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La Ciudad 25 de mayo de 2023

La protesta contra el gobierno militar poco antes de Malvinas

El 30 de marzo de 1982 tuvo lugar la primera marcha nacional contra el gobierno militar. La represión fue implacable y Mar del Plata vivió una jornada violenta. Sesenta horas después, se producía la recuperación de Malvinas. Los hechos marcan un punto de inflexión en el trance hacia la democracia.

La caballería policial avanza sobre un grupo de manifestantes reunido en la escalinata de la Catedral.

por Gustavo Visciarelli

Un carro de asalto y una brigada con escopetas lanza gases se apostaron en Catamarca  2124, donde la sede de la CGT purgaba su larga clausura con cadena y candado. Eran las 16.30 y faltaban 90 minutos para el inicio de la manifestación, pero los uniformados se anticiparon estratégicamente para evitarla.

Las fotos que a esa hora tomó un reportero gráfico de este diario muestran el despliegue policial, el tránsito cortado, las aceras desiertas, la solitaria presencia de Dante Morelli -dirigente de las 62 Organizaciones– y una bandera argentina colgada en la puerta de la CGT.

Los medios propalaban un comunicado de la policía: “Se encuentran vigentes las disposiciones legales que prohíben las reuniones públicas de todo tipo”; “los transgresores al citado ordenamiento legal, en vigencia del estado de sitio, se harán pasibles de las sanciones previstas”. Idénticas advertencias resonaban en todo el país para desalentar la primera gran marcha nacional que afrontaría el gobierno de facto.

En Buenos Aires, el propósito de los manifestantes era llegar a Plaza de Mayo y entregar un petitorio en Casa de Gobierno. En Mar del Plata, concentrarse frente a la CGT para marchar hacia la Municipalidad.

El centro, blindado

La IV Unidad Regional de Policía de Mar del Plata, bajo jurisdicción de la Subzona Militar 15, blindó el centro desde las 16.30 con “patrulleros, carros de asalto repletos de efectivos de la infantería policial con escopetas lanza gases, seis policías con perros y 18 montados“, indicó LA CAPITAL.

Un número indeterminado de personas -las crónicas hablan de 2.500– se nucleaban en distintos puntos. Algunas lo hacían orgánicamente frente a sedes gremiales, en columnas lideradas por tradicionales dirigentes del peronismo. Otras, incluyendo a jóvenes de otros nucleamientos políticos, actuaron inorgánicamente nucleándose cerca de la CGT.

Alrededor de las 17 muchos negocios del radio céntrico comenzaron a cerrar sus puertas”, publicó LA CAPITAL, que también advirtió la instrumentación de un dispositivo militar periférico en la estación del ferrocarril y en el cuartel central de bomberos.

Los días del “se va a acabar”

El año 1981 había terminado con más del 130% de inflación y con un nuevo presidente de facto: el general Leopoldo Fortunato Galtieri. Su ministro de Economía, Roberto Alemann, aplicó en marzo del ’82 una batería de medidas que agravaron el descontento social y debilitaron aún más el “Proceso de Reorganización Nacional”.

En noviembre de 1980, un grupo de gremios “confrontativos” había refundado “de hecho” la disuelta CGT nacional en un local de la calle Brasil, referencia que la diferenció de la “CGT Azopardo”, integrada por gremios considerados “dialoguistas”.

Liderada por el cervecero Saúl Ubaldini, “CGT-Brasil” promovió en julio de 1981 una huelga general y en noviembre una marcha multitudinaria por “Paz, Pan y Trabajo” en la iglesia San Cayetano de Liniers. Se da por cierto que allí cantaron por primera vez el estribillo “Se va a acabar la dictadura militar”.

Días vertiginosos

Pese al estado de sitio y por iniciativa del veterano dirigente radical Ricardo Balbín, las principales organizaciones políticas conformaron en julio de 1981 la “Multipartidaria Nacional”; para reclamar el restablecimiento de la democracia. En diciembre, ese organismo emitió su histórica declaración “Antes de que sea tarde”, que exigió “la justicia nunca satisfecha de miles de desaparecidos cuyos destinos se ignoran”.

