Cultura

Viviana Rivero cuenta esa rebeldía femenina “que se transmite casi al oído”

Acaba de publicar "Una luz fuerte y brillante". La pareja protagonista se encuentra en Siria, en el medio de la guerra. Mandatos, metáforas y lo que deja la pandemia.

 

“Mi viaje a Siria ha sido pura sorpresa. Pero aquí estoy, esperando poder sobrevivirlo. Hoy por poco me matan. Buscando electricidad para mi celular casi pierdo la vida. Los guardias me dispararon pero no me dieron. No obstante, esta no ha sido la única situación en la que estuve al límite; desde que estoy atrapado en Duma me he sentido cerca de la muerte varias veces. Me pregunto: ¿será que aún no llegó mi tiempo de morir?”.

El que escribe su diario de viaje es Alvaro, el héroe de la novela “Una luz fuerte y brillante”, la nueva historia de la escritora cordobesa Viviana Rivero (Emecé). Recientemente salida de la imprenta, la historia de amor entre Alvaro, un ambicioso fotógrafo de guerra, y Salma, una bella joven, se centra en Siria, durante la guerra que empezó en 2011 y que expulsó hacia el exterior a buena parte de su población.

 


 

La tapa del libro que publicó Emecé.


 

El choque entre dos maneras de entender la vida no tarda en aparecer: él, un occidental que vive bajo las costumbres de las grandes ciudades llega a Siria en busca de la mejor imagen de la guerra. Fue invitado por el magnate Al Kabani, un comerciante de telas cuyo negocio está parado por la guerra.

Ella es una mujer de veintiséis años, traductora de español y amante de la fotografía. Pero necesita del consentimiento de su padre para poder moverse y cumplir sus deseos, porque vive en una sociedad abiertamente patriarcal. Al Kabani, su padre, hospeda a Alvaro en su casa y allí se produce el encuentro.

En el medio, una galería de personajes secundarios ayudan en la construcción de un relato que expone con crudeza las desigualdades que viven las mujeres y las consecuencias que impone la guerra en la vida diaria.

“Elijo los temas de los libros por distintos detonantes”, contó Rivero en una charla con LA CAPITAL. “A veces son detonantes internos, a veces externos. En este caso, sucedió que me presentaron a una pareja siria, una pareja joven que venía huyendo de la guerra y que se había asilado en Argentina. Charlo con ellos y me cuentan cómo había sido la huida”.

Así, con ese testimonio de primera mano, arrancó con una investigación de la guerra que la llevó a meterse en las características de una comunidad atravesada por las tradiciones árabes y por la religión musulmana.

“Quería saber por qué sucedió la guerra, porque además todos tienen distintas ideas, depende de su tendencia política. Me puse a estudiar todas las tendencias, desde los ’60 que es donde está el germen de la guerra. E investigué en el mundo musulmán, porque Salma es una mujer musulmana y me quedaban muchos huecos de su personalidad”, dijo.

La poligamia en el interior de algunas familias musulmanas es otro de los temas del libro. “Quería saber cómo pensaba una mujer, cómo es que los hombres pueden casarse con todas las mujeres que quieren, ellos conforman familias y tienen hijos con cada una, quería saber cómo se crían a los hermanos, si hay rivalidad o no, si se los cría en la misma casa”, siguió.

-A Salma la describís como” sumisa y rebelde” al mismo tiempo. ¿Te resultó difícil hacerla verosímil con esas dos cualidades?

-Hay una pequeñísima cuota de rebeldía que yo traté de mostrar en la historia de Namira (tía del personaje de Salma). Hay una disconformidad de la mujer que se transmite a la siguiente generación, casi al oído, digo yo, es una pequeñísima cuota. En el fondo, las mujeres sirias saben que hay otro mundo, sobre todo ahora que tenemos internet, saben que hay otra vida. Voy contando esto y así es como creo al personaje de Salma, porque por un lado su papá le da bastante libertad, pero por el otro, quiere hacer algo diferente y el papa no está de acuerdo. En Siria, la mujer sabe que cuando le da la espalda al sistema se queda sin nada, se queda sin amigos, sin amigas, sin papá, sin hermanos, es extirpada de la familia y de la sociedad, se queda sin dinero porque pasan de ser protegidas por su padre a ser protegidas por su marido, ellas tienen que estar dispuestas a huir y a huir rápido. Hablando con amigos (sirios) me decían que una mujer si queda embarazada fuera del matrimonio, es eliminada por los propios hermanos. Ese un flagelo como acá ocurre el femicidio. Las chicas desaparecen.

