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Opinión 31 de mayo de 2026

Oficialismo, oposición y tasa de riesgo-país

Panorama político nacional de los últimos siete días

Por Jorge Raventos

Mientras el calendario electoral comienza a acercarse y las distintas fuerzas políticas ensayan sus movimientos para 2027, el oficialismo parece transitar una situación relativamente favorable. Esta semana la economía le dio algunas noticias buenas y las previsiones aseguran que la inflación de mayo que se anunciará el mes próximo será un poco menor que la de abril. La actual ventaja política del oficialismo, sin embargo, no se explica exclusivamente por los logros propios ni por la fortaleza de su estructura política, sino primordialmente por las dificultades de sus adversarios para construir una alternativa capaz de disputarle el poder.

Es cierto que en el universo de la centroderecha empiezan a insinuarse tensiones que podrían derivar en una competencia interna. Mauricio Macri insiste en que el PRO tendrá candidato presidencial propio y, al mismo tiempo, evita descartar de manera categórica la posibilidad de asumir él mismo ese papel. En paralelo, algunos gestos de Patricia Bullrich alimentan especulaciones sobre una eventual toma de distancia respecto de la estrategia política del presidente Javier Milei. Esa dinámica en todo caso, abre interrogantes sobre la cohesión futura del espacio que hoy respalda al Gobierno..

Los dilemas del peronismo

Sin embargo, la principal incógnita sigue estando del otro lado del tablero. El peronismo aún no ha logrado definir un liderazgo claro ni un programa que le permita ofrecer una alternativa consistente ante el desafío que encarna el mileísmo. No obstante, detrás de esa aparente inmovilidad comienzan a registrarse movimientos que podrían anticipar una etapa de renovación.

Un dato obvio son los movimientos tácticos practicados por algunos gobernadores peronistas, que dialogan con el gobierno y suelen ayudarlo a sacar adelante algunas iniciativas legislativas. Allí se observa que la responsabilidad de administrar un territorio empuja a ciertas convergencias más allá de las viejas ortodoxias

Perr uno de los hechos más significativos en la búsqueda de renovación ocurrió el pasado 1° de mayo en Parque Norte, donde más de mil dirigentes peronistas de distintos puntos del país participaron de un encuentro destinado a debatir ideas y líneas de acción para el futuro del movimiento. Más allá de la diversidad de procedencias y trayectorias de los asistentes, el documento surgido de esa reunión mostró una novedad relevante: la disposición a asumir algunas de las demandas que hoy aparecen asociadas al discurso oficialista.

En lugar de cuestionar principios como el equilibrio fiscal o la necesidad de promover inversiones, los organizadores buscaron incorporarlos a una visión propia del desarrollo económico y social. El texto sostiene que el equilibrio fiscal constituye una condición necesaria para alcanzar un crecimiento estable, aunque advierte que resulta insuficiente si no se complementa con un equilibrio social capaz de mejorar salarios y distribución de ingresos.

También plantea que no es posible distribuir riqueza que previamente no haya sido generada y señala que la ineficiencia del gasto público constituye una fuente de desigualdad tan silenciosa como persistente. En esa misma línea, propone una alianza estratégica con los sectores productivos exportadores para incrementar el ingreso de divisas y promover un desarrollo federal que fortalezca el arraigo en las provincias.

Mirar al centro

El documento incorpora además conceptos que durante años resultaron poco frecuentes en los debates internos del justicialismo. Habla de reglas claras y estables para la inversión, de seguridad jurídica y de la necesidad de priorizar el uso de recursos públicos escasos en políticas capaces de generar progreso y desarrollo. Al mismo tiempo, reivindica la tradición histórica del movimiento al sostener que la verdadera libertad sólo puede construirse sobre una base de justicia social e igualdad de oportunidades.

La experiencia de Parque Norte no quedó reducida a un episodio aislado. Encuentros similares comenzaron a reproducirse en distintos puntos del país, reflejando la voluntad de sectores del peronismo de abrir una discusión más amplia sobre el futuro del espacio político y sobre las ideas que deberían orientar una eventual reconstrucción.

En ese contexto aparece la figura del senador nacional y ex gobernador de San Juan, Sergio Uñac, quien manifestó públicamente su decisión de competir por la candidatura presidencial justicialista. Según afirmó, cuenta con respaldos significativos y considera que la condena judicial que dejó fuera de competencia electoral a Cristina Fernández de Kirchner obliga al peronismo a debatir una nueva conducción.Se trata en la práctica, ahorrando palabras antipáticas, de inaugurar la etapa poskirchnerista.

El anuncio de Uñac fue interpretado como un desafío para las aspiraciones presidenciales del gobernador bonaerense, Axel Kicillof.

Para Uñac, el desafío consiste en superar las discusiones centradas exclusivamente en nombres propios y avanzar hacia una confrontación de proyectos e ideas. Su planteo apunta a construir lo que define como un “peronismo de soluciones”, capaz de responder a las demandas concretas de la sociedad antes que de concentrarse en la denuncia de problemas.

El dirigente sanjuanino imagina una eventual competencia interna con Kicillof, aunque procura evitar que esa disputa sea interpretada como una confrontación entre la provincia de Buenos Aires y el interior del país. “No es una cosa contra la otra”, ha señalado, insistiendo en la necesidad de integrar ambas realidades dentro de una propuesta común. El peronismo sabe bien que puede discutir internamente con eñ máximo ardor pero que “sacar los pìes del plato” y dividir fuerzas es contribuir a una derrota.

Las posiciones de Uñac revelan algunos de los cambios que atraviesan al justicialismo. El sanjuanino defiende la necesidad del equilibrio fiscal, aunque cuestiona los costos sociales con los que, a su juicio, se está alcanzando en la actualidad. Considera indispensable recuperar la inversión en infraestructura y obra pública, pero reconoce al mismo tiempo que la estabilidad de precios obtenida por el Gobierno responde a una demanda genuina de amplios sectores de la sociedad.

Asimismo, reivindica los incentivos a la inversión productiva y cita como ejemplo el impulso que ha recibido la minería en San Juan, una actividad que considera estratégica para el desarrollo regional.

Todavía es temprano para saber si estos movimientose iniciativas alcanzarán para reorganizar al peronismo y convertirlo en una alternativa competitiva. Pero los debates que empiezan a aflorar muestran que, detrás de la aparente quietud de la oposición, se está gestando una discusión que podría resultar decisiva para el escenario político de los próximos años.

Y, observado desde la perspectiva del sistema político en su conjunto, son indicadores de que, descontamdo las divergencias sobre estilos, intensidades y aspectos distributivos, las diferentes fuerzas pueden encontrar puntos principales de coincidencia. Consolidar esa tendencia, alentarla y darle cauces orgánicos sería un pilar básico de la confianza interna e internacional, la mejor forma de bajar el riesgo país.