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Cultura 7 de abril de 2018

Paloma Herrera: “Siento que mi danza ha sido mi religión”

Escribió su autobiografía mientras dejaba su vida en Nueva York y emprendía la aventura de volver a la Argentina, ya no como bailarina del American Ballet Theatre. La escritura le sirvió para entender la magnitud de su carrera y para contar cuál su secreto: decisión, trabajo y personalidad.

En Mar del Plata, Paloma junto a Magenia Múgica en la presentación del libro.

“Paloma. Siempre me sentí identificada con mi nombre. Y no precisamente por lo que dicen en general cuando comparan o asocian el volar de una paloma con Paloma-bailarina. Sino por la libertad que he sentido. La libertad de una paloma. La libertad de poder volar en todos los sentidos”.

Así comienza “Paloma Herrera. Una intensa vida” (Sudamericana), la autobiografía que la bailarina argentina escribió con los detalles de toda su trayectoria sobre los escenarios y sus ricas experiencias personales, sus pensamientos, amores y anhelos. Herrera pasó recientemente por Mar del Plata para presentarlo y para ofrecer un seminario organizado por la coreógrafa marplatense Magenia Múgica.

Aunque lo suyo es la danza y el movimiento, la actual directora del Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires mantuvo desde chica un gran vínculo con la escritura y la lectura. Por eso el ofrecimiento que le hizo la editorial Random House en 2015, a poco de haberse retirado del ballet, no le pareció un paso inquietante, sino un desafío a su altura.

Es que Paloma tiene su vida de bailarina documentada en cuadernos y agendas, en los que anotó horarios de ensayos, vuelos tomados, pensamientos, reflexiones y estado en el que se encontraba desde sus 15 años, cuando comenzó a vivir sola en Nueva York . Además, es una lectora voraz que hizo de los libros sus verdaderos compañeros de viaje.

“Me encantó la idea de escribir un libro -relató a LA CAPITAL-. Y lo primero que les pedí (a la editorial) es que fuera mi voz, no quería que nadie escribiera mi libro porque la gente sabe cómo pienso, cómo me manejo y me parecía importantísimo que me pudieran escuchar cuando leyeran el libro”.

Una voz dulce y reflexiva, siempre en primera persona, va relatando cada paso de su vida, desde que nació y sus padres eligieron el nombre Paloma al ver un cuadro de Carlos Alonso hasta momentos altos en su carrera como primera figura del American Ballet Theate. Tampoco elude contar por qué decidió retirarse de la danza cuando cumplió cuarenta años y optó dejar Estados Unidos e instalarse definitivamente en Buenos Aires.

“Cuando uno se muda va sacando absolutamente todo, todas mis cosas estaban muy cerca, al libro lo escribí cuando me estaba mudando de Nueva York a Buenos Aires, fue un momento perfecto para hacerlo, ahora no podría”, indicó, en referencia a su cargo en el Teatro Colón.

– Desde las primeras páginas contás como se eligió tu nombre, cómo se preparó tu mamá para el parto, las elecciones que tomaste aún siendo muy chica, ¿creés que estabas predestinada a la libertad, a la expresión, al arte, a la danza?

– Yo no creo en nada, siento que mi danza ha sido mi religión. Y es también una incógnita que tengo. Yo no creo en nada pero soy una agradecida de la vida, hasta el día de hoy me pasa, siempre digo “Gracias Dios”, por más que no soy creyente, siento la necesidad de agradecer a la vida todos los días y no sé muy bien a quién agradezco. Es algo que me lo sigo preguntando, quizá a mis padre, a todas mis experiencias. No sé si creo en el destino, es lo que me decía siempre mi mamá: “Tomá las cosas como se presentan”, o “Los dioses están siempre de tu lado”. Y me lo decía mi mamá que nunca creyó en nada. Pienso que va más allá de las creencias, tiene que ver con tomar la vida como viene y dejar que las cosas fluyan, vivo el momento y el día a día y soy una agradecida pero no sé si es el destino o si es la suerte.

– No te considerás creyente pero sos una persona espiritual.

– Vuelco en el libro toda mi forma de ser, mi forma de vida, también es que encontré en la danza mi burbuja, mi lugar y ahí puse toda mi felicidad, mis angustias, mis peguntas, fue una forma de religión, ese lugar donde uno se halla y donde encuentra paz. Muchas veces me preguntan qué se necesita para ser una bailarina y la verdad es que no tengo la respuesta, no puedo decir que es el destino o la suerte, creo que es una combinación de cosas, de las técnicas, de las piernas, de los padres, de la suerte de que justo fui a audicionar… y hay cosas que son de trabajo y trabajo y trabajo y cosas que tienen que tiene que ver con la contención familiar, que te han ayudado. Este libro es la respuesta a ese secreto de mi carrera, que es una conjunción de cosas, no una sola.

