En “Secretos de sangre”, la autora cordobesa cuenta una historia atravesada por la búsqueda de la identidad, el amor y la huella del nazismo en Argentina. En entrevista con LA CAPITAL, da detalles de su investigación histórica y reflexiona sobre el poder de la literatura para iluminar aquello que el tiempo, a veces, intenta borrar.
Por Rocío Ibarlucía
“En el hoy estamos construyendo el futuro, o sea, el hoy ya es historia”. En esta afirmación, Viviana Rivero condensa una de las ideas vertebrales de “Secretos de sangre”, su más reciente novela. El libro se detiene en las huellas que el pasado imprime en el presente y en la manera en que los relatos heredados de nuestros antepasados –tanto los dichos como los silenciados– modelan la identidad individual y colectiva.
Autora de 16 títulos que se convirtieron en éxitos de ventas en la Argentina y en el exterior, Rivero presentó esta novela el miércoles pasado en Villa Victoria, en el marco del Festival Penguin Libros. Allí desplegó su destreza narrativa –presente tanto en su escritura como en su oralidad– para recorrer su producción literaria, en la cual los hechos históricos se entrelazan con relatos de amor.
Nacida en Córdoba, abogada de formación y escritora por vocación, Viviana Rivero construyó una extensa trayectoria que incluye novelas históricas como “Zafiros en la piel”, “Apia de Roma” y “Los soles de Santiago”. Su obra se distingue por un riguroso trabajo de documentación y por la presencia de personajes femeninos fuertes, valientes y decididos, una marca de estilo que, según reconoce, fue determinante para consolidar un lugar propio dentro del panorama editorial.
Antes del cálido encuentro con su público lector en Mar del Plata, la escritora dialogó con LA CAPITAL sobre los ejes que articulan “Secretos de sangre”. Este libro vuelve al universo de “Secreto bien guardado”, su primera novela que tuvo una adaptación televisiva, protagonizada por Oriana Sabatini y Victorio D’Alessandro, y que llegó a Netflix. Aquella historia de amor, ambientada en el Hotel Edén de La Falda durante la Segunda Guerra Mundial, unía a Amalia, una joven judía apasionada por la escritura, con Marthin Müller, un alemán afiliado al partido nazi enviado a la Argentina con una misión secreta.
La obra completa de Viviana Rivero fue reeditada por Penguin Random House.
En esta nueva entrega, esos personajes regresan, pero lo hacen a través de otra trama y a otra época. En el presente, Alex Müller, un médico argentino radicado en Nueva York, se enfrenta a una acusación inesperada: una pintada que lo señala como nazi. Así, empieza a investigar la historia de su abuelo Marthin y, para ello, viaja a la laguna de Mar Chiquita, Córdoba, y al mítico Hotel Viena, escenarios cargados de simbolismo donde afloran leyendas y secretos familiares.
Apoyada en una profunda investigación sobre el nazismo en Argentina, Rivero se sumerge en un capítulo poco explorado de la historia: la vida de los marinos alemanes del Graf Spee. Mediante el cruce entre lo íntimo y lo colectivo, la autora vuelve a formular una pregunta que atraviesa su obra: cuánto de lo que somos está marcado por las decisiones de quienes nos precedieron.
“El hecho de que las protagonistas sean mujeres fuertes ha sido bueno para que mi obra pudiera salir adelante”.
—La novela vuelve sobre personajes muy queridos por los lectores, Amalia y Marthin Müller. ¿Cuándo sentiste que pedían regresar y qué nuevos matices encontraste de ellos al reescribirlos?
—La gente los pedía. A mí me parecía que “Secreto bien guardado” había quedado bien, ya no lo quería tocar más. Pero llegó a mis manos un material que hablaba de los marinos alemanes que en 1939 se quedaron en Argentina y de los que fueron mandados a Alemania. Entonces, empecé a juntar materiales y a leer los libros de Abel Basti que hablan de Hitler en Argentina. Ahí dije “creo que voy a revivir a Amalia y Marthin”, porque eran todos temas que podían ir de la mano de estos personajes. Si bien son dos libros que se pueden leer independientemente, invitan a que a quien le haya gustado “Secreto bien guardado”, si quiere más, pueda ir por “Secretos de sangre”, y viceversa. Ahí van a estar Amalia y Marthin trayéndonos de la mano toda este contexto histórico que llegó a mí.