-¿Eliminada es asesinada?

-Desaparecen, los hermanos la hacen desaparecer, es un flagelo de la sociedad. Es que el honor es algo tan especial (para ellos) en el matrimonio. Pero aún así hay una pequeña rebeldía que se trasmite entre ellas, de generación en generación. No es fácil irse.

-En ese sentido, el personaje de Namira es fundamental en la vida de Salma…

-Sí, mi idea fue mostrar a una mujer que desde niña siempre está sometida, a tal punto de que siendo una mujer hermosa termina siendo la tercera esposa de un hombre, pero la vida le da posibilidad de que termina siendo una mujer viuda con mucho dinero. Hay que ver si ella va a querer o no ayudar a otras mujeres, como a Salma o ver si el sistema no la ha tomado a ella. Es una mujer que duda, duda si hacer uso de su poder o no, porque el sistema la ha cautivado a ella también y no se siente con ganas de pelear como cuando era joven.

-¿Sentís que escribiste un libro sobre la sororidad?

-Sí, sobre la empatía entre las mujeres. Es una tierra donde se nota mucho más la necesidad de empatía, si no hay empatía entre ellas es la muerte. Acá estamos reclamando derechos y oportunidades, pero allá es la muerte sino hay empatía.

-Depositás en Alvaro tu propia mirada, ese extrañamiento hacia la sociedad musulmana…

-El escritor es un poco todos los personajes que escribe, porque mientras escribía sobre Salma, tuve que aprender mucho de la mujer árabe para poder poder aprender de su sentir. Y con Alvaro me pasaba que trataba de pensar en un hombre occidental, con mucho tiempo en Europa, criado en la libertad. No lo quería nunca juzgador de Salma, sino que se sorprende, por supuesto que juzga lo que es dañino, pero de su religión se sorprende. Le cuesta comprender algunas cosas pero no las juzga.

-Usás mucho la metáfora de la luz, ¿por qué?

-Cuando las personas viven al límite como le pasa a Alvaro, cuando las persona no tienen comida, cuando no tenés agua, cuando vas a salir y podés morir por salir… Alvaro es un hombre estresado, ambicioso y tiene un parate en su vida al estar en Siria. Necesita tener otra sensibilidad para darse cuenta de que la comida puede faltar, entonces agradece la comida. Soy una convencida de que hay una fuerza que nos ayuda en los momentos límites, esa fuerza está para ayudarnos pero a veces estamos en el estrés de la vida diaria y no llegamos a darnos cuenta de eso. Hay dos o tres situaciones concretas en el libro en las que a él ve la luz aunque le parece que son parte de su imaginación. Sigue adelante porque su vida es un caos, está tan pasado pero ve físicamente la luz que lo va guiando.

-Cuando hablás del parate que vive el personajes de Alvaro no puedo dejar de comparar lo que pasa en la actualidad, en la que de alguna manera vivimos un parate a partir de la pandemia. ¿Encontrás relación?

-A eso me refiero, cuando te sacás todo lo urgente y las grandes ambiciones quedamos medio desnudos y empezamos a valorar distinto: la comida, tener a una persona al lado, seguir vivo, lo mínimo. Es lo que le pasa a Alvaro. Lo sacan de su Europa, de su Barcelona donde busca tener el premio a la fotografía del año y de golpe empieza a tener otra conciencia, que es un poco lo que pasa en la pandemia.

-De alguna manera la pandemia nos puso de cara a las cosas simples…

-Sí, supongo que lo vamos a ver en las cosas que se escriben. Hay una generación que es muy mayor y no le queda mucho tiempo, hay otra generación muy joven que casi no ha tenido tiempo de meterse en estas cosas que hablábamos, pero hay otra generación, la de la edad media que va a hacer focus en esto.

-“Una luz fuerte y brillante” alude al 2023, ese futuro en el que ya no hay pandemia, como una expresión de deseo.

-Sí, un poco de normalidad. Quise contar un poco cómo me imaginaba yo, cómo vamos estar en el 2023. El libro está escrito en pandemia. Yo siempre viajo a los lugares de los que escribo y mi idea era ir a Siria, pero no pude, por eso fue tan importante reunirme con gente que había estado allá. Lo más cerca que conozco del mundo árabe es Marruecos. Quería acordarme de cosas que había vivido allá y algunas cosas fueron al libro.

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