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Opinión 4 de agosto de 2019

Argentina se juega la relación con el FMI en las próximas elecciones

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por Natalia Kidd

La relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es uno de los puntos sobre los que más claramente discrepan los dos principales aspirantes a la Presidencia de Argentina, país que se ha convertido en el mayor deudor del organismo multilateral.

No hay medias tintas entre la posición del actual presidente argentino, Mauricio Macri, que buscará la reelección en octubre, y la de su principal rival electoral, el peronista Alberto Fernández, respecto al FMI y su rol en la economía argentina.

Para el Gobierno de Macri, el organismo es un aliado al que acudió hace un año, en plena crisis económica, en busca de socorro financiero: obtuvo ayuda a tres años, por un total de 56.300 millones de dólares, bajo el compromiso de un ajuste orientado a lograr el equilibrio fiscal.

El recibido por Argentina ha sido el mayor préstamo otorgado por el FMI en su historia, un “logro” cuanto menos llamativo para un país con el pésimo antecedente de haber declarado a finales de 2001 el mayor cese de pagos de la historia moderna y que, desde entonces, vive casi vedado de los mercados internacionales de deuda soberana.

No obstante, tras el giro en materia económica y de política internacional que supuso a finales de 2015 la llegada de Macri a la Casa Rosada tras doce años y medio de kirchnerismo en el poder, Argentina logró la multimillonaria ayuda del Fondo gracias al apoyo, entre otros, de líderes como Donald Trump y Angela Merkel.

En plena campaña para las primarias del próximo 11 de agosto, el FMI ha manifestado su apoyo a las políticas del Gobierno.

De quedarse por cuatro años más en el Gobierno, Macri mantendrá el rumbo pactado con el FMI de saneamiento de las cuentas públicas y una serie de reformas -laboral, tributaria y de la previsión social- orientadas, según el oficialismo y el propio organismo, a mejorar las condiciones para que Argentina vuelva a crecer.

Alberto Fernández no planea lo mismo de llegar a la Casa Rosada.

El ahora candidato era jefe del Gabinete de ministros cuando en 2006 el entonces presidente Néstor Kirchner resolvió cancelar en un solo pago toda la deuda con el FMI, por 9.500 millones de dólares, para ganar así “grados de libertad para la toma de decisiones” y gobernar “sin imposiciones”.

“Voy a sentarme a renegociar con firmeza”, promete el ahora candidato en su último aviso de campaña, en el que advierte que “para pagar, primero hay que crecer”.

Hace un mes se lo anticipó al propio director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner, en una reunión en Buenos Aires.

Le dijo que el acuerdo sellado en 2018 no logró cumplir con el objetivo de recuperar la economía, bajar la inflación y generar empleo y que, por tanto, debe ser “reformulado”, “sin exigirle más esfuerzos” a los argentinos.

“Es populismo puro. La sociedad está intoxicada de populismo y más de uno se cree el discurso anti-FMI”, dijo a EFE Ramiro Castiñeira, economista jefe de la consultora Econométrica, para quien Fernández defiende una “agenda diametralmente opuesta” a las reformas que impulsa el Fondo.

Uno de los interrogantes es si el próximo gobierno, sea quien fuere el vencedor de las presidenciales, deberá renegociar los plazos de pago del acuerdo de 2018.

El FMI ya desembolsó a Argentina unos 45.000 millones de dólares y antes de finales de año le girará otros  5.500 millones. Lo que queda del monto total pactado, llegará en 2020.

El repago plantea un enorme desafío al próximo Gobierno. Entre 2022 y 2023, Argentina debería devolver al FMI unos 46.000 millones de dólares, entre capital e intereses, lo que, según cálculos de la consultora Ecolatina, equivale al 5 % del PBI de cada año, aunque el monto de los compromisos financieros para ese bienio casi se duplica si se suman los pagos a acreedores privados con títulos públicos argentinos en sus carteras.

Para Ecolatina, es “probable” que el próximo presidente tenga que negociar con el FMI un esquema donde los giros de Argentina al organismo estén supeditados al cumplimiento de criterios cuantitativos, como las metas fiscales, pero también a la aplicación de ciertas políticas que el Fondo crea necesarias para estabilizar la macroeconomía.

“Gane quien gane, es muy probable que haya Fondo para rato. Esperemos que también haya crecimiento”, dijo la consultora en un informe difundido este domingo.

Según Castiñeira, dar mayores plazos de pago a Argentina no será problema para el FMI. Eso sí, siempre y cuando el país cumpla con los cambios, principalmente en materia laboral y del sistema de jubilaciones, que Macri está dispuesto a concretar y Fernández, no tanto.

“Mientras se hagan las reformas, se van a ir postergando los plazos”, señala el economista.

Mientras avanza un calendario electoral de resultado aún incierto según las encuestas, el propio Fondo siente posición de cara al futuro.

Werner dijo esta semana en rueda de prensa que, aunque “hay visiones diferentes sobre dónde poner el énfasis en ese cambio estructural”, “hay una visión en cada uno de los candidatos y en el Gobierno de que el gobierno siguiente tiene que fijar una agenda de transformaciones muy importante para restablecer el proceso de crecimiento y de inversión”.

EFE.