—La historia de los marinos alemanes del Graf Spee que se quedaron en nuestro país tras el hundimiento de la nave en la Segunda Guerra Mundial es fascinante. ¿Cómo te llegó y cómo fue trabajarlo desde la ficción?
—Bueno, yo sabía que algunos marinos, después del hundimiento de la nave en el Río de la Plata en 1939, se quedaron acá, se enamoraron de argentinas y se casaron, y que cuando Argentina le declara la guerra a Alemania, casi al final de la guerra, esos marinos pasaron a ser prisioneros de guerra y fueron llevados a Alemania. Pero no sabía nada de la vida de ellos allá. Y apareció un hombre (Enrique Dick), que escribió un libro que cuenta la biografía de su papá y todo lo que ocurrió con los marinos del Graf Spee, que me pareció muy interesante. A partir de ahí, empecé a investigar. Quería saber qué pasó con ellos en Alemania y sobre las 101 preguntas que todo alemán tenía que responder. Es más, he hablado con especialistas que investigan la presencia nazi en Argentina y esto no lo sabían.
Muchos, que ya tenían trabajo, esposa, hijos acá, son enviados a Alemania para ser enjuiciados y afrontaron un cuestionario, que tenían que responder bien, no podían mentir. Con esas preguntas, mostraban la magnitud de la participación que habían tenido en el régimen nazi. Cuando saltaba que habían participado demasiado en el régimen, podían ir a la horca o iban a parar a los campos de concentración donde ellos habían tenido a los judíos. Y si era suficientemente poco, entonces se los autorizaba a reinsertarse en la nueva sociedad alemana que se estaba reconstruyendo. Entonces, era una escena tan clara la que se me aparecía en la mente cuando investigaba, que me decidí a contar qué pasó con esta gente en la novela.
Además, Argentina tenía cargo de culpa por haber declarado la guerra a Alemania en el último minuto. En cambio, Uruguay no, por lo que ahí se impusieron y no enviaron a los alemanes que se habían casado con uruguayas para no separar familias. Argentina sí los mandó conforme a lo que pedían los aliados vencedores. Pero muchos huyeron, se van a las montañas, acá en Mar del Plata hubo algunos, estaban desparramados por el país.
Yo he hablado con los hijos de estos marinos, que ya es gente mayor, y me contaron los traumas que quedaron en las familias, en los niños que no habían visto a los padres por muchos años.
Viviana Rivero.
—¿Creés que, en ese sentido, la literatura puede aportar matices o nuevas miradas sobre los nazis en Argentina?
—Me pareció súper enriquecedor lo que puede hacer la literatura, porque hay cosas que quedan encerradas y hay tanta gente que quiere contar lo que sabe, lo que vivieron y que quede en un libro. Y cuando uno hace la investigación, surgen detalles.
Cuando trabajaba con los libros de Abel Basti, un historiador defensor de que Hitler estuvo en Argentina, a mí me quedaban dudas, por ejemplo, acerca de si ciertas personas habían sido nazis o no, y él me mandó pruebas. Ahí entendí, por ejemplo, que eran nazis los alemanes que estaban en Argentina en ese momento, porque se los exigía el partido, o sea, para poder trabajar acá en cargos jerárquicos en empresas alemanas, se tenían que afiliar al partido nacional socialista. Tal vez ni tenían ideas nazis, como uno lo concibe ahora, de dar muerte a judíos, sino que era algo casi obligatorio para poder tener un buen trabajo. Entonces, me ayudó mucho la charla con Basti para trabajarlos en el libro.
—En la novela, Alex va en búsqueda de su identidad para conocer si su abuelo fue nazi, por lo que se abren temas como la memoria y la herencia que acarreamos de nuestros antepasados. ¿Por qué te interesaron estos temas, qué querías explorar sobre el peso de los orígenes?
