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Blanca Oteyza: “El teatro repele los egos”

En su regreso al país tras varias décadas de ausencia, rescata la historia de otra artista, directora y formadora en "Margarita Xirgu. Una actriz entre dos continentes", este sábado en el Teatro Auditorium.

Arte y Espectáculos 18 de agosto de 2026

“He hecho varias temporadas allí y me llevé mi primer premio, el Estrella de Mar allí con vosotros, así que estoy muy contenta de volver”, expresó la actriz Blanca Oteyza. La actriz se presentará con “Margarita Xirgu. Una actriz entre dos continentes”, que rescata “el lado más humano” de la referente del teatro, musa de Federico García Lorca, este sábado 22 de agosto, en la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium.

En una charla con LA CAPITAL, la actriz habló de su pasión por el teatro y transmitirlo, de lo fascinante de la historia de Xirgu, su empeño por contribuir a que se conozca su figura y de las coincidencias con su propia historia.

Blanca pasó varios años en Argentina desde los 80. trabajó con Tato Bores, conoció al padre de sus hijas, Miguel Angel Solá, con quién tuvo gran éxito con “El diario de Adán y Eva” -la obra que le brindó el Estrella de Mar-.

“A ella siempre la tuve en mente porque siendo una grande, grandísima del teatro, y una mujer estupenda, se sabe muy poco de ella. Y aunque te parezca mentira, se sabe menos en España que aquí”, contó sobre la obra en la que comparte dramaturgia con Javier Demaria, quién también dirige, y en la que cuenta con música y composición musical de Fabián Carbone. En ese marco sentenció con respecto al escenario que: “El teatro repele los egos”.

Sobre Xirgu sostuvo que “es de esos personajes a los que no les han dado la oportunidad de ocupar el lugar que merecían. Eso ha sido una de las cosas que me atrajo”, sostuvo al definir que todo el trabajo previo fue “encontrar la parte más humana” de la catalana. “No nos quedamos en las ideas políticas, en el exilio al que se vio obligada, en las polémicas. Se toca, sí, pero nos hemos centrado en un lado más tierno, más emocional y con mucha poesía y mucho Lorca”.

Para Oteyza, que si bien ha transitado el cine y las series el teatro es su elemento por excelencia, a través de la historia de Xirgu habla de “emociones universales”, entre ellas el desarraigo. “Creo que a nadie le gusta dejar su país, sus raíces, su familia, sus antepasados. Yo creo que el irte siempre supone una obligación, una necesidad”.

—¿La relacionás con tu propia experiencia?

—Sí, la verdad que sí, hombre. Salvando distancias, porque yo no viví una guerra, no me tuve que exiliar. Tuve que irme de un país persiguiendo un sueño, por eso terminé en Argentina, que fue mi país de elección. Pero aunque sea una elección, es doloroso dejar tu comida, tu familia, tus calles, el olor de tu ciudad, tu lugar de pertenencia. Los lugares están siempre, pero uno realmente, por lo que llora o por lo que sufre o lo que echa de menos son los afectos, la gente, esta cosa de dejar de compartir, con tus amigos, con tus hermanos, con tus hijos, con su día a día. Perder cotidianeidad es muy doloroso y más si la gente que se tiene que ir a otro país para mejorar o escapando de cosas terribles.

“Una luchadora absoluta”

—Y pasan los años, y como le pasó a Margarita, te pasó a vos que tuviste que volver a España, pasó con la guerra de Ucrania y ahora con lo de Ceuta, antes con Siria…

—Lo de Margarita fue terrible. Ella vino aquí a hacer gira y no pudo volver nunca más. Fue en el momento en el que asesinan a Lorca. Ella había quedado aquí con él. Él se quiso quedar allí en España porque se iba a reencontrar con el que en ese momento era su amor. Tardó unos días y lo pillaron -un 16 de agosto-. Y ella no puede volver. Lo intentó pero desistió porque las críticas a su persona fueron tremendas y le confiscaron todas sus pertenencias. Y lo que a mí me llena de admiración, es que ella sigue para adelante. Sigue aferrada al teatro, a la actuación, a la creación, a la creatividad, es una luchadora absoluta.

—Les ha pasado a nuestros abuelos, a nuestros bisabuelos, por motivos económicos, políticos, guerras, pasaron por lo mismo.