Amores y maestros

– Siendo tan reservada en tu vida privada, sorprende que en libro cuentes de tus amores. ¿Te costó narrar esos momentos?

– Mi inspiración fue un poco mostrar que se puede siempre mirar el vaso lleno, que uno es fuerte, eso lo repito siempre, soy más fuerte de lo que pensaba que era. ¿Y cómo podía mostrar eso en el libro? Bueno mostrando esas vivencias que me parecen super importantes, cómo de repente uno estaba mal con su pareja pero salía a bailar y todo lo podía, cómo uno tiene que ser fuerte en un montón de situaciones, con parejas o con maestros que eran duros, situaciones difíciles que hubo yo las tomaba como experiencias y cuando pasaban sentía que era más fuerte todavía. Por eso me pareció importante contarlas, no por el hecho de contar mis amores, porque en mis entrevistas jamás hablo de mi vida personal, sino de mi carrera, mis parejas las mantuve bastante privadas, soy bajo perfil. En este caso conté de mis experiencias, de mis maestros, de mis parejas y de mis novios porque hacían a mi personalidad, hacían a mis diferencias, y a mi vida en la distancia y con esas relaciones, las conté porque tienen que ver con mi personalidad. Soy una persona super intensa para haber tenido una carrera así, porque mucha gente tiene técnica, pero no llega porque le falta esta personalidad que se necesita para afrontar un montón de situaciones.

– Otra característica personal es tu gran poder de decisión. Una vez que tomás una decisión es difícil que se quiebre ese camino.

– No lo cuento desde un lado pedante, de hecho muchos premios que me dieron no los cuento, y si cuento de algún premio fue porque usaba la anécdota de lo quería contar, pero me pareció importante contar las decisiones que tomé porque ellas definen mi personalidad. Cómo a los siete años estaba decidida por la danza, a los quince también, lo veo ahora en perspectiva, porque después de hacer todo el libo realmente caí en la carrera que había tenido, y me doy cuenta de que amaba ir a bailar a Nueva York porque era la compañía de mis sueños y yo me preocupaba en eso nada más, era muy loco que a los quince estuviera viviendo Nueva York, a los diecisiete tenía mi departamento, a los diecinueve fui tapa del New York Times por ser la primera bailarina (del American Ballet Theatre). Tomé conciencia de eso cuando terminé toda mi carrera y cuando escribí el libro.

– ¿Entonces este libro fue clave para cerrar una etapa?

– Exacto, me pareció muy lindo momento. Por eso digo “Guau, qué increíble haber tomado esas decisiones a esas edades”. Y por eso creo que se entendió cuando decidí retirarme.

– ¿Por qué te quieren tanto en Cuba?

– Desde el primer momento sentí ese amor. Bailé el Quijote, un ballet muy especial para los cubanos, junto a José Carreño y yo estaba en la cresta de la ola y fui a Cuba y noté que había una gran expectativa. Y me llevé el mejor recuerdo. Se formó una relación muy especial con los cubanos, cada vez que volví me trataron maravillosamente bien. Ellos saben que a mí me apasiona saber que el arte es para todo el mundo, ellos saben que yo apoyo esa visión. Los cubanos saben de danza porque se pasa ballet en la televisión todo el tiempo, algo que me parece maravilloso.

– ¿Qué impronta querés darle a tu cargo de directora del Ballet Estable del Colón?

– Trato de contar todo lo que cuento en el libro en el día a día de los ensayos, yo creo totalmente en el trabajo duro, pero no creo que esa dureza tenga que ver con la tortura, para nada, no creo que una directora tenga que ser una tortura, no creo en el maltrato. Por todas las experiencias vividas siento que entiendo mucho más este cargo, no solamente porque estuve en el American Ballet sino porque fui invitada a muchos ballets desde Cuba, Japón, Leningrado, tengo una cabeza muy abierta, pero además soy argentina, siento que tengo toda la combinación. Una cabeza abierta y la experiencia de afuera, pero conozco la cultura argentina. Trabajo mucho en el teatro la idea de no repetir nunca las cosas que me han hecho a mí y que no me han ayudado, sino las que realmente sacaron lo mejor de mí.