La gente anda leyendo: El blues de la plaza España
¿Qué leen los marplatenses en las calles, en las plazas, en el colectivo? ¿Cómo y cuándo? En la columna de hoy, una mujer está atrapada en el universo de Murakami en la plaza España.
Por Dante Galdona
En la plaza España nadie lee “El quijote”. Pero al menos esa señora que está sentada en una reposera saca un libro de su bolso. No quiero acercarme demasiado para no interrumpir el aura que empieza a verse claramente cuando el ser humano y el libro conectan. Cierta cercanía me deja claro que es Haruki Murakami, que es “Hombres sin mujeres” y que está por terminar el libro. Quizá ella ya haya leído “Tokyo blues”, todos empiezan por “Tokyo blues”, pero son conjeturas. Lo cierto es que el recuerdo de ese libro me lleva a necesitar poner Los Beatles en mis auriculares. “Come on, baby, drive my car”. Y ahí aparece el actor de “Drive my car” y su conductora de escasa belleza y cautivante y misteriosa personalidad. Quiero creer que la señora no se siente personaje de Murakami, pero si yo lo soy cada vez que lo leo, dificilmente ella escape a esa lógica. En “Hombres sin mujeres”, el sexo masculino fracasa en la lógica grisácea de las microderrotas y las mujeres son el color de sus cuentos, el temple constante, el vuelo intelectual.
La señora no acaba de descubrir a Murakami, lo noto por sus gestos, casi imperceptibles movimientos de los músculos de su cara, está atenta, absorta, pero no abre los ojos. Está acostumbrada a la sorpresa de Murakami. Da vuelta la página y es como si diera vuelta el cono de sombra del monumento que cae sobre su espacio. Murakami a la sombra de “El quijote”. Rara imagen. Me niego a aceptarlo pero negocio conmigo mismo que lo voy a pensar. Al fin y al cabo no es el padre de su literatura, sino de la nuestra. Al oriental que migró al inglés poco le importaría “estar a” o “ser la” sombra de Cervantes.
La señora, quizá una decimonónica desprevenida, termina la última página, cierra el libro, lo deja arriba de su cartera y lo mira. Creo que si esto fuera un cuento y ella el personaje tendríamos un problema con el verosímil. Al rato, lo vuelve a abrir y busca algo, quizá alguna cita que había marcado. Pienso en cuál podría ser y mi cabeza la elige por ella. Es una que dice el personaje del cuento “Un órgano independiente”: “Tokai estaba convencido de que todas las mujeres nacían con una suerte de órgano especialmente diseñado para mentir”. De ahí el fracaso de todos los hombres sin mujeres de Murakami. Todas las personas tenemos ese órgano.
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