El 19 de marzo de 1982, el gobierno de Galtieri se lanzó sin frenos a una confrontación con el Reino Unido a partir del incidente con los chatarreros argentinos que colgaron una bandera nacional en las Islas Georgias.

En medio de la creciente crisis diplomática, el 24 de marzo de 1982 -sexto aniversario de la dictadura- la “CGT Brasil” lanzó su convocatoria a una marcha nacional contra las políticas del gobierno militar. Ese día, el teniente de navío Alfredo Astiz desembarcó en las Georgias con un grupo de comandos.

La población siguió tensamente la evolución del conflicto y, de hecho, en la manifestación del 30 de marzo hubo invocaciones a la cuestión Malvinas. Una de ellas fue el grito “Vayan a defender las islas” con que los manifestantes marplatenses respondieron a quienes los reprimían. Ninguno de ellos imaginaba que 60 horas después la “Operación Rosario” pondría en marcha la maquinaria de una guerra impensada.

La organización en Mar del Plata

La CGT marplatense, liderada en aquellos días por Hugo Moyano (Camioneros) y Roque Di Caprio (Smata), logró un cúmulo de adhesiones extrapartidarias que fueron publicadas en los diarios locales. Allí figuran la UCR, el MID, el Partido Socialista Popular, la Democracia Cristiana, el Frente de Izquierda Popular (FIP) y, en primer lugar, el obispado de Mar del Plata, a cargo de monseñor Rómulo García.

Esta adhesión debe ser entendida en un contexto más amplio: Ubaldini había estrechado vínculos con monseñor Justo Laguna, presidente de la Pastoral Social de la Iglesia Católica, cuyas máximas jerarquías empezaban a marcar distancias de la dictadura.

En ese marco, el 15 de enero de 1982, mientras se realizaba un cónclave sindical en la ciudad, García había recibido a Lorenzo Miguel (UOM) y Saúl Ubaldini, acompañados por los marplatenses Hugo Moyano y Raúl Muñoz (Calzado). Al término de la entrevista, el obispo recordó una frase del Papa Pío XII: “Nos preocupan los malos, pero más nos preocupa el cansancio de los buenos”.

“Una paliza grande”

Eutiquio García, histórico dirigente de Starpyh (Pasteleros) recuerda que el día de la movilización una columna partió de la sede de ese gremio, en Jujuy y 25 de Mayo, “rumbo a la Catedral, pero no pudimos llegar“.

García -que era el secretario social del gremio, liderado en esos tiempos por Luis Orsi- narra que la columna de los pasteleros confluyó en la avenida Independencia junto a otras, encabezadas por Moyano y Di Caprio.

Salvador Franco, del Sindicato de Pasteleros, es reducido y golpeado en avenida Independencia. A la izquierda, con los brazos en alto, Hugo Moyano.

Salvador Franco, del Sindicato de Pasteleros, es reducido y golpeado en avenida Independencia. A la izquierda, con los brazos en alto, Hugo Moyano.

La crónica de aquel día puntualiza que a la altura de la calle Rivadavia, “mientras los lanza gases lo apuntaban, un grupo de activistas desplegó un cartel en el que se distinguían las siglas de la CGT y la frase “Las Malvinas son argentinas”, pero la policía “se apoderó del cartel y procuró disolver el grupo apoyando las armas en las espaldas de los más retrasados“.

Simultáneamente, tres policías se abalanzaron sobre un manifestante para arrebatarle una bandera argentina y Luis Orsi acudió en su auxilio, tomándose a golpes con dos uniformados.

Eutiquio García afirma: “Teníamos un compañero de una fidelidad absoluta, Salvador Franco, que salió en defensa de Orsi y recibió una paliza grande”. Al observar una foto que le exhibimos, reconoce a Franco y dice: “Es el que va agarrado por la policía”. Muy cerca se lo ve a Moyano, de espaldas y con las manos en alto, junto a un policía con casco y ametralladora.

Hugo Moyano, en aquel entonces secretario general de la CGT Regional, en medio de una refriega con la policía.

Hugo Moyano, en aquel entonces secretario general de la CGT Regional, en medio de una refriega con la policía.

