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El Mundo 10 de junio de 2022

PCC, la poderosa mafia brasileña que mueve los hilos del crimen en Sudamérica

Un grupo de presos junto a un muro en el que se leen las siglas del Primer Comando de la Capital (PCC) en la Penitenciaria Estatal de Alcaçuz, en Natal. Foto: EFE | Ney Douglas | Archivo.

Por Nayara Batschke y Alba Santandreu

SAN PABLO, Brasil.- El Primer Comando de la Capital surgió a comienzos de los 90 durante una rebelión carcelaria en San Pablo. Tes décadas después, se ha erguido como la organización criminal más importante de Sudamérica y sobre ella recaen sospechas del asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en el Caribe colombiano.

El general colombiano Jorge Luis Vargas afirmó que la poderosa facción habría negociado para atentar contra Pecci en Paraguay, donde el grupo ha asumido el control del tráfico tras el asesinato Jorge Rafaat Toumani, antiguo jefe del narco en la frontera con Brasil.

Según Vargas, como el asesinato no pudo ser consumado en Paraguay, hubo un acuerdo entre organizaciones criminales internacionales para que “fuera realizado en cualquier parte del mundo”, bajo la supuesta coordinación del PCC, que era investigado por el fiscal.

Los tentáculos del PCC

Con más de 30.000 miembros “bautizados”, el PCC se ha erguido como una “empresa criminal” con tentáculos en prácticamente toda Sudamérica, pero especialmente en Bolivia y Paraguay, la principal ruta de la droga desde Colombia o Perú hacia Brasil, según explicó en una entrevista a Efe Lincoln Gakiya, al frente de las investigaciones contra el grupo en el país.

Tras enfrentamientos con clanes rivales, el PCC se fortaleció especialmente en Paraguay, donde ha pasado a dominar las cárceles y desde donde controla la región de la triple frontera con Argentina y Brasil.

“Es un país importante porque allí llega la cocaína de Perú y Colombia que posteriormente es transportada a Brasil”, agregó Gakiya, fiscal del Grupo de Actuación Especial de Combate al Crimen Organizado del Ministerio Público de San Pablo.

Pese a sus orígenes “sindicales”, el PCC está hoy volcado casi exclusivamente al tráfico internacional de drogas y se ha convertido en un “distribuidor” que ha sabido aprovechar brechas abiertas por los carteles mexicanos y colombianos.

“El PCC descubrió un nicho de mercado que no era explotado ni por los mexicanos ni por los colombianos. El principal mercado consumidor de ambos es Estados Unidos, la ruta de Europa quedó en segundo plano y el PCC descubrió eso”, detalla.

Los narcos “extranjeros”, cuenta Gakiya, se desplazaban hasta diversos países de Latinoamérica para adquirir la droga, pero no contaban con la logística necesaria para transportar la cocaína hasta Europa, un vacío que supo aprovechar el PCC y que le ha convertido en “la mayor y más influyente” organización de Sudamérica.

Una vez en territorio brasileño, la droga es enviada a Europa principalmente a través del puerto brasileño de Santos, en San Pablo, mediante el soborno de funcionarios.

De mafiosos a mafiosos: los vínculos del PCC con la ‘Ndrangheta

Según documentos aprehendidos, el PCC exporta actualmente una media de 1 tonelada de cocaína por mes a Europa, con un valor de 35.000 euros por kilo. No obstante, según calcula el fiscal, pueden llegar a 10 toneladas por mes, por lo que su facturación anual podría superar los 500 millones de dólares.

Para garantizar su desembarque, el PCC ha atado alianzas con importantes narcos europeos, quienes reciben un 40 % de la droga exportada por la organización brasileña a cambio de liberar la entrada.

“Su forma de actuar se asemeja a la de las mafias extranjeras, incluso esas organizaciones criminales tienen vínculos con algunas mafias que actúan fuera del país, como la italiana”, explicó a EFE el comisario Fernando Santiago, de la Policía Civil de Sao Paulo.

Las investigaciones han demostrado que el PCC tendría un estrecho vínculo con la ‘Ndrangheta, mafia oriunda de la región italiana de Calabria.

La facción brasileña también ganó recientemente el estatus de mafia al mejorar su operación de blanqueo de capitales, aunque, según Gakiya, todavía está “comenzando” en el proceso de “lavado estructural”.

Los orígenes de la poderosa facción

El PCC nació en 1993 en una cárcel de San Pablo con la misión de proteger a sus miembros de los “corruptos y opresores” del sistema penitenciario.

Sus principios y normas fueron recogidos en un estatuto registrado y publicado en 1997 en el Diario Oficial del Estado de Sao Paulo bajo el eslogan “libertad, justicia y paz” y el compromiso de “sacudir el sistema” hasta “humanizar” la política penitenciaria nacional.

Tres décadas después, la organización que pretendía reivindicar los derechos de los presos se convirtió en una de las más peligrosas y mejor organizadas de Sudamérica.

A diferencia de los narcos de Río de Janeiro, el PCC se preocupó en regular el crimen y promover la pacificación entre sus “hermanos” con el fin de garantizar su estructura y evitar escisiones en su seno, relató a EFE el académico e investigador Milton Lahuerta.

Pasó entonces a actuar con un estricto código de conducta y una rígida jerarquía, en cuyo ápice se encuentra Marcos Willians Herbas Camacho, conocido como “Marcola“, actualmente preso en una cárcel de máxima seguridad.

No obstante, tras el aislamiento de 22 líderes del PCC en febrero de 2019, la cúpula vive ahora una lucha interna por el poder que podría “debilitar” la organización.

“Tal vez la convierta en una organización más violenta, pero más fraccionada en los próximos años”, resalta el fiscal, quien también ha sufrido amenazas de muerte por parte del PCC.

EFE.