—Me parecen temas muy interesantes porque siempre creemos que uno controla solo su propia vida, pero en realidad acarreamos tantos usos y costumbres que hubo en la familia, tantas palabras que se dijeron o que no se dicen… Entonces, la construcción de la identidad de cada uno de nosotros tiene mucho que ver con lo que hicieron los que estaban antes que nosotros, los padres, los abuelos, los bisabuelos. Ni hablar en Argentina que hubo tanta inmigración y nos quedamos sin muchos datos familiares. A veces de casualidad encontramos cosas y nos cambia la mirada de mucho. Me parece que nos gustaría a todos saber más todavía. A veces uno se da cuenta demasiado tarde porque muchas veces los abuelos partieron.
En este caso, yo lo pongo a Alex Müller a la cabeza de la investigación, y su descubrimiento lo va llevando a él a forjar su propio destino. Como suele suceder en la vida real. A veces buscando cosas, se descubren coincidencias o temas o elecciones que tenían que ver con algo de antes.
Los que trabajamos con la historia vemos muy claramente cómo en el hoy estamos construyendo el futuro, o sea, el hoy ya es historia. Para nuestros hijos va a ser la historia. En el hoy estamos construyendo el pasado de nuestros hijos. Cuando estás viviendo el presente, creés que es todo tuyo, que todo lo hiciste y sin embargo empezás a descubrir que no hemos sido tan importantes en la construcción de lo que hemos querido hacer. Hay mucho que venía heredado, hasta las cosas que uno cree elegir.
También hay un tema profundo que da vueltas, que es esa sensación de que uno planta semillas y no nacen los árboles. Sin embargo, a veces pasa una generación entera hasta que ves en tus hijos algo que pusiste que ya te habías olvidado. A veces es cuestión de mucha paciencia, pero las semillas que uno plantó aparecen. Eso se va viendo a lo largo del libro. La misma familia que había dañado a los Müller, los Fisher, es la misma familia que lo va a tener que sanar. Coralina termina sanando la vida de Alex. Pero los personajes ni se enteran, es el lector el que se entera de la comunicación que hay entre los personajes porque va leyendo toda la historia. Yo creo que así es la vida. Muchas veces ni nosotros mismos nos enteramos de todas las conexiones que hay para que disfrutemos cosas buenas que nos trae la vida.
—La piel aparece como un elemento simbólico en la novela, ¿qué significados tiene para vos?
—Vos sabés que el año anterior a escribir la novela, yo había estado con urticarias, y no podíamos saber qué era, estuve como cinco meses haciéndome estudios, me salían y se iban. Entonces, me puse a investigar y empiezo a descubrir cómo la piel es la cubierta del alma. La piel es lo que te separa de los demás seres humanos y cuando vos más confianza tenés, más cercanía permitís de tu piel con los otros. Y si las personas no son todo lo que vos esperabas, también se producen estas reacciones como la psoriasis de la que se habla en el libro. Entonces, todo eso surgió con el estudio, tratando de entender mis urticarias, que menos mal que se fueron. Me ayudó mucho mi dermatólogo que lo volví loco con las preguntas sobre estas enfermedades. Para mí, la piel tiene que ver con cómo uno va blindándose del mundo externo cuando algo te duele.
“Yo creo que el escritor es un gran observador de la realidad”, asegura Rivero sobre el oficio del escritor.
—¿Cuánto se va cruzando tu vida con tu escritura?
—Yo creo que el escritor es un gran observador de la realidad. Tanto de la macro, lo que está pasando en el mundo, como de la micro, que es su propio ambiente cercano, su casa, su barrio, su ciudad. Por eso creo que esa observación termina yendo a la obra que está llevando adelante el escritor.
—Los escenarios también tienen una dimensión simbólica: la Laguna de Mar Chiquita, el Hotel Viena, el Hotel Edén.