En el relato de otros testigos, Moyano y Di Caprio aparecerán luego en el microcentro, hacia donde se desplazaron los manifestantes que superaron el cerco policial en Independencia. Otros llegaron corriendo desde las inmediaciones de la CGT hasta la Catedral. Un grupo logró refugiarse en el templo y otro no pudo hacerlo, porque cerraron las puertas.

Durante horas hubo corridas y gases lacrimógenos contra los manifestantes que, según LA CAPITAL, “desafiaron en reiteradas ocasiones la orden de dispersión”.

El agua azul

Roger Zumpano, actual secretario adjunto del Sindicato de Empleados de Comercio, tenía 17 años y aquella marcha fue su bautismo de fuego en la militancia peronista.

Ese día llegó hasta las cercanías de la CGT “caminando solo porque estaba prohibido andar en grupos”. “Uno de los manifestantes dijo que cuando él gritara una palabra clave, que no recuerdo cuál era, todos teníamos que salir corriendo a la Catedral”, relata.

Al escuchar la señal, “salimos corriendo por Mitre y llegamos hasta las escalinatas de la Catedral. En el lugar se reunió un número importante de personas. Minutos después nos rodeó la policía. Les cantamos el Himno Nacional y la marcha peronista“.

Las puertas centrales del templo estaban abiertas, de modo que cuando los camiones hidrantes comenzaron a reprimirlos “entramos corriendo. Fue un desbande y se escuchaban ruidos de estatuas que se caían. Yo estaba empapado con esa ‘agua azul’ que te tiraban para dejarte identificado”, señala.

“Cuando iba corriendo por adentro de la Catedral, un hombre me dijo: ‘Metete acá’. Me llevó a una oficina y me escondió abajo de un escritorio. Estuve como dos horas hasta que apareció otro hombre, que venía junto a un pibe al que habían escondido en otra oficina. Nos abrió una ventana de la Catedral que da a la calle Rivadavia y por ahí escapamos”.

Desacuerdos y corridas

El escritor, compositor y cantante Ricardo Arriagada estaba por cumplir 21 años y aquel 30 de marzo su mirada del peronismo estaba más próxima a la antigua “Tendencia” que a la ortodoxia que dirigía el partido.

Arriagada recuerda que cerca de la CGT “no nos poníamos de acuerdo en cómo llegar a la Catedral. Algunos proponíamos ir en grupos por distintas calles, porque si ‘íbamos en una columna, nos iban a parar” en contraposición a lo resuelto por la CGT: marchar encolumnados y tomados del brazo.

“Nosotros priorizamos llegar a la Catedral y hasta se deslizó la posibilidad de iniciar una huelga de hambre”, relata.

Mientras avanzaban por la Diagonal Pueyrredon, “llegando a Rivadavia se cruzaron 30 o 40 uniformados, con escudos y bastones, mientras los “cosacos” (caballería) peinaban las calles laterales. Los más pibes nos largamos a correr en distintas direcciones con el propósito de encontrarnos en la Catedral”.

Cercados

En Mitre casi San Martín “se cruzaron los “cosacos” y avanzaron hacia donde estábamos unos 15 o 20. Desde Rivadavia llegaba más policía montada. Una pinza”, asegura Arriagada.

A un compañero lo estrellaron contra la cortina de un local. A otro le hicieron un ‘loco’ entre tres caballos y lo cagaron a palos. A una piba la arrinconaron y le dieron un par de culatazos y a otra le largaron los perros y terminó mordida en una pierna. La policía tiraba agua con un ‘guanaco’ (camión hidrante). Pude ver que desde San Luis y desde Luro venían más manifestantes”.

“Los policías -narra Arriagada- se pararon frente a la Catedral a fin de que no entráramos y quién sabe si por orden del obispo, nos cerraron la puerta en la cara. Los policías me llevaron hasta un celular que estaba a la altura del monumento a San Martín y me metieron a patadas junto a otros pibes, pero uno de los manifestantes devolvió una granada de gas lacrimógeno que cayó adentro del celular y pudimos escaparnos”.

“Unos palitos”

El periodista y escritor Daniel Parcero, quien trabajaba en el diario El Atlántico e integraba la mesa nacional del Frente de Izquierda Popular (FIP), relata que ante el avance de la policía “la manifestación comenzó a desplazarse hacia la peatonal y algunos buscaron refugio en la iglesia.

Policías armados avanzaban desde Colón por la calle San Luis y detuvieron a dos personas. Corrimos por San Martín, pero había más en la esquina de Córdoba. Ahí lo agarran a Hugo Moyano, detrás de un kiosco”.

“Algunos -señala Parcero- seguimos hasta Belgrano y volvimos a Independencia. Había camiones hidrantes que descargaban todo y que te derribaban. La policía detuvo a los que íbamos quedando en el suelo. Te daban unos ‘palitos’, tomaban los datos de los que tenían documentos, te esposaban, te apartaban un par de cuadras y te dejaban ir”.

La parlamentación final

El exdiputado provincial Juan Garivoto recuerda que se sumó a una columna de militantes peronistas “en Moreno y Catamarca y empezamos a marchar hacia el centro. La gente se reunió en distintos lugares para dirigirse hacia el centro”.

“En avenida Independencia fue uno de los puntos de represión pero hubo muchos, porque la gente se dispersaba y se juntaba. ¿Si “cobré”? Ese día ‘cobramos’ todos. Hoy lo vemos como una barbaridad, pero en aquellos tiempos era común. Y tengamos en cuenta que esto ocurrió en 1982, con el gobierno militar ya debilitado”.

Luego de tres horas de incidentes en el centro, las escalinatas de la Catedral volvieron a ser el escenario principal. “Ahí -relata Garivoto- logramos reunirnos unos 200. Éramos los últimos que quedábamos y estábamos rodeados por la policía”.

El jefe de la Unidad Regional IV, comisario mayor Oscar Alonso, “se sacó el correaje y vino desarmado a hablar con nosotros. Se metió entre la gente”, comenta Gariboto.

El jefe de la Unidad Regional IV, comisario mayor Oscar Alonso (de espaldas) parlamenta con Juan Garivoto (izquierda) y Roque Di Caprio (derecha).

El jefe de la Unidad Regional IV, comisario mayor Oscar Alonso (de espaldas) parlamenta con Juan Garivoto (izquierda) y Roque Di Caprio (derecha).

Las crónicas de aquel día reflejan el pedido de Alonso: “Ustedes ya cumplieron con su misión. Tenían que concentrarse y lo hicieron. Ahora les pido que vuelvan a sus casas”.

Gariboto -además de recordar casi textualmente esas palabras- tiene presente que “en la escalinata había mucha gente que estaba nerviosa. Muchos eran jóvenes que no tenían experiencia en estas situaciones. Le pedí al jefe policial que nos diera garantías para que la gente pudiera retirarse sin ser reprimida. Me las dio”. La desconcentración comenzó pasadas las 21.

Las horas finales

Parcero relata que al volver a su casa la encontró “allanada y revuelta”. Zumpano recuerda que volvió caminando a su domicilio del puerto “todo mojado con el agua azul”. Arriagada llegó a su casa “lastimado y sucio. Prendí la tele y nadie decía nada pero al rato escuché en la radio que habían matado a Benedicto Ortiz“. Se refiere al dirigente cementero de 53 años que fue asesinado de un balazo durante la represión en Mendoza.

Policías con perros y escopetas lanza gases procuran disolver a los manifestantes en plena peatonal.

Policías con perros y escopetas lanza gases procuran disolver a los manifestantes en plena peatonal.

Alrededor de 3.000 detenciones -incluyendo a los líderes de la CGT Brasil- se habían registrado en todo el país. Los diarios locales reportaron ocho en la ciudad.

El 2 de abril, la recuperación militar de las Islas Malvinas desataría en la sociedad -sin excluir a la dirigencia gremial y política- un aluvional frenesí patriótico. Eutiquio García recuerda que aquella mañana caminaron junto a Roque Di Caprio hasta el centro “donde la gente estaba festejando. Roque me dijo: pensar que hace dos días en este mismo lugar nos cagaron a palos”. El 14 de junio, con la capitulación en las islas, comenzaría el colapso definitivo del gobierno militar.