de la gestión, observamos algo positivo que pasa desapercibido y que vale la pena describir a partir de un recordatorio histórico: los tres últimos gobiernos encabezados por Cristina Fernández, Mauricio Macri y Alberto Fernández atravesaron crisis económicas complejas en el tercer año de mandato y luego perdieron las elecciones presidenciales siguientes, en las que cambió el signo político del poder. En principio, la alternancia es buena, pero no cuando está forzada por crisis que se desatan en el tercer año de gestión.

En 2014, Axel Kicillof era ministro de Economía y Juan Carlos Fábrega estaba al frente del banco central. El rumor o “relato” daba cuenta de que existía una maniobra especulativa de la petrolera Shell, dirigida en Argentina por Juan José Aranguren, que derivó en una devaluación de la moneda, con el resultado ortodoxo de aceleración de la inflación y entrada en recesión. Como señala Maximiliano Montenegro, Juan Carlos Fábrega admitió más tarde que fue un ajuste necesario para llegar al final del mandato sin una crisis de divisas mayor. El resultado conocido fue el triunfo de Mauricio Macri frente a Daniel Scioli en las elecciones presidenciales.

Según cuenta Federico Sturzenegger, “hasta fines del 2017 la economía iba bien, pero los medios de comunicación instalaron la idea de que todo iba mal y eso caló tan hondo que el gobierno perdió el rumbo”. Precisamente el Día de los Inocentes, el 28 de diciembre de 2017, Federico Sturzenegger, Luis Caputo, Nicolás Dujovne y Marcos Peña anunciaron el relajamiento de las metas de inflación del BCRA, intentando resolver inconsistencias como el atraso cambiario y el déficit de cuenta corriente, producto de una política monetaria rígida y una política fiscal laxa. Meses después se disparó una corrida cambiaria que terminaría con las aspiraciones de Mauricio Macri a la reelección. Las consecuencias fueron la aceleración inflacionaria y dos años consecutivos de recesión con el triunfo de Alberto Fernández en las elecciones presidenciales de 2019.

En 2022, en el tercer año de gestión de Alberto Fernández, parecía que en cualquier momento iba a estallar lo que los economistas advertían desde hacía tiempo: el costo de sostener el déficit fiscal mediante emisión y luego esterilizar el exceso de pesos con bonos, que formaba una bola de nieve que descendía de lo alto de la montaña. Esa “bomba de pesos” renovable cada vez a períodos más cortos y con tasas más altas aceleró la salida de Martín Guzmán —a quien en el propio ministerio llamaban Mister Magoo, por cómo esquivaba las situaciones complejas—. Tras el breve paso de Batakis y la llegada de emergencia de Sergio Massa al frente del Ministerio de Economía, se logró estirar la agonía hasta la derrota electoral de 2023, dejando sin resolver el problema que quedó como herencia para el gobierno siguiente.

Dice Maximiliano Montenegro: “Durante el tercer año de gestión, Milei no tiene por delante ninguna crisis cambiaria ni aceleración inflacionaria. El frente externo luce totalmente estabilizado, el Banco Central ya adquirió u$s 14.000 millones en lo que va del año, sigue comprando reservas y el riesgo país está anclado alrededor de 500 puntos. La desinflación, a su vez, retomó su curso y apunta debajo del 2% en los próximos meses. El superávit fiscal primario y el superávit comercial —que alcanzaría este año un récord de u$s 25.000 millones, con precios extraordinarios de la energía, supercosecha y muy buenos precios del campo— son los diques de contención de la estabilidad”.

Se percibe una dualidad, el dólar duerme, la mora y la inflación ceden, pero la economía se enfría, “una de cal y una de arena” según el lugar donde se pare el observador para realizar críticas o elogios.

Hay cierta parálisis por parte de los funcionarios. La elevada dolarización de los argentinos muestra que nunca se terminó de recomponer la CONFIANZA, y la dupla Caputo-Bausili no se animan a inyectar pesos a una economía que se quedó sin combustible. “El gran pedazo de la economía que no anda necesita más pesos, está trabado: hay pocos pesos (en términos reales) circulando, el crédito está frenado, la mora es alta y los salarios reales y las jubilaciones están bajos”, explican desde la consultora Macroview, de Carlos Melconian, Rodolfo Santangelo y Pablo Goldin. Y agregan: “El BCRA tenía como objetivo para 2026 remonetizar la economía comprando dólares y emitiendo pesos. Pero no resultó. Compró muchos dólares, pero los pesos que emitió casi no quedaron en el mercado. Fueron absorbidos por sobre colocaciones del Tesoro y ventas de letras para cobertura cambiaria del BCRA. La cantidad real de pesos es hoy más baja que hace un año y mucho más baja que el promedio de los últimos años”.

Los anuncios de nuevos créditos hipotecarios, créditos del Banco Nación para la compra de autos y créditos en dólares a empresas son medidas bienvenidas, pero su grandilocuencia no condicen con su efectividad, ya que difícilmente muevan el amperímetro de la actividad, actúan en el margen y no cambian la situación actual. El tema de fondo es que, tras la corrida cambiaria del año pasado, el sistema financiero está lejos de normalizarse y difícilmente impulse la recuperación como lo hizo en 2024.

Por otra parte, el presidente Milei está preso de sus propias opiniones vertidas previamente. Muchos no le creen; sin embargo, es entendible que no pueda cambiar porque, si lo hiciera, tampoco le creerían los propios y perdería seguramente las próximas elecciones. Eso explica por qué, al mejor estilo kirchnerista, redobla la apuesta.

Tal vez, ya que no quiere cambiar, tendría que releer El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, donde, en una conversación entre Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, y su ambicioso sobrino Tancredi, se expresa la célebre frase: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

*Licenciado en Economía