—Sí, me pareció interesante hablar de la Laguna de Mar Chiquita en Córdoba, que tiene mucha sal en sus aguas. Cualquier mar, como el de Mar de Plata, tiene 35 gramos de sal por litro. Y la laguna tenía, en el año 1940, 250 gramos de sal contra 35. Era una especie de mar muerto. Actualmente, tiene un poco menos, pero asimismo tiene tanto que no hay ningún ser vivo adentro, solamente un molusco que es el que comen los flamencos. Y era un lugar ya que tenían en la mira los europeos. En 1920 existía una colonia dirigida por un español, donde hacían ayunos intermitentes, comían comida vegana, se bañaban desnudos en la laguna. Pensemos que los fundadores del Hotel Viena son una austríaca casada con un alemán, que van y se sanan de psoriasis y de asma, y se quedan a vivir ahí.
Después, el Tercer Reich quería enviar ahí a la gente a sanarse de las heridas y los traumas de la guerra. Pensaban que cuando terminara la guerra, iban a mandar a que tengan sus largas temporadas ahí, y hacían sus inversiones y todo. Lo que pasa es que la guerra fue tomando otro cauce, y con la derrota, los alemanes nunca pudieron llegar a hacerlo.
Es un lugar muy especial. Se siente algo cuando uno va. La leyenda dice que el que se baña por primera vez en esas aguas, cuando sale pasan cambios grandes en su vida. Y yo creo que tiene que ver, no con algo místico, sino con que después de un tiempo ahí, salís lúcido y evidentemente vas a tomar buenas decisiones.
—Otro tema central de la novela es el amor: entre Amalia y Marthin, y también entre Alex y Coralina. ¿Qué diferencias y cercanías observás entre el amor en 1940 y las formas de amar en la actualidad?
—La verdad que fue lindo escribir de eso, porque me dio la posibilidad de mirar cómo el amor es diferente en distintas épocas. Vemos una Coralina que no va a dejar toda una vida que ha logrado construir por amor, por más que encuentre el hombre adecuado, con el que soñaba. No está dispuesta a dejarlo todo. Y yo creo que la mujer actual es así. Se vive el amor, o sea, sí, amamos a nuestros hombres, pero no vamos a dejar toda la vida por ellos. Antes se creía que la mujer estaba incompleta si no tenía un hombre a su lado. Ahora sabemos que estamos completas. Después es una elección si querés estar con un hombre o no, pero estás completa.
—Se ha reeditado tu obra completa en Penguin. ¿Qué se siente al tomar dimensión del recorrido literario que has hecho hasta hoy? ¿Percibís cambios en tus temas, en tu forma de narrar o en las preguntas que te interesan hoy como autora?
—Bueno, todo evoluciona. Cuando empecé a escribir, mis personajes eran mujeres fuertes, algo que no se usaba tanto como ahora. Desde el primer libro, “Secreto bien guardado”, la protagonista es una sobreviviente, aprende a sobrellevar la vida sola, por más que fuera una chica joven, con un hijo. Si hubiera escrito como estaban de moda las novelas históricas de esa época, que era otro tipo de mujer, virginal, dependiente del hombre, que siempre él era el fuerte lleno de experiencias, no sé si hubiera tenido buena recepción. Entonces, el hecho de que las protagonistas sean mujeres fuertes ha sido bueno para que mi obra pudiera salir adelante.
Y estoy contenta de que esta nueva editorial haya tomado toda la obra porque ha dado un empuje muy grande. Uno por ahí piensa que ya los leyeron todos, pero siempre aparece el lector nuevo que va en búsqueda de más novelas, así que contenta. Y ayer me avisaron de que van a ser traducidos al árabe. Ahora, esperamos también que venga la serie.
—¿Te gustaría? ¿Hay planes de rodaje?
—La editorial quiere, ellos tienen todo un sector que trabaja sobre esto y están súper interesados, así que pronto empezaremos a trabajar sobre eso para hacer la segunda parte de “Secreto bien guardado”.
La próxima charla del Festival Penguin Libros será con Charlie López, este miércoles 28 de enero a las 19 en Villa Victoria (Matheu 1851), con entrada libre y gratuita. En esta ocasión, el escritor, docente e historiador, reconocido por conducir programas en TN y Canal (á), presentará su último libro, “Todo tiene su historia”, en el cual propone un recorrido por el origen de creencias y tradiciones populares. Una obra que ayuda a comprender quiénes somos y de dónde venimos, con el estilo ameno, didáctico e inconfundible de Charlie López.