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Opinión 25 de mayo de 2016

Una crisis política y personal que llega cada vez más lejos

Por Gabriel Aldao

El drama político y personal de Carlos Arroyo se trasladará este jueves a los hogares de miles de familias marplatenses.
La convicción del intendente por mantener en su cargo a la secretaria de Educación, Ana María Crovetto, hará que los docentes municipales protagonicen una jornada de paro con movilización a la que ayer el jefe comunal intentó desinflar de antemano con una amenaza: a los que hagan huelga, la comuna les descontará el día no trabajado.
Sin ánimo de conciliar con nadie, el jefe comunal asumió una postura irreductible.
Lanzó el desafío durante una conferencia de prensa en la que mientras hablaba, algunos integrantes de su gabinete demoraban su mirada en el suelo.
Arroyo opina que las críticas a su funcionaria dilecta tienen un trasfondo político. Lo señala una y otra vez intentando presentar como una revelación algo indiscutible.
Semanas atrás la oposición sentó a Crovetto en el recinto del Concejo Deliberante, la expuso a las críticas de directores de escuelas y docentes, y ante el espectáculo, reclamó lo obvio: su renuncia.
Frente al manifiesto cariz político del asunto, Arroyo actúa como si el destino de Crovetto fuera un cuestión de índole personal.
Ciertamente, también lo es.
La funcionaria fue la inspectora asignada por la burocracia educativa provincial a controlar la Escuela Media Nº2 que Arroyo dirigió durante décadas tras abandonar su carrera como abogado.
Seguramente durante las parsimoniosas visitas de la inspectora al despacho del director, ambos fantasearon durante años con la posibilidad de que la carrera política de Arroyo se viera coronada con su elección como intendente. Y un día eso pasó.
Como entre la fantasía y la realidad existe un trecho enorme, Arroyo descubrió en pocos días que la tarea para la cual fue elegido por los vecinos es más exigente de lo que imaginaba.
Seguramente fue lo que les sucedió a todos sus antecesores, a los que les llevó algunos meses adaptarse a la responsabilidad de gobernar Mar del Plata.
En el caso de Arroyo, una brutal muestra de eso fue el destino que tuvo el gabinete “de primera” con el que asumió en diciembre, el cual se desmembró casi por completo a fuerza de renuncias desencantadas y escándalos.
De aquellos funcionarios del comienzo, Crovetto es una de las pocas que aún permanece en el cargo.
Soltarle la mano podría causarle un disgusto personal al intendente, quien aparentemente, evalúa que eso sería más doloroso que el costo político de preservarla.
No existen en relación a Crovetto imputaciones severas sobre su política pública en materia educativa. Y en parte ahí radica lo cruel del asunto.
Todo se reduce a un conjunto de anécdotas extravagantes sobre sus modales, su escasa pericia para comprender cuáles son las incumbencias del cargo que ocupa y para tomar decisiones en un sentido razonablemente correcto. Todo eso, sumado, hizo que se convirtiera en un personaje resistido.
Aunque el intendente Carlos Arroyo mencione la existencia de un plan para el área educativa, quienes tuvieron la dicha de dialogar alguna vez con Crovetto se atreven a dudar sobre si algo así existe.
Abundan los detalles acerca de reuniones en las cuales docentes y directivos dedicaron horas a explicarle a la funcionaria cuáles son las necesidades y vericuetos administrativos y burocráticos del sistema municipal sin recibir a cambio alguna señal de que haya sintonizado con el sentido de sus palabras.
A los supervisores, agentes administrativos, directores, docentes y alumnos del sistema educativo municipal suele costarles explicar en una frase por qué Crovetto les causa tanto disgusto.
Le reprochan las medidas de ajuste, citan las denuncias sobre designaciones de amigos y parientes en el área y su costumbre de retacear o negar reuniones y así podrían continuar encadenando, una tras otra, anécdotas grotescas e inverosímiles.
“Soy enemiga del autoritarismo, democrática y simpática”, fue la frase que Crovetto aportó en su propia defensa semanas atrás, después de la incomodísima reunión en el que enfrentó los cuestionamientos de directores de escuelas y docentes por su deslucida gestión.
Ayer Arroyo creyó que para contrarrestar lo que considera un ataque debía poner algo más sobre la mesa.
Leal con su amiga, no dudó en amenazar con descontar el día a los docentes que hagan paro para repudiarla y dejó en claro hasta qué punto está dispuesto a defenderla. “Nosotros estamos convencidos del personal que tenemos en cada uno de los cargos. Recuerdo que he sido elegido intendente por el 48% de los votos. Si el sistema que elegí es bueno volveré a ganar las elecciones, si es malo las perderé”, sostuvo. Así de lejos llegó.