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Deportes 12 de agosto de 2017

Superó todas la barreras, también la de la “meritocracia”

por Vito Amalfitano

La ví llorar antes, durante y después de los Juegos Olímpicos. Y no de alegría, como ahora. Sino porque sentía que su esfuerzo no se reconocía como corresponde. Ni el de ella ni el de muchos deportistas amateurs argentinos que construyeron un hito con la participación inédita en Rio 2016, en lo cualitativo y cuantitativo.

Así me lo confesó Belén Casetta a la vuelta de Brasil para explicar su llanto: “Por ahí la gente no sabe como llega uno, no conoce nuestras historias, de las lesiones, de los esfuerzos. A veces en Argentina se es injusto con los deportistas y solo se habla de los que ganan y no se valoriza todo lo que significa nada más que llegar a los Juegos Olímpicos. Eso ya es un triunfo, y fíjate que las chicas que competirán conmigo en Perú (se venía el Sudamericano) me tomarán de esa manera. Acá se tendría que ver más que no es solo ganar, que llegar es un logro en sí mismo”.

Ni siquiera se encargó Belén en ese momento, en aquella nueva charla con LA CAPITAL después de la participación en Río, de destacar que su esfuerzo era doble, porque había llegado a los Juegos, a la máxima cita deportiva, sin abandonar sus estudios de medicina y con un respaldo que súbitamente no fue el esperado sobre el final de la etapa preparatoria, del Enard y las autoridades deportivas del gobierno argentino.

En efecto, en aquella oportunidad el Enard le había quitado todo el respaldo que merecía porque Belén había conseguido la marca y la clasificación a Río solo a dos meses de la máxima competencia. No la consideraron para la ayuda y las becas porque lesiones que la tuvieron a maltraer en los últimos tiempos la dejaron lejos de las nuevas marcas de la “meritocracia” impuesta por la actual administración del gobierno nacional. Belén ya traía una marca de 10.21 de cuando tenía solo 17 años, que incluso la dejaban al borde de Londres muy chica, pero después aquellas lesiones la hicieron retroceder en la consideración. Pero ella, de acuerdo a los parámetros de la década anterior, cuando se forjó la generación inolvidable de Río 2016, ya había sido detectada como nuevo talento y había demostrado potencialmente la capacidad para estar en los Juegos y en otras competencias con el respaldo que correspondía.

El Enard, en efecto, es un instrumento maravilloso al servicio de los deportistas. La Ley impulsada por el gobierno nacional anterior en en 2009 a través de la cuál por un impuesto ínfimo del 1% a la telefonía celular hay una ayuda extra para el futuro del deporte olímpico. Pero que pierde su espíritu cuando queda sometido a esa “meritocracia”, siguiendo números fríos en lugar de atender cada situación personal, como, por ejemplo, aquella de Belén Casetta, que, efectivamente llegó con escasa ayuda a Río.

Está claro ya que Belén también superó esas barreras, sin quejarse, sin echarle culpas a nadie, pero sin poder contener las lágrimas antes y después de cada esfuerzo no correspondido. Y lo hizo todo mientras además avanzaba en sus estudios de medicina que ahora también le dan un plus en su carrera deportiva. Porque gracias a la gestión de Emiliano Ojea, de la Federación Argentina Universitaria, y por supuesto por su doble mérito, el de la perseverancia en los estudios y el deporte, fue invitada ahora para competir en el Mundial Universitario en China Taipei, a fines de agosto. Un premio posterior a su actuación consagratoria en Londres.

Y a toda esa carga, a las carreras paralelas de Belén, hay que agregarle traumáticas situaciones familiares que debió afrontar en los últimos años. Se sobrepuso a todo, salió adelante y llegó a los Juegos. Y ahora voló nada menos que en un Mundial. Pero ya lo había prometido…

“Voy a seguir en la carrera de medicina,-nos decía en aquella oportunidad, en la nota que le hicimos y publicamos el 24 de septiembre de 2016-, estoy como puedo en tercer año pero yo me voy a recibir, cuando sea, pero lo voy a conseguir (…) y mi otro gran objetivo de 2017 será el Mundial de Londres, de mayores, ya se que puedo competir a la par, en Río empecé”.

Lo anunció, cumplió y se superó aun por sobre sus propios límites. Belén Casetta es, desde ya, una gran campeona del deporte y de la vida. Y el orgullo de Mar del Plata que, ahora sí, todos reconocen.