La muerte, la visión poética de eso que viene. El viento del este. Así la llaman cuando no se atreven a nombrarla. Muerte. Todo es muerte. Todo está muriendo desde que nace, incluso lo muerto sigue muriendo porque su condición no cambia, nunca. Es por eso que no hay un estado final de la muerte, sino que siempre se reivindica, a diferencia de la no muerte, que solo resiste y se arrodilla a suplicar un porcentaje mayor. Y no es grato hablar de eso porque nadie quiere morir, ni los ridículos que hablan de la muerte en un marco de aclamaciones ascéticas en un altar, a través de un libro o por medio de la radio. Porque, aún creado el paraíso, con toda la gracia a nuestros pies, nadie quiere experimentar tan sublime sensación. Seamos realistas. Podríamos salir y reventar como esos locos de… ¿dije locos? Lo siento. Es que mi regla cerebral dice que eso es una locura. Que es mejor mi Dios que no me obliga a entregar la vida como ofrenda a su nombre y que dice lo que a mí me interesa, porque hasta ahí es hasta donde yo llego. Otro que haga lo que quiera. Podrá llevar el combo Dios simple o agrandado por un pequeño monto espiritual y sumar santos y técnicos (obispos, arzobispos, papas, monaguillos, curas, etc.). Pero el viento del este no discrimina la forma del amuleto o el librito que leamos. Ahí viene por todos. Hablemos de eso, de la muerte. “Porque vivir es una alegría y morir una tragedia. Porque morir es pesimismo y vivir es optimismo. Porque morir es indeseable y vivir…” ¿no? ¿No dicen eso? Porque todo puede ser de un modo u otro, salvo el viento del este. Entonces vamos a festejarla, porque merece su momento de gracia. Porque una marca el punto de inicio, y la muerte el punto de finalización. Y si no fuéramos egoístas, dejaríamos que saquen cuenta de lo caminado en vida y discriminen con festejo el día de partida tanto como el de llegada. Porque quiero una foto de mi nacimiento y los meses en la panza tanto como una de mi muerte junto a los recuerdos posteriores. Las quiero todas juntas, en la misma mesa. Solo eso les pido. Esa es mi nota. No hay nada que entender, solo algo que deben hacer. No cajones, no misas recordatorias, no costosas ceremonias plásticas al momento de partida, no funeral, no cementerio, no cajón. Solo mis fotos, todas juntas. Para que la vean todos. Eso soy yo, todo eso.
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