—Hombre, imagínate. Estoy en un país, en Argentina, que, bueno, nos recibió con los brazos abiertos. A todos los inmigrantes que veníamos de allí. Yo creo que aparte de eso, cuidado porque todo es cíclico, creo que unas veces te toca hacer de receptor y otras veces te puede tocar hacer de inmigrante.

—¿Sentís que hay resistencia hoy hacia la inmigración?

—Yo no creo que, de por sí, el hombre o la mujer, sea racista, realmente. Está muy demostrado con los niños, los pones a jugar con diferentes culturas, idiomas, o color de piel y no tienen prejuicios. Yo creo que son otras muchas cosas las que empiezan a influir, incluso de una manera equivocada e inculcada de muy mala manera. Pero con respecto al puente Argentina – España, no lo he visto, no lo he sufrido, la verdad. Convivo con muchos argentinos, tengo una hija argentina. Claro, que vivir en otro país es duro, habrá gente que te recibirá mejor, otra peor a mí también me pasó aquí. Pero se aprende.

—La diversidad siempre te ha guiado profesionalmente, ¿verdad?

—Sí, artística y personalmente. A mí la diversidad me encanta, las diferencias me encantan, me gusta absorber las diferentes culturas, yo creo que eso supone un crecimiento, aprender los unos de los otros. Y creo que para ser actor o actriz hay que tener la cabeza suficientemente abierta, y sobre todo ser muy empático para ponerte en el lugar del otro.Yo creo que los actores y las actrices esto lo tenemos que tener absolutamente desarrollado. Si tienes prejuicios, o si no eres empático, o si no te interesa entender al otro, es imposible.

Cada día volver a empezar

blanca

“Todo es cíclico. Unas veces te toca hacer de receptor y otras veces te puede tocar hacer de inmigrante”, advirtió Blanca Oteyza sobre la actualidad.

—También hablás siempre de dejar el ego afuera y lo decís de una manera que entiendo que tiene que ver con que te has enfrentado a muchas cuestiones de ego ajeno, ¿cierto?

—Sí. Muchas veces, claro que sí, he aprendido que el ego malo mata, mata la felicidad, mata la humildad, mata la generosidad, mata absolutamente todo. Me da terror, no lo quiero, no me sirve, no suma, no me gusta nada. No creo que nadie sea más que nadie, creo que todos estamos aquí, nadie nace sabiendo todo, estamos para aprender, para aprender del otro. Hay también un ego que es positivo, que por supuesto, que lo tiene todo el mundo y es vital a la hora de enfrentar las cosas, de enfrentar problemas, pero eso es otra cosa. Para mí lo más importante arriba del escenario -y siempre hablo del escenario porque para mí es la cuna del actor- es el compañero. Tú puedes ser una magnífica actriz que si no estás en la escena creciendo con tu compañero, con tu compañera, la escena no crece. No puedes transmitir nada. Y además, en el teatro, puedes tener 500 personas aplaudiéndote, pero luego te lavas la cara, te coges el metro y te vas a tu casa, a los días te vas a Mar de Plata, montas la escenografía, haces la función, la recoges, y sigues. Después del aplauso te vas con la función bien hecha o la función no tan bien hecha, porque todos tenemos días y días, pero el teatro es así, el teatro repele los egos.

—¿Y cada día es volver a empezar?

—Siempre, cada día es volver a empezar. No te sirve el que hayas llenado, el que hayas estado estupendo. Tienes que volver a empezar, por eso hay que respetar tanto el escenario, porque arriba del escenario te puede pasar cualquier cosa, nada te da garantía de nada, ni que lleves quinientas mil funciones, ni que tengas todos los premios. El escenario es el medio más humilde y el más honesto, el que nunca falla al actor.

—¿Esa especie de vértigo también te genera la necesidad de seguir viviéndolo cada noche?

—Sí, y yo lo paso fatal. Antes de salir a escena me muero siete veces, pero desde que vi la primera obra de teatro cuando era una niña yo sentí que quería estar ahí arriba, jugando a eso y contando historias.

—Tanto que además de hacerlo también lo transmitís como docente.

—Es que eso es muy importante, transmitir y compartir tu experiencia, seguir conectada a la gente joven, que para mí eso es fundamental, seguir aprendiendo de diferentes visiones, tú puedes ir aportando lo que ha sido tu historia, lo que han sido tus errores, lo que han sido los aciertos y sobre todo puedes ir transmitiendo el amor absoluto e incondicional que por lo menos en mi caso siento por el teatro y por el escenario.