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La Ciudad 27 de marzo de 2020

Antes y después en fotos, así cambió Mar del Plata desde la cuarentena

La ciudad cumple hoy su primera semana de aislamiento obligatorio. El acatamiento a la medida fue progresivo y se respeta más en el centro y en la costa que en algunos barrios periféricos. El cambio en el ritmo de vida es tan rotundo como histórico, y se refleja en imágenes tomadas por LA CAPITAL

Mar del Plata cumple hoy su séptimo día de cuarentena obligatoria, en sintonía con el decreto firmado por el presidente Alferto Fernández que estableció el viernes pasado el aislamiento en todo el país para frenar al avance de la pandemia de coronavirus.

Hace menos de un mes terminaba una temporada récord (3,5 millones de turistas), comenzaban las clases en todas las escuelas y universidades, el intendente Guillermo Montenegro abría por primera vez las sesiones ordinarias del Concejo Deliberante, se conmemoraba el Día de la Mujer con miles de personas en las calles, hubo protestas en el Puerto, cortes de ruta y un acampe frente a la Municipalidad; desaparecía Claudia Repetto (la policía continúa sin dar con su paradero); el ex intendente Carlos Arroyo chocaba y volcaba su auto mientras sus funcionarios comenzaban a declarar ante la justicia, y la fragata Libertad regresaba a Mar del Plata para ser reparada.

El 12 de marzo se confirmó el primer caso de coronavirus en la ciudad y nada volvió a ser igual.

La ciudad no es la misma. Desde que entró en vigencia la medida, el acatamiento fue progresivo. Mar del Plata afianzó en estos siete días una postal inédita: calles vacías, silencio casi absoluto en avenidas con habitual intensa circulación vehicular y una costa que pasó de ser el epicentro de uno de los veranos con más turismo de los últimos años a un desierto frente al mar.

Durante la última semana, la ciudad ofreció días con temperaturas por encima de los 30 grados. Jornadas que serían ideales para la playa. Sin embargo, para la mayor parte de la población local lo que ocurre con el tiempo resulta indiferente.

El aislamiento domiciliario mantiene puertas adentro de los domicilios a la amplia mayoría de los vecinos, con excepción de las personas que trabajan en rubros exceptuados por el decreto presidencial: salud, almacenes, supermercados, panaderías, verdulerías, carnicerías, estaciones de servicio, prensa y textiles, entre pocos otros.

Desde hace siete días las calles amanecen y persisten desoladas. La quietud se interrumpe recién a las 21, cuando cada noche desde las casas y balcones de departamentos fluyen sentidos aplausos hacia el personal médico; un ritual que se volvió cotidiano y que incluye gritos, música, el himno nacional argentino y hasta juegos de un domicilio a otro generados a raíz de la pandemia.

La ciudad vivió un fin de semana sin turismo. Por primera vez en su historia, el gobierno pidió a los argentinos no venir a Mar del Plata a descansar. El tiempo fue por demás óptimo, pero unos pocos aprovecharon los días de sol: aquellos que tienen patio o balcón; otros desde la terraza; y los infractores que obviaron la cuarentena y salieron a caminar como si el coronavirus no existiera.

Los negocios más esenciales (farmacias, almacenes, supermercados, panaderías carnicerías, granjas, verdulerías y kioscos, entre otros) permanecen abiertos hasta las 19. El resto son persianas bajas y familias que viven de manera particular sus días dentro del domicilio bajo las condiciones establecidas en el aislamiento preventivo, social y obligatorio.

Puertas adentro, la realidad de cada marplatense se modificó drásticamente en la última semana. El tiempo se emplea diferente, las redes sociales y los medios de comunicación hablan de un solo tema y la rutina, al menos para muchos, ya no es la misma; una particularidad del virus que ya dejó huella y marca, sin dudas, un antes y un después en la vida de la mayoría.

Afuera, la circulación de vehículos es por demás escasa. La frecuencia de los colectivos es la de un día domingo, o incluso menor. De hecho, desde el miércoles, la ciudad registra una fuerte reducción en la frecuencia y genera reclamos por parte de trabajadores exceptuados de la cuarentena, que deben esperar largos minutos en las paradas y viajar en unidades en las que casi la totalidad de sus asientos se encuentran ocupados.

En tanto, se sostienen los controles. En varios sectores se advierte una fuerte presencia policial con controles tanto en la ciudad como en los accesos

Según indicaron fuentes de la Policía Federal, en el retén ubicado en la caminera de Autovía 2, el panorama se “tranquilizó” conforme fueron avanzando los días.

Por otro lado, mientras en las avenidas de las zonas más céntricas quienes salen a las calles se divisan a varias cuadras de distancia y desde los balcones la gente los llama a volver a sus casas para cumplir la cuarentena, la realidad varía considerablemente en algunos de los barrios más periféricos.

En determinadas zonas, las calles ofrecen una imagen sin cuarentena, con tránsito intenso, largas filas en paradas de colectivo, almacenes, farmacias, verdulerías, supermercados y carnicerías, pero también permanecen abiertos -en clara infracción- comercios de rubros no exceptuados.

La imagen, a raíz de una serie de recorridas de LA CAPITAL, se repite en puntos clave, como en Luro y Arturo Allió, la calle 12 de Octubre, Edison y Fortunato de la Plaza, Tettamanti, Mario Bravo y otros sectores, donde el movimiento dista apenas del que podría apreciarse en un día “normal”.

En los barrios más alejados, la cuarentena obligatoria que oficialmente seguirá hasta el 31 de marzo -con fuertes probabilidades de ser prorrogada- se respeta a medias y se registra mayor cantidad de infractores.

Más allá del contraste, la ciudad cambió. Mar del Plata no es la misma de hace un mes, ni de hace una semana. Y no volverá a ser igual. El efecto coronavirus ya es histórico y el desenlace, todavía es incierto.