8 de julio de 2018
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Biodiversidad de los arrecifes: las restingas y los pecios en la ciudad

La presencia de restingas y bancos de rocas cuarcitas es una característica notable de la costa marplatense. Sus orígenes se remontan a 550 millones de años y corresponden al Sistema Serrano de Tandilia.

La restinga del faro.

por Gabriel Genzano y Pablo Meretta

Inglaterra estaba sumergida en la peor de las guerras. A principios de 1944 el final de la contienda era aún incierto y el Cuillin Sound fue botado y transferido al Almirantazgo Británico. No era difícil presagiar su final trágico, yacer en el fondo del mar tras ser alcanzado por torpedos alemanes. Sin embargo su trágico final ocurriría lejos de aquel terrible escenario bélico.

En 1948, con el recuerdo reciente de la Segunda Guerra, el Cuillin Sound fue vendido a la firma Olson, Johnston & Co de Glasgow y rebautizado como James Clunies. Sus 131 metros de eslora fueron entonces utilizados para el transporte de carga, como las 5.900 toneladas de trigo que cargó en Necochea para ser transportadas hasta Italia. ¿Quién podría imaginar que a 5 años de su botadura, y lejos de los torpedos nazis, los causantes de su hundimiento serían los afloramientos rocosos de las restingas de Punta Mogotes?

La presencia de restingas y bancos de rocas cuarcitas es una característica notable de la costa de nuestra ciudad. Sus orígenes se remontan a 550 millones de años y corresponden al Sistema Serrano de Tandilia. Pero este sistema rocoso no termina en la costa, sino que se prolonga por varias millas hasta los 20 metros de profundidad conformando arrecifes naturales, hábitats de una gran riqueza de invertebrados y de peces, aunque también la última morada de varios navíos víctimas de la peligrosidad de sus aguas, siendo el del James Clunies el último de estos naufragios.

En abril de 1949, bajo fuertes lluvias el navío encalló y se estaban inundando dos bodegas; el movimiento de las olas lo estaba dañando irreparablemente. Dos remolcadores rescataron a la tripulación. Horas después el barco quedaría abandonado en las restingas, encallado durante varios meses hasta que el casco comenzó a sentir el rigor del oleaje y se partió en dos partes que se hundieron, arrastradas algo más lejos del lugar de encallamiento.

Debieron pasar 32 años para que otro barco se hundiera frente a nuestras costas, pero ninguna tragedia precedería este acontecimiento. Por el contrario, se trató de un hundimiento intencional con el fin de crear el primer parque submarino de la ciudad. Por extraña coincidencia el conflicto bélico estaría de algún modo presente, ya que el barco elegido fue un dragaminas de la Segunda Guerra Mundial, devenido en buque pesquero: el Cristo Rey, de 45 metros de eslora. Por entonces no existían los GPS y dado que sus boyas de posicionamiento se habían cortado la embarcación estuvo perdida durante 25 años, hasta que fue hallada y posicionada en el 2006.

Y pareciera que existe una recurrente y extraña coincidencia cada treintena de años, ya que a 32 años del naufragio del James Clunies se hundió el Cristo Rey y, 33 años después, un navío ruso, el Khronometer. Este barco en desuso de 85 metros de eslora fue acondicionado retirando todas las sustancias tóxicas y trasladado en mayo de 2014 para su hundimiento, ampliando así el Parque Submarino de la ciudad.

Los pecios del James Clunies, del Cristo Rey y del Khronometer se encuentran esparcidos en las restingas del Faro o cercanos a ellas y ofrecen una excelente oportunidad para estudiar la fauna de arrecifes artificiales y compararla con aquella que habita en los arrecifes naturales (fondos rocosos). La biodiversidad hallada en el James Clunies o en el Cristo Rey es semejante a la de los sustratos naturales aledaños. El Khronometer, por otra parte, nos permitió por primera vez analizar la sucesión biológica desde los primeros momentos del hundimiento, y concluir que en tan solo 3 años la comunidad de organismos de un arrecife artificial es totalmente mimética con aquella hallada a sus alrededores. Los arrecifes artificiales son entonces nuevos hábitats para numerosas especies, aumentando así la riqueza específica de invertebrados del área. Ciertos peces tienen la tendencia a agregarse cerca de un objeto sólido, que rompa la uniformidad del entorno, por lo que estas estructuras les ofrecen una mayor disponibilidad de refugios y alimento.

Las formaciones geológicas, las tragedias, la vida y los parques confluyen así en nuestro proyecto cuyo objetivo es contribuir al conocimiento y conservación de las comunidades biológicas y patrimonios submarinos de los arrecifes de Mar del Plata.

(*): Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Universidad Nacional de Mar del Plata. Proyecto Biodiversidad de Arrecifes de Mar del Plata.

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