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La Ciudad 1 de junio de 2026

El secreto de la mirada que se pierde en el mar

El folklore marplatense recoge como aparente incoherencia simbólica que el monumento al General San Martín emplazado en Luro y Mitre, en lugar de mirar hacia Los Andes, mira hacia el mar. El origen de la obra y su historia sugieren una explicación.

El monumento marplatense al Padre de la Patria está inspirado en el óleo "San Martín en Boulogne-sur-Mer" de Antonio Alice.

No existen normativas universales sobre la orientación cardinal de un monumento, que generalmente se define por motivos artísticos, urbanísticos y paisajísticos. Sin embargo, nuestro monumento a “San Martín Anciano” afrontó reproches por no mirar hacia Los Andes, sino hacia el mar.

No fue el único, y el origen de esas críticas puede rastrearse en el espíritu castrense de la época, desairado porque la obra no refleja las glorias militares del Padre de la Patria. En 1969, el coronel Pedro Martí Garro, a la sazón comisionado municipal, intentó trasladarlo al parque San Martín y compró una estatua ecuestre (que hoy vemos en el parque) en un intento de reemplazo a la postre fallido. El proyecto vino acompañado por una andanada de cuestionamientos al “San Martín Anciano” que se vio reflejada en la prensa local. Su orientación, su aire “melancólico”, su vestimenta civil y hasta su capa –comparada burlonamente con la de un héroe de cómics– cuentan entre ellos.

Nuestro monumento a “San Martín Anciano”, financiado por el filántropo José Roger Balet e inaugurado en 1956, es obra del escultor Luis Perlotti, a quien le adjudicaron la realización por concurso. La estatua está inspirada en el óleo del pintor Antonio Alice, “San Martín en Boulogne-sur-Mer”, que actualmente se expone en el porteño Museo Bernasconi.

Alice realizó su obra entre 1912 y 1915 y, para ello, se instaló en Boulogne-sur-Mer, donde “me pareció hallarme en contacto espiritual con el alma del prócer”, diría años después, a lo que añadió: “Yo quería trasladar a la tela, no la simple imagen del hombre glorioso cruzando los Andes, ni la visión plástica de su contextura de soldado, sino la esencia espiritual de aquel hombre que fue superior a su tiempo”.

El pintor reunió documentos y testimonios que le permitieron reconstruir los últimos años del prócer. De tal manera dio con un texto de “Mr. Gerard, íntimo amigo de San Martín, quien fue elocuente en su descripción: “Ce vieillard (ese viejo), a pesar de sus años, se mantenía sano y fuerte, como si tuviera músculos de bronce”.

La narración de Mr. Gerard nos ayuda a entender la obra de Alice y, por extensión, la de Perlotti. Gracias a su texto, sabemos que San Martín se paseaba diariamente por la ribera acantilada de Boulogne-sur-Mer, donde conversaba con los obreros del puerto y con los pescadores, “cuya charla pintoresca lo encantaba”.

Durante una conferencia brindada en 1938, Alice, citando a Mr. Gerard, dijo que San Martín se mostraba mayormente atraído por “el espectáculo de los barcos que llegaban y, sobre todo, los que partían con rumbo a su patria, llevándose en el temblor de las velas movidas por el viento toda la nostalgia dolorosa de su corazón. De pie, sobre las rocas, San Martín contemplaba, por largo rato, al buque que partía hacia esa tierra amada…”.

El constructor Alfonso Janeiro, quien levantó el pedestal donde vemos a San Martín “de pie, sobre las rocas”, nos comentó hace algunos años: “Perlotti nunca me dijo por qué emplazó el monumento en esa posición”. Los motivos seguirán siendo un secreto, pero el conocimiento de la historia nos sugiere que el escultor respetó la obra de Alice, reflejando la “dolorosa nostalgia” que encierra su mirada perdida en el mar.