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Opinión 20 de diciembre de 2016

Mañana, parcialmente nublado

Por Fabrizio Zotta

El futuro es siempre expectativa de futuro. Como nunca podremos llegar a ese horizonte, lo deseamos. La política que pretenda mover voluntades debe construir esa expectativa, narrar un escenario al que todos quieran llegar. En este punto es donde la comunicación de la gestión cobra un sentido diferente al principio republicano de la publicidad de los actos de gobierno: la comunicación gubernamental es crear el movimiento que ponga cada vez más cerca el (imposible) punto de llegada.

Hace algunas noches atrás, durante una cena en un importante hotel de la ciudad y a la cual asistieron empresarios y referentes de la política local para despedir el año, el orador principal –miembro del gobierno nacional- afirmó que uno de los problemas de la comunicación gubernamental es continuar al frente de la agenda cuando no hay gestión para contar.

Ejemplificó su razonamiento con el caso del gobierno que integra: “Al asumir había temas suficientes para dominar la agenda: el cepo, los holdouts, los cambios iniciales en economía, la baja de la inflación…, el problema fue quedarse sin gestión en el segundo semestre”, dijo. Y al quedarse sin gestión para mostrar, el barco empieza a tambalear porque la comunicación se ocupa sólo de los hechos emergentes, y no le cuenta a los demás el rumbo, la dirección, la meta a alcanzar. Ahí es cuando todo se pone menos claro, menos convincente, menos enérgico.

Al cumplirse un año de la gestión de Cambiemos en el gobierno nacional, provincial y municipal hay algunos indicadores de desgaste en aquel mensaje que pareció seducir a los votantes en octubre del año pasado. El mencionado funcionario, en aquel agasajo de fin de año, reconoció que “nuestros equipos de comunicación son muy buenos para ganar elecciones, pero quizá no lo estén siendo a la hora de gobernar. Deberíamos revisar algo de eso”, concluyó.

Y es que, junto con el aniversario de la asunción, empezó a circular, como una niebla que se va metiendo de a poco entre las cosas, la idea de desconcierto: algunos aciertos de la oposición en el ámbito nacional; algunas crisis no tan públicas en el ámbito provincial, como los paros de estatales que se vuelven cada vez más duros semana a semana, pero no logran acaparar atención masiva; y las críticas al gobierno municipal, que fueron ininterrumpidas durante todo el año y se exacerbaron en el aniversario, desnudaron el problema que tienen estos oficialismos para generar una narración convincente de lo que están haciendo. Lo que se llama mitos de gobierno: un desarrollo basado en los ciclos largos de la comunicación política.

Macri y Vidal lo tuvieron en un comienzo: el líder horizontal, con equipos sólidos, el político distinto, eficiente y desideologizado; la mujer contra las mafias enquistadas en la policía y el sistema penitenciario, la dirigente que en el llano tomaba mate en la casa de los bonaerenses e iba al supermercado. Pero el esquema de construcción inicial de esas historias a largo plazo ha ido menguando por el peso de la emergencia, por descuido de los equipos de comunicación, o por declive de la gestión.

En nuestra ciudad hay un problema equivalente, pero al revés: quienes han construido un mito del gobernante son sus adversarios, porque el oficialismo no se ha ocupado de la propia elaboración del perfil. Tal es así que de las 23 notas de balance de la gestión municipal publicadas en los medios gráficos de la ciudad al cumplirse un año de gestión, solamente 2 tuvieron una mirada positiva hacia el Ejecutivo. Es decir, lo que sabemos de la gestión está contado por otros, es una narración ajena.

Así termina un año difícil. Con una idea borrosa de lo que será el año que viene, un 2017 parcialmente nublado. Los números aún indican que gran parte de los argentinos ven en el gobierno nacional y provincial una expectativa que anhelan: reconocen que no está bien hoy, pero se siente confiado de estar mejor más adelante. La gobernadora Vidal, incluso, mantiene el trono de la dirigente con mejor imagen del país. En el plano local no hay narración de futuro, lo que no necesariamente indica que no haya planificación o dirección clara, pero lo que sí es seguro es que no nos la están contando.

Y cuando un hecho no se percibe, es lo mismo que si